viernes, 15 de agosto de 2014

¡Vive, vive, vive Hollande!



¡Vive, vive, vive Hollande!









Autor: Tomás Vera Ziccardi





Durante las últimas décadas la República Francesa ha atravesado profundos cambios vinculados a los ordenamientos políticos, sociales y económicos. La llegada al poder en 2012 por parte del líder socialista François Hollande se dio dentro un marco global extremadamente particular. La salida de Sarkozy del ejecutivo nacional, la ajustada diferencia en primera vuelta, el crítico legado económico, la convulsión social y las dudas en torno a la zona euro conformaron un conglomerado de cuestiones que dejaba a la ciudadanía con mayores incertidumbres que certezas. Algunas de ellas se han mantenido inmutables, al tiempo que otras han experimentado rotundos cambios. Desde 2012 hasta la actualidad se pueden exponer una innumerable cantidad de medidas y acciones políticas que han caracterizado al gobierno de Hollande, de todas formas, en este trabajo se busca otorgar un análisis más centrado. En primer lugar se desea desarrollar la figura de François Hollande, su formación, experiencia política y el largo camino que ha transitado para llegar al Palacio del Elíseo. Luego se abordarán los principales lineamientos de su gobierno. Se tomarán en cuenta tanto las propuestas de campaña como la ejecución de medidas no esperadas por el electorado. Allí se tendrán en cuenta diversas cuestiones vinculadas a política interna, política social, política económica, política exterior, política europea y defensa. Finalmente, tomando en cuenta que ha sido una de las cuestiones más relevantes en la Francia contemporánea, se analizará la evolución, conducción y ejecución de la economía nacional durante el período en cuestión. Dicha temática permitirá evidenciar tanto aciertos como fracasos por parte del ejecutivo nacional, al mismo tiempo que las limitaciones que ha encontrado para lograr alcanzar sus objetivos micro y macroeconómicos.
Trátese de los aciertos como de los fracasos, las victorias o las derrotas, las limitaciones o las concesiones, las traiciones o las lealtades, para comprender al gobierno de Hollande es preciso visualizar a la figura que yace detrás. A la vez, para comprender al propio Hollande es necesario observar el comportamiento que ha mantenido su gobierno. Todo se encuentra enmarcado en el proceso de cambio que ha estado experimentando Francia en estos últimos cuatro años. Al igual que en el caso de sus antecesores, cada líder y cada gobierno ha dejado una huella propia e imborrable en la Quinta República. Nuestro interés es dar cuenta de aquel remitido por su séptimo presidente electo popularmente, François Hollande.









François Hollande es el actual presidente de la República Francesa. Fue elegido popularmente para ocupar el mencionado cargo durante el período 2012 - 2017. Candidato oficial del Partido Socialista, derrotó al presidente en ejercicio, Nicolas Sarkozy, en segunda vuelta, luego de un escaso margen en primera vuelta. Es el segundo presidente socialista de la Quinta República tomando en cuenta el mandato de François Mitterrand.





Proveniente de uno de los símbolos más ilustres que ha dado Francia, su clase media, François Hollande es una figura que se caracterizó por avanzar en la escala social a costa del mérito académico e intelectual. Habiéndose formado en prestigiosas instituciones tales como HEC París y el Instituto de Estudios Políticos de París, buscó ingresar en la compleja y elitista burocracia francesa. Para dichos fines debió ingresar en la afamada École nationale d'administration publique, también conocida por su acrónimo ENA. Formarse en la institución por excelencia de la administración pública nacional le permitió a Hollande dos cosas: entrar en contacto con lo que es el entramado político, burocrático y corporativo francés y por otro lado acceder a diversos ámbitos vinculados a la gestión pública. La meritocracia francesa nuevamente probó ser la pieza clave para el desarrollo profesional en los ámbitos de poder más relevantes de la nación. Luego de graduarse de la ENA en 1980, Hollande se desempeño dentro del ámbito judicial en lo que sería su primer experiencia personal con el establishment francés. A pesar de dicha inclinación inicial hacia el poder judicial, Hollande pronto ingresaría dentro de las filas del Partido Socialista francés. Rememoremos que durante dicho período los socialistas se encontraban con una enorme popularidad a nivel nacional dada la victoria de François Mitterrand (Partido Socialista) en las elecciones de 1981. Posiblemente, la estrategia de Hollande de ingresar en las filas partidarias diera resultado, más si tomamos en cuenta que los socialistas se mantendrían en el poder hasta 1995. Los largos años de militancia le posibilitaron escalar a nivel interno y hacerse un nombre dentro del por momentos turbio Partido Socialista francés. Hacia fines de los años 80s, comienzos de los 90s, Hollande gana su primera banca a la Asamblea Nacional. Hasta el momento se puede evidenciar a una figura de baja-media proyección, proveniente de una institución que le otorga a sus graduados una llave única hacia la política y economía nacional. A pesar de haber podido desarrollar una carrera como burócrata a nivel ministerial o judicial, su inclinación por la política fue mayor. Dentro de un contexto nacional marcado por cambios en dicho ordenamiento, Hollande logró hacerse un lugar dentro del PS. Finalmente, François Hollande ha sido una persona que desde sus inicios ha estado vinculada al poder, la élite, la burocracia y la política francesa.









En la imagen se puede apreciar al por entonces presidente de la república, François Mitterrand durante un mitin político del Partido Socialista. Al fondo se encuentra el recientemente graduado del ENA y futuro presidente de la nación, François Hollande, junto a quien sería su pareja y futura candidata presidencial por el PS (elecciones de 2007), Segolene Royal. 





Durante el lapso de tiempo que abarca los años 1995 y 1997 se produce un momento de quiebre en la carrera política de Hollande. Hacia mediados del último año inicia su segundo mandato en la Asamblea Nacional y es elegido como Primer Secretario del Partido Socialista. Claramente logró acrecentar su imagen a nivel partidario, al tiempo que comienza a realizar sus primeras proyecciones a nivel nacional, ahora en el cargo de secretario del partido. Hollande logró acercarse a los grupos de poder más influyentes dentro del partido, sin saber que pronto pasará a formar parte de ellos. Cabe aclarar que nos encontramos dentro de un contexto donde la figura de Chirac se acrecentaba y los socialistas deberían observar como lo que próximamente se transformaría en Unión para un Movimiento Popular (a partir de 2002) acapararía la escena política nacional durante los próximos años; regresando a la figura de Hollande, en 2001 logró ser electo Mayor de Tulle, comuna del departamento de Correze, en el centro-sur de Francia. Podría haberse esperado la competencia por un cargo de mayor jerarquía, de todas formas se deben tomar en cuenta dos elementos. En primer lugar, el contexto volvió a tener incidencia ya que el poder de la centroderecha se reforzó, clara demostración de ello fue la reelección de Chirac en 2002. En segundo lugar, ésta será la primera experiencia extralegislativa para Hollande, servirá para adquirir mayores recursos respecto del manejo político en el ámbito ejecutivo local.

Amparándonos en el proceso político interno por el cual atravesaba Francia, observamos que a partir de 2002 la centroderecha acrecentó su poder, limitando el accionar de los socialistas en los ámbitos ejecutivos y legislativos. La crisis intrapartidaria afectó notoriamente al PS, de todas formas Hollande, quien continuaba siendo su secretario, logró mantenerse firme durante el período de mayor crisis experimentado por los socialistas desde que Mitterrand abandonara el Elíseo hacia mediados de los 90s. Posiblemente, su fortaleza frente a un contexto desfavorable le jugaría a favor en tiempos por venir. La crisis redujo el número de líderes y obligó al PS a controlar un puñado de comunas a nivel ejecutivo y un número limitado de escaños tanto en la Asamblea Nacional como el Senado.
Hasta el momento hemos observado el camino que atravesó Hollande para convertirse en líder político con proyecciones nacionales. Previamente, logró desempeñarse dentro de la administración pública, el aparato judicial, los gobiernos comunales y municipales, el poder legislativo y en la dirigencia partidaria. Ésto nos demuestra que contó con notoria experiencia en diversas esferas de poder, ampliando su conocimiento respecto del funcionamiento sistémico de la República Francesa. Desde joven se mantuvo cercano a la política nacional, al mismo tiempo que construyó su base de poder en torno al Partido Socialista, algo que le otorgaría tanto beneficios como contratiempos. Lo que queda claro es que el proceso de construcción de la figura política de Hollande se encuentra profundamente arraigado a la élite nacional francesa.

Respecto de los comicios de 2012, Hollande se impuso en primera vuelta por poco menos de dos puntos porcentuales respecto del presidente en ejercicio, Nicolas Sarkozy. Con cerca del 28% de los votos, Hollande debió afrontar una segunda vuelta llena de incertidumbre. A pesar de contar con el apoyo de las fuerzas políticas y sociales de centroizquierda (las cuales preferían cualquier cosa antes que otro mandato de Sarkozy), su victoria apenas superó la barrera del 51%. La llegada al Elíseo del primer socialista desde Mitterrand estuvo marcada por la austeridad y compostura de un líder que evitó dejar llevarse por la victoria electoral. En su breve mensaje inaugural, Hollande habló de reconciliación, diálogo, unidad y renovación de esperanzas. La sobriedad con la cual se expresó reflejó fielmente la preparación de un líder formado para comandar a una nación como Francia. Posiblemente sea relevante destacar que se hizo énfasis en la reactivación económica, reforzando las ideas defendidas durante la campaña: reducir el déficit, atacar el desempleo, proponer un plan de deuda y enfrentar la recesión. En lo que ha sido calificado como "modestia a la francesa", el nuevo líder nacional destacó por su perfil bajo, empero reafirmó la defensa de los valores que mantuvo durante toda su carrera, entre los cuales se destacan el laicismo, la lucha contra la discriminación y la igualdad de derechos ante la ley. Finalmente, el presidente socialista buscó desvincularse del estilo "sarkoziano" al manifestar su interés por preservar tanto la independencia republicana como la división de poderes.
La diferenciación respecto de su predecesor es evidente, tanto a nivel ideológico como partidario, sin embargo para el nuevo ejecutivo fue necesario ahondar en dicho sentido, principalmente por el contexto y las consecuentes medidas que buscaría introducir. A lo largo de la campaña electoral Hollande realizó hincapié en lo que los socialistas caratularon como "una nueva mirada social de Europa". Los mismos comprendían que los años de austeridad y recortes debían cesar para dar paso a medidas económicas que apuntaran a mejorar la calidad de vida de la sociedad. Tengamos presente que el nuevo gobierno asume en un período crítico en términos económicos, donde se había impulsado intrazona euro el famoso "paquete de medidas fiscales". Lo primordial fue cambiar el eje de la discusión, menos austeridad, más crecimiento económico mediante estímulos sociales. Por supuesto, este nuevo enfoque despertó la alarma de varias estructuras poderosas dentro de la zona euro. El temor alemán por un cambio demasiado radical en términos regionales fue disipado cuando al poco tiempo de asumir la presidencia, Hollande se dirigió hacia la República Federal de Alemania en lo que sería su primera visita de estado oficial. Pronto la relación Merkel-Hollande evidenciaría diferencias, rompiendo la tradicional postal de alegría Merkel-Sarkozy. En términos europeos, el gobierno de Hollande irá modificando sus posiciones iniciales respecto de ciertas temáticas, como por ejemplo la cuestión griega. Para Hollande era primordial mantener a Atenas en la zona euro, algo que cambiaría rotundamente hacia 2015 cuando el presidente asegurase que el destino de Grecia dependía de los propios griegos. Por otro lado, la posición de París respecto de la Troika variaría constantemente, demostrando las oscilaciones del gobierno socialista en términos europeos.









Durante al período de campaña electoral Hollande abogó por cambios en cuanto al enfoque económico.Para el candidato socialista era primordial otorgarle mayor relevancia al desarrollo económico con énfasis en la variable social, para ello sería preciso romper con los esquemas rígidos de austeridad.





Dentro del grupo de medidas inicialmente adoptadas por el gobierno se encontró la de reducir los sueldos de los miembros del gabinete en una cifra cercana al 30%. Aquí surgen nuevamente las diferencias respecto del gobierno de Sarkozy, el cual incrementó su sueldo en más del 150% una vez llegado al Elíseo. En cuanto a la conformación del gabinete, Hollande optó por la famosa "cuota del 50%", contando con 17 hombres y 17 mujeres al frente de los cargos ministeriales. Finalmente, sus primeras declaraciones respecto al manejo y la tratativa de las cuestiones europeas apuntaron hacia un mayor grado de injerencia por parte de los demás miembros, enviando un mensaje a Madrid, Lisboa y Atenas con título "el binomio Alemania-Francia de los años de Sarkozy ha llegado a su fin". En parte, dicho enfoque facilitaría la discusión de los problemas económicos de la Unión Europea. En los tres casos (reducción de sueldos dentro del ejecutivo, inclusión e igualdad de género y apertura al diálogo multilateral en Europa) el gobierno de Hollande impulsó cambios radicales respecto de la anterior administración. La respuesta del resto de los actores fue positiva, quiénes esperaban un cambio, por lo menos de momento.

En materia de política exterior uno de los primeros desafíos para el nuevo gobierno estuvo remitido a la presencia de tropas francesas en Afghanistan. A mediados de 2012, Hollande adoptó la decisión de retirar las tropas nacionales para fines de 2013. El propio presidente se encargó de visitar la nación afgana y comunicarle a los cerca de 4.000 soldados franceses su próxima retirada. Para el nuevo gobierno, Afghanistan representaba una pesada carga legada de pasadas administraciones. La nueva política exterior buscó poner fin a la presencia francesa en una región extremadamente conflictiva, después de todo la retirada había sido una promesa de campaña por parte del líder galo.
El otro gran eje de política exterior fue Mali. Aquí Hollande mostró las limitaciones y los verdaderos intereses franceses en sus ex colonias. Cuando los grupos terroristas locales, exacerbados por el conflicto en Libia, acrecentaron su poder y comenzaron a planificar una estrategia nacional, no solo se vieron afectados intereses nacionales, también los franceses. Los ataques sistemáticos en diversos puntos del país africano llevaron a que Francia ejerciera una fuerte presión internacional que le permitiera convalidar una posible intromisión en territorio africano. Ello no resultó como lo esperaban los militares franceses, la nación europea recibió poco apoyo, lo que es más, las grandes potencias prefirieron no intervenir en Mali, dejando a Francia sola. Lo único que obtuvo París fue la aprobación por parte de las Naciones Unidas para asistencia africana (claro mensaje de no injerencia extrarregional en el asunto). Ello resultó ser un duro revés para la diplomacia francesa. Hasta aquí quedaba claro que Francia no dejaría que sus grandes corporaciones (las cuales tienen una influencia de mercado extraordinaria) se vieran afectadas en Mali, consecuentemente inicia bombardeos unilaterales amparándose en una pseudo-coalición internacional conformadas por sus ex colonias. La respuesta asimétrica de París infirió un duro golpe para los rebeldes, permitiéndole al gobierno central recuperar las principales zonas perdidas a manos de estos últimos. La intervención fue aplaudida por Mali, exacerbada por la prensa local y mirada de lejos por Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido. Luego de todo, Hollande expone actitudes similares a las de Sarkozy, favoreciendo a los sectores nacionales más proclives al neocolonialismo francés. Habiendo sido crítico de Chirac y Sarkozy respecto de su política intervencionista en Medio Oriente, Hollande actuó de forma similar en la crisis de Mali, demostrando que los diversos ejecutivos aun permanecen atados a intereses superiores.Por otro lado, el neocolonialimso francés en el norte de África continúa siendo evidente. La intervención dejó la sensación que Francia acudía al socorro de Malí más por una cuestión de defensa de las corporaciones y nacionales franceses en aquella nación que por la causa de lucha contra los rebeldes. La rápida y desproporcionada respuesta dejó en evidencia los mecanismos de acción nacional cuando sus intereses económicos en el exterior se ven afectados. En conclusión, Hollande mostró ambivalencia a la hora de mantener una política exterior no intervencionista. Retiró tropas de Afghanistan, pero las desplegó en Mali y República Centroafricana. Debió mirar hacia un costado cuando fue acusado de ejecutar medidas similares a las de Sarkozy en el plano internacional, especialmente cuando fue él mismo uno de sus mayores críticos antes de llegar al Elíseo.









La crisis en Mali afectó los intereses económicos, corporativos, regionales y estratégicos de Francia. La rápida respuesta por parte del gobierno buscó reducir los costos políticos de una intervención que no sería acompañada por las principales potencias. En cuanto a Hollande, su respuesta evidenció contradicciones respecto a la posición de no injerencia en asuntos internos de otras naciones mantenida durante la administración Sarkozy.





Tomando en cuenta los rápidos cambios implementados por la nueva administración, la respuesta social fue positiva. Ésto se vio representado en las elecciones legislativas de mitad de año, donde el gran vencedor fue el Partido Socialista. El gobierno alcanzó una mayoría automática en la Asamblea Nacional, obteniendo mayor respaldo legislativo. El resultado electoral le otorgó a los socialistas una nueva cuota de tranquilidad, la cual les duraría poco si tomamos en cuenta lo que será el duro revés económico. Tengamos presente que el gobierno impulsó medidas para elevar los impuestos a los más ricos, reducir el gasto público y disminuir la presión fiscal sobre las clases baja y media. La ejecución de las mismas puede verse en el proyecto de presupuesto elaborado por los socialistas para el año fiscal 2013. Durante este período, el déficit fue elevado, la deuda limitaba la capacidad de crecimiento económico y el desempleo había superado la barrera de los tres millones. Lamentablemente, el optimismo del gobierno colisionó fuertemente con la realidad económica. Pronto los cuestionamientos comenzarían a dirigirse hacia el Elíseo y la euforia oficialista por los resultados en los últimos comicios se esfumaría. Una vez más, la historia francesa daría prueba de la importancia de la economía en cuanto a gobernabilidad y apoyo popular.









El gobierno obtuvo un fuerte respaldo social durante los comicios legislativos. Lamentablemente, el contexto económico desfavorable le terminaría jugando una mala pasada a la administración Hollande. El apoyo social se esfumaría, a la vez que las críticas por el mal manejo de la economía aumentarían.





Posicionándonos en las cuestiones económicas del gobierno socialista se aprecia el legado de la administración Sarkozy. Sus efectos continuaron afectando al ejecutivo encabezado por Hollande, principalmente en lo que respecta a la deuda global. Si tomamos en cuenta lo expuesto por el Ministerio de Finanzas de la República Francesa en su balance anual Cuentas del Gobierno Central - República Francesa (2012), observamos que durante el primer año de gobierno el valor total por los activos del estado era de € 950 billones. Para comprender la complejidad de la deuda, la misma representó un total de €1,440 billones. En perspectiva general, una de las medidas de Hollande fue disminuir el gasto público, el cual se redujo en un tercio de billón respecto del ciclo previo. El pago de deuda se vio acompañado por recortes en las pensiones, algo que combinado con las medidas que apuntaron a incrementar la presión impositiva sobre los más ricos, resultó ser contraproducente para la imagen del gobierno. Recordemos que una de las principales propuestas de campaña giró en torno a reducir en un 3% el déficit fiscal para el primer año y tener déficit cero para el año 2017. El gobierno nuevamente encontró dificultades para alcanzar la primera, algo que terminó demostrando la veracidad de las predicciones del FMI y el BCE ¿Por qué motivos le fue difícil al gobierno reducir los gastos? Parte de la explicación yace en la dependencia de ciertas estructuras internas tales como entidades municipales y ministeriales, quienes aumentaron sus presupuestos. Por citar un ejemplo, de acuerdo al documento Cuentas del Gobierno Central - República Francesa (Ministerio de Finanzas, 2013), el mayor direccionamiento de fondos estatales se dirigió hacia las autoridades locales, absorbiendo éstas últimas un total de €75 billones. Reducir este tipo de flujos implicaría complicar aún más la situación socioeconómica en los diversos distritos de la nación, algo que reabre el debate respecto a si es posible mantener una economía estable mediante planes de austeridad o si para reactivarla es preciso incrementar los flujos de inversión.
Para lograr comprender de forma más clara algunas de las particularidades expuestas hasta el momento es preciso explicar las mismas en profundidad. De acuerdo al Instituto Nacional de la Estadística y los Estudios Económicos (INSEE), se manifiesta a través del trabajo La France en Bref (2013) que para el año 2012 el déficit público fue de unos €98 billones. Para tener una idea de la magnitud de dicha cifra, esta representa cerca del 5% del PIB nacional. Los más de €1,440 billones de deuda pública, representan más del 90% del PIB. Cabe aclarar que para el año en cuestión el mismo fue de € 2,000 billones. La estructura productiva nacional no ha variado sustancialmente a lo largo de los últimos años, los principales sectores continúan siendo servicios, industria, construcción y agricultura. Una notable diferencia es que la vertiente empresarial está prácticamente dominada por los microemprendimientos, los cuales representan cerca del 90% del mercado corporativo local. Lo siguen las pequeñas y medianas empresas con el 4% y finalmente acaparando el 5% del mismo las grandes corporaciones. En una economía globalizada es preciso que Francia sitúe sus esfuerzos en el crecimiento de sus corporaciones a nivel internacional, para que las mismas resulten más competitivas y provean a la nación de mayores remesas. Las corporaciones nacionales se encuentran extremadamente vinculadas al mercado interno, lo cual explica los reducidos márgenes de crecimiento que han tenido en los últimos años. Otro grave problema se centra en la variable  diversificación exportadora. Tomemos por ejemplo el sector de agricultura. Más del 50% de la producción nacional con destinos finales en el exterior se centra en bienes tales como cereales, ganado, vinos y frutas. Los valores no han variado desde por lo menos la última década, demostrando que Francia ha experimentado un estancamiento en determinadas áreas en cuanto a diversificación exportadora. Éste es tan solo uno de los tantos ejes en los cuales ha evidenciado problemas la política comercial nacional. No dejemos de lado el hecho que para 2012 el déficit comercial supera los € 65 billones. Al igual que durante el año previo, los tres principales bienes de exportación fueron los bienes industrializados (donde destacan los automóviles), los equipos de transporte (trenes) y productos de la industria vitivinícola. Vista desde el otro lado, la balanza comercial muestra que Francia ha aumentado su flujo de demanda, principalmente de bienes provenientes del mercado chino y alemán. Allí es donde Francia tiene una importante desventaja respecto de ambas naciones, quienes si bien han incrementado la demanda de bienes franceses lo han realizado en menor proporción que la nación gala.









Durante los ciclos 2013 y 2014 el gobierno evidenció la imposibilidad de cumplir con las metas económicas previamente fijadas. Incidieron sobre la variable económica tanto fuerzas externas como internas. Es relevante tener presente que Francia se encuentra dentro de un marco regional sumamente complejo, donde la situación general no aparenta otorgar señales de cambio.





Al unísono de los cambios económicos se desató una profunda crisis de corrupción vinculada a ciertos funcionarios, ex miembros y allegados al gabinete de Hollande. Esto acentuó el rechazo social hacia el gobierno, en parte debido a la falta de coherencia entre lo pregonado y lo efectuado por sus miembros. Hacia mediados de 2013, Hollande había perdido popularidad y ello fue exacerbado por los medios de comunicación. Durante este período, las malas noticias continuaron llegando a la residencia presidencial. Si bien la nueva política fiscal logró incrementar la recaudación entre quienes más tienen, los medios se encargaron de reproducir ciertos escándalos vinculados a la fuga de millonarios locales hacia otras naciones. Lo que varios habían pregonado como "medidas Robin Hood" terminarían quedando en segundo plano luego que se conocieran las elevadas tasas de desempleo, desempleo joven y presión fiscal sobre la clase media; la calificación internacional de Francia ante los mercados internacionales se vio reducida, la balanza comercial no otorgaba signos de recuperación y en términos políticos la extrema derecha seducía a un electorado cada vez más distante respecto del gobierno.
Teniendo presente lo expuesto con anterioridad, el gobierno arremetió en un nuevo giro para recuperar el terreno perdido y trabajar en pos del crecimiento económico. Desde el ejecutivo se lanzó un programa de créditos blandos para reactivar el mercado laboral joven. Por parte del presidente, éste se dedicó a ejercer una diplomacia presidencialista en busca de nuevos destinos donde Francia y sus corporaciones pudiesen generar nuevos negocios. Entre los más relevantes destacan América Latina (donde México sería un caso importante), África, Extremo Oriente (destacándose Japón) y Oceanía. Hollande evidenció que era necesario acercar al empresariado francés con potenciales mercados demandantes de bienes nacionales tales como Estados Unidos, Brasil, China y Turquía. Finalmente, el propio presidente buscaría enfrentar a los medios para comprometerse a luchar contra la corrupción dentro de su propio gabinete, algo que si bien no revirtió su imagen social en caída, le otorgó un impasse que le permitiría llegar mejor posicionado al año próximo.









La diplomacia presidencialista seguida por Hollande encubría el interés del gobierno por ampliar negocios con otras naciones a fin de recuperar el terreno perdido en los últimos años.





En cuanto a lo remitido a problemas estructurales del orden macroeconómico es preciso detenerse en la variable desempleo. Éste ha sido un grave problema no solo para Francia, también para el resto de la Unión Europea. A fin de tener una visión más clara del tema, se toman en cuenta las estadísticas oficiales de la Unión Europea, publicadas por Eurostat. Puntualmente, se toma como muestra el Eurostat regional yearbook 2014. En base a lo allí expuesto, Francia tiene una media de empleo estable en prácticamente la mayoría de las regiones (entre 65% y 75%). Tengamos presente que en clave regional la tasa de empleo para el año 2013 fue de 68.5%. Dentro del contexto general, la situación laboral en Francia es regular. Las principales diferencias internas se dan entre poblados rurales y conglomerados urbanos. Por ejemplo, la famosa "Estrategia Europa 2020" apunta a que para dicho año el 75% de las personas de entre 20 y 65 años se encuentren empleadas. Si bien podemos hablar de una situación medianamente aceptable para Francia, los problemas surgen cuando buscamos contrastar dicha cuestión con las demás potencias del bloque europeo. De acuerdo a Eurostat, Francia, al igual que España (aunque en menor medida) y a diferencia de Alemania, tiende a ser más propensa a la rigidez de mercado. Esto implica que la situación no presenta grandes variaciones en términos anuales. El mercado laboral francés es menos flexible que el alemán, y a partir de ahí comienzan a desprenderse una serie de problemas más preocupantes. Por ejemplo, al producirse shocks de mercado, los empleados franceses que pierden sus puestos de trabajo tienen mayores dificultades que sus pares alemanes para reubicarse dentro de otros rubros. Los flujos de movilización laboral interna son netamente inferiores a los de Alemania y el Reino Unido, por citar dos ejemplos. Ello hace que los trabajadores se centren en determinadas áreas laborales y no roten de empleo en diversos puntos de la nación. Es evidenciable que la variable localismo influye profundamente en el mercado laboral francés. Dentro de lo que habíamos mencionado previamente, existe dificultad para adaptarse al mercado global por parte de las empresas medianas y pequeñas, también se evidencia parte del problema en cuanto a la estructura laboral. En mercados más dinámicos, tales como los de las naciones nórdicas, la rotación regional, cambio de áreas de desempeño laboral y capacidad para adaptarse a nuevas tendencias de mercado se tornan fundamentales para prevenir ampliar la grieta del desempleo.
Si bien la situación laboral francesa no es del todo catastrófica, los problemas más serios se centran en torno a lo que la Unión Europea rotula de "desempleo joven" (personas de entre 15 y 24 años que no han trabajado desde por lo menos los dos meses previos). Hacia 2008 el 31% de los jóvenes franceses se encontraban empleados. Actualmente la cifra ha disminuido hasta el 29%. Esto implica que el 70% de los jóvenes se encuentran desempleados o inactivos, manteniendo una tendencia que ha empeorado estrepitosamente en los últimos años. Si deseamos contrastar el caso francés con el alemán, allí, tanto para 2008 como 2013, la tasa de empleo joven giraba en torno al 45%, demostrando que el 50% de las personas de entre 15 y 24 años se encontraban desempleadas o inactivas. Aparentemente, lo peor todavía no ha llegado. Francia se encuentra por debajo de la media europea y actualmente no hay indicios de que la tendencia vaya a modificarse.
Finalmente, destacaremos un aspecto positivo y otro negativo respecto del mercado laboral. Fiel a su historia de defensa de principios tales como la igualdad, Francia tiene una de las menores tasas de disparidad en términos de gender equality. Esto ayuda a que la reactivación económica sea menos dificultosa y que las crispaciones sociales se vean reducidas. El mercado laboral francés es uno de los que otorga mayores posibilidades de desarrollo profesional para las mujeres. El aspecto negativo es que a diferencia de Alemania y el Reino Unido, en años recientes no se han producido reducciones en la tasa de desempleo, lo que es peor, la misma ha incrementado en términos interanuales. La tasa de desempleo tiende a elevarse en el sur, rompiendo con el esquema de estabilidad interregional. Finalmente, la nación corre serios riesgos de sufrir las calamidades del long term unemployment si no reduce la tasa de desempleo joven mediante la generación de empleos. Francia podría experimentar efectos sociales fruto de una generación de jóvenes que no ha logrado encontrar un trabajo estable, aún teniendo formación académica pertinente.









Uno de los grandes problemas sociales que afecta a Francia es el desempleo joven. A pesar de las medidas impulsadas desde el ejecutivo con vistas a revertir la compleja situación, Francia se encuentra con valores inferiores a la media europea. Durante las últimos años el desempleo joven ha aumentado.





A comienzos de 2014 el gobierno perdió el apoyo de sectores del electorado vinculados a la centroizquierda. Esto en gran medida se debió a la pérdida de confianza y al giro de la cúpula socialista en términos económicos. Desde los sectores moderados de la izquierda nacional, algunos de los cuales habían acompañado a Hollande durante la elección presidencial de 2012, se acusó al presidente de volcarse hacia la derecha, ejecutando medidas propuestas por el FMI y el BCE. Entre otros cuestionamientos, destacaron el acercamiento hacia sectores del electorado vinculados a la derecha, la visita al Papa, la carencia de medidas remitidas a combatir el desempleo y el acatamiento de los dictámenes unilaterales provenientes de Bruselas. La situación empeoró cuando un grupo de cuarenta parlamentarios socialistas emprendió una rebelión contra Hollande y la cúpula del partido. La suma de todos los males repercutió en las elecciones municipales de 2014, donde el partido que destacó fue el Frente Nacional de Le Pen. El partido ganó apoyo social y logró acceder al gobierno de diversos municipios. Tomando en cuenta que no se presentó en todos los distritos y que contó con un presupuesto rotundamente inferior al de los partidos de mayorías, realizó una elección sumamente positiva. En este caso el efecto postelectoral se dirigió hacia Hollande, luego de todo, la población enviaba un claro mensaje de descontento frente a la incapacidad del gobierno por revertir la situación económica. Signado por la rebelión puertas adentro del Partido Socialista y el malestar social representado por el auge de la derecha nacionalista, Hollande realizó cambios de gabinete hacia mediados de abril. En esta oportunidad el elegido fue Manuel Valls, previamente Ministro de Interior, quien pasaría a ocupar el cargo de Primer Ministro. Dicho personaje se encuentra vinculado al ala derecha del PS, reconocido entre pares como un hombre de carácter, su aprobación pública había crecido en los últimos meses. La designación de Valls evidenció flexibilidad por parte de Hollande, posiblemente en búsqueda de dos objetivos: otorgar una señal de cambio hacia el electorado y nombrar a un dirigente que hiciera frente a los cuestionamientos intrapartidarios. Los medios centraron su atención más en Valls que Hollande, algo que resultó ser un arma de doble filo. La imagen positiva en ascenso del primero contrastó con el incremento de la negativa del segundo. Después de todo, el nombramiento del flamante primer ministro no fue una mera renovación figurativa, implicó cambios profundos dentro de las filas del PS y del propio gobierno.









El elegido por Hollande para ocupar el cargo de Primer Ministro fue el socialista Manuel Valls. Reubicando al antiguo Ministro del Interior, la designación de Valls buscó poner un freno a la rebelión interna experimentada por el gobierno en términos legislativos.





Siguiendo los lineamientos expresados por el Ministerio de Finanzas en su documento Descripción general del comercio exterior francés (noviembre de 2014) se aprecia que Francia se posiciona en el sexto puesto mundial en términos de comercio exterior. Esto parece no convalidar la tendencia deficitaria mantenida de forma consecutiva durante los últimos diez años. Adentrándonos con mayor profundidad en el complejo entramado comercial francés, se aprecia que para 2013 el déficit comercial fue de € 60,900 millones. Tal como fue mencionado en apartados previos, Francia encuentre dificultades pare revertir el déficit comercial con su principal socio comercial, la República Federal de Alemania. Por otro lado, Francia ha sido la nación en desventaja en términos de comercio bilateral con sus principales socios (tanto europeos como extraeuropeos). Para tener noción de la concentración comercial francesa, un 60% de las exportaciones nacionales tienen como destino final la Unión Europea. Del restante 40%, un 50%, es decir la mitad, se dirige hacia Asia y América, donde China y Estados Unidos son sus principales demandantes. A pesar del énfasis puesto por la presente administración en revertir las tendencias comerciales, por ejemplo dirigiendo las exportaciones hacia los denominados destinos no convencionales, Francia encuentra una fuerte dependencia por parte de los principales mercados: Europa, Asia y América del Norte. Si bien el comercio exterior es vital para la economía francesa, sus respectivos valores no han contribuido a mejorar la situación económica general.

Hacia fines de 2014 el gobierno impulsó legislación a fin de reducir la cantidad de regiones administrativas (de 22 actuales a 14 futuras). La postura oficialista sostuvo que la nueva configuración dotaría a las nuevas entidades de medios financieros propios, reduciría parte del aparato burocrático, disminuiría gastos y facilitaría las tareas de las nuevas administraciones locales. Los municipios con menos de 20,000 habitantes deberían fusionarse a otras entidades mayores. Como era de esperar, los socialistas sostuvieron que el plan buscaba reducir los gastos del estado. Nuevamente esto repercutió en críticas internas por parte del denominado sector rebelde del PS. A las diferencias en cuanto a la conducción de la economía ahora se sumaron las remitidas a la reforma administrativa. Si bien el debate no alcanzó proyección nacional, los medios se hicieron eco de las dificultades de Hollande para mantener cohesión partidaria. Los problemas también rodearon al primer ministro, quién admitiría la dificultad de alcanzar un acuerdo con los representantes socialistas que en los últimos ocho meses se habían opuesto a las principales medidas del ejecutivo en la Asamblea Nacional.
Cuando François Hollande aprobó los ataques aéreos contra el Estado Islámico, involucró a Francia en la contienda global de Estados Unidos y la OTAN contra ISIS. A diferencia de las dos previas intervenciones de su administración (Mali y República Centroafricana), en este caso Hollande mostró respaldo hacia la posición estadounidense. El debate se ha adelantado a los hechos, llevando a que la ciudadanía francesa se preguntase si Francia acompañaría nuevamente a las potencias occidentales en una lucha contra el terrorismo internacional ahora representado en la figura de ISIS. Si bien es demasiado temprano para otorgar afirmaciones contundentes, queda claro que Francia tiene un grado relevante de participación en este tipo de cuestiones. No solo ha cambiado la coyuntura internacional, también se ha modificado la interna. La actual sociedad francesa se encuentra dividida respecto a temáticas tales como intervencionismo en las cuestiones de Oriente Medio, posición nacional frente al extremismo islámico, respuesta de los sector musulmanes nacionales y terrorismo internacional. Será preciso prestar atención a los acontecimientos que deriven de la participación francesa en la lucha contra el terrorismo internacional y sus principales representantes.







La relación bilateral con Alemania es vital para Francia. A su vez, el rol de ambas potencias dentro de la Unión Europea es fundamental para evitar una crisis intrabloque. El gobierno ha experimentado las rotundas negativas de Berlín por introducir cambios en cuanto al enfoque económico. Después de todo, a Hollande no le ha sido fácil lidiar con Merkel





A lo largo del trabajo hemos analizado diversos temas vinculados a la figura del presidente francés François Hollande. Se evaluaron su formación y desempeño profesional, carrera política, posición ideológica, trayectoria electoral y labor partidaria. La vida de Hollande retrata la de una persona formada para ocupar un cargo de suma relevancia como lo es el de presidente de la república. Para muchos, no deja de ser un maverick de la política local. Para otros, es un híbrido entre la élite burocrática y el complejo político-administrativo de Francia. Hasta cierto punto, podría entenderse que se encuentra en algún lugar intermedio entre ambas posiciones. No deja de ser un político con posicionamiento partidario e intereses personales, pero a su vez proviene de un mundo fuertemente arraigado al control de las instituciones de la república. Parte de ese legado puede apreciarse en las primeras medidas adoptadas por su gobierno. Si bien para llegar al Elíseo es indispensable contar con apoyo burocrático, es el pueblo el que toma la decisión final. Durante los difíciles años en oposición, los socialista debieron realizar toda clase de malabarismos para mantener a flote a una figura que les diera la esperanza de hacerse con la presidencia en 2012. Hollande era el elegido, no solo por la élite partidaria, también por un contexto global que exigía un cambio de liderazgo nacional, poner fin a los duros años de austeridad y otorgarle apoyo a una persona que brindara un nuevo enfoque económico. Así fue como la esperanza socialista ganó apoyo social en segunda vuelta y venció al presidente en ejercicio, Nicolas Sarkozy. Lamentablemente, como toda esperanza, también cuenta con utopía, y eso lo aprendieron ambas partes: el pueblo y el gobierno. Fue imposible ejecutar todas las políticas centradas en las promesas de campaña, principalmente porque ello implicaba cambios que afectarían los intereses de sectores sumamente poderosos. Dichos sectores se encontraban tanto en el plano interno como externo. A medida que el gobierno empujó legislación en dicho sentido, observó cómo los principales grupos de poder se volvieron en su contra, repercutiendo directamente en la aprobación social del ejecutivo. Las propuestas de Hollande fueron nobles, pero carecieron del acompañamiento estructural necesario para producir un legítimo cambio.También es justo señalar que no toda la responsabilidad de los fracasos recayó sobre entidades externas, el gobierno y en especial el propio Hollande, también la tuvieron. La ambivalencia en cuanto a ejecución política demostró lo que desde antes de comenzado su gobierno se sabía: los errores de Sarkozy eran pasados por alto, pero en el caso de Hollande no se le otorgaría un margen de error amplio. Así fue como el retiro de tropas de Afghanistan y el despliegue en Mali terminaron exponiendo a su gobierno por falta de racionalidad entre posicionamiento ideológico y ejecución política. El presidente pudo haber realizado todas las explicaciones pertinentes, lo cierto es que para la ciudadanía, los medios de comunicación y la oposición política, la evaluación crítica del comportamiento de una nación en el plano internacional es irrelevante, ellos aplicarán la lógica romana de vida o muerte, aquí representada en acierto o contradicción. Lo mismo sucedió con los planes económicos, la relación con Bruselas, las propuestas económicas para la UE y los proyectos presupuestarios. Con el tiempo, la combinación de ambos elementos: la dificultad (luego derivada en imposibilidad) para ejecutar medidas y el constante sometimiento a juicio cauteloso, demostraron ser un combo letal para el gobierno. Las cifras de aprobación social, el malestar de los tecnócratas del BCE, los reveses en perspectiva europea, las rebeliones intrapartidarias y los resultados electorales (a nivel europeo y municipal) dieron cuenta de ello. A pesar que aún queda un largo camino por recorrer de cara a 2017, estos primeros años han servido de experiencia para comprender que un gobierno debe cohabitar con una infinidad de grupos de poder, los cuales estarán durante e incluso después del mismo. Ello no significa entregarse a los mismos, pero sí es preciso tener en cuenta que de momentos deberá negociarse. Actualmente el gobierno francés parece encaminado en una remontada social y económica. Justamente es ésta última la que debe contar con toda la atención, por algo la hemos descrito en detalle a lo largo del trabajo. La economía es vital para el buen funcionamiento del gobierno, específicamente por dos motivos: la coyuntura europea desde 2008 en adelante y el énfasis que han puesto en ella los socialistas desde antes de llegar al poder. Afortunadamente, el gobierno ha comprendido que es preciso un enfoque íntegro para salir de la crisis. Francia por su cuenta no puede, aún si pudiese pronto las fuerzas intrabloque le jugarían efectos negativos. Posiblemente haya sido por ello que Hollande se embarcó en una cruzada europea para combatir los problemas económicos. Sin ansias de ahondar en la cuestión, lo relevante será observar si en los restantes dos años el gobierno buscará construir un nuevo enfoque regional en términos económicos o si las fuerzas intraeuropeas le imposibilitarán ejercer cambios, obligando a Hollande a centrarse en mantener la situación económica interna para salvar su presidencia. A modo de conclusión, la experiencia socialista encabezada por François Hollande despertó interés a nivel nacional e internacional. El gobierno heredó una situación económica desfavorable, en conjunto con medidas rígidas para restablecer el orden imperante. Cuando los socialistas buscaron pasar de lo empírico a lo real se encontraron con las propias limitaciones sistémicas, algo que le generó mayor daño que a gobiernos previos. Nuevamente la pregunta parece centrarse en la factibilidad de llevar adelante los cambios necesarios tanto en el plano nacional como regional. Aún tiene tiempo, pero deberá emprender una compleja remontada marcada por el derrotero político, la rebelión partidaria, el malestar social y el estancamiento económico. En un sistema presidencialista como el francés, todas las miradas siempre apuntarán al jefe del Elíseo, por lo cual Hollande no podrá escapar al fantasma que ha perseguido a todos los presidentes franceses. Deberá hacerle frente a la estructura para poder introducir medidas que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos. De eso se valdrá su presidencia, o por lo menos será recordada en base a eso. En caso de no lograrlo, siempre le quedará la pospresidencia. Aquel estadio donde quienes en su momento fueran abucheados, posteriormente son vitoreados. Luego de todo, no sería demasiado disparatado escuchar dentro de algunos años al pueblo francés aclamando "Vive Hollande".





                                                                            Tomás Vera Ziccardi





* La totalidad del presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del Autor.

domingo, 10 de agosto de 2014

Bad News for Ōsaka's Dragon



Bad News for Ōsaka's Dragon







Author: Tomás Vera Ziccardi.





When the figure of Hashimoto Tōru managed to consolidate itself nationwide, about two years ago, everybody predicted a prosperous future for who is known as the Ōsaka Dragon. Time showed a different reality. The year 2014 was one of political, electoral and social setbacks for Ōsaka's leader. After months of struggle in order to succeed his famous project for the unification of prefectural and municipal entities, rejection from Ōsaka's Legislature and further lack of support from the public, gave Mr. Hashimoto a total defeat. It was Hashimoto himself who admitted failure when recognizing the lack of social support.
Political setbacks were crystallized in the scarce support from major parties, both nationally and locally. Jimintō always had in mind that Hashimoto is a double-edged sword, ergo its relationship with the young leader strongly varied. Another important point in political terms has been the dismemberment of what once managed to be Japan’s third political force, Nippon Ishin no Kai (known in English as Japan Restoration Party). The breakup between Mr. Hashimoto and Ishihara Shintarō, mostly affected the first one, making him loose support from parliamentarians at Kokkai.
Finally it is worth noting failures at the decision-making level. This has not been a year in which the Ōsaka Dragon succeeded at making appropriate decisions. His interest in calling a snap election that allowed him to expand his power in the City and Prefecture of Ōsaka was demolished by poor social support.
Throughout this article these and other issues shall be addressed, seeking to expose the domino effect generated by Hashimoto's bad decisions. The vicious cycle of bad news neither seems endless nor pious, this has left Tōru against a fragile situation, mostly looking forward to the Diet elections planned for December. Undoubtedly 2014 was a year of setbacks for Mr. Hashimoto, in order to understand one of Japan’s most relevant political figures, this paper wills to evaluate the scope and implications of each of the most important events.







Mr. Hashimoto Tōru is the incumbent Ōsaka Mayor. Being one of the most relevant political figures of Japan, he had to go through a year of major setbacks.





Recalling the discussion in the work The Ōsaka Dragon, the back then Ōsaka Governor, Mr. Hashimoto Tōru, designed with his working team a bill for the creation of the Ōsaka Metropolitan Area. This project sought to create a bureaucratic-administrative structure similar to that one of Tōkyō-tō. A powerful Ōsaka Ishin no Kai, could thus extend its control through Kansai's central area. Hashimoto's interests for establishing such a structure, which affected Sakai, Ōsaka-shi, other political forces in the local assembly, the interests of the bureaucracy and the citizens' needs, were not meant to stop that easily. This led the Governor to further seek to achieve his ambitious plan. From the beginning, it lacked clearness in order to explain the public the benefits it might bring. On the other hand, a strong Ōsaka Ishin no Kai at the regional level raised the alarm of Tōkyō's political establishment. The plan was precocious; the electorate had more doubts than certainties, while the entire political spectrum turned against Tōru. Despite his efforts to approach Nagatachō and get support from the Abe Administration, the plan went further than what national leaders expected. Over time, Hashimoto lost the support of Jimintō and Kōmeitō, which resulted in the unilateral imposition of party line at the local level.

During the first quarter of the year a snap election was held regarding the control of Ōsaka's City executive branch. The main national parties did not submit candidates, highlighting their opposition towards the Hashimoto Administration. The election was a strategy from this administration in order to strengthen power and achieve the goal of creating a metropolitan area. Political opposition and social distrust decanted in an attendance of around 25% of eligible voters (the lower register in history). The election that crowned Hashimoto (the only relevant contestant compared to four other virtually unknown ones) exposed the lack of social interest for redesigning Ōsaka's legal & administrative system. For Tōru, the election threw a bittersweet result. Despite securing to be the only winner, the scarce social support ended up impacting on his main political project. Ōsaka Ishin no Kai now controlled both the prefectural and city governments, however it lost social support, at the same time that the other political parties exposed their lack of support towards the government. This cost was meant to be faced by Mr. Hashimoto, but also by his party.







The elections for Ōsaka Mayor held during March of the current year showed the distance between Ōsaka Ishin no Kai and the rest of the political spectrum. The billboard depicts a lonely Hashimoto due to the decision of major parties to not submit candidates because of their opposition towards Mr. Hashimoto's unilateral actions.





The domino effect soon took place: by midyear intraparty differences led to the breakup of Nippon Ishin no Kai (the party emerged as the third political force after national elections in late 2012). One of the most relevant parties in recent years, result of the alliance between conservative leader Ishihara Shintarō (former Tōkyō Governor) and the Ōsaka Dragon, dissolved because of the lack of consensus between two factions that had different styles and visions. The Ōsaka faction was always under Hashimoto’s control, and sought to consolidate the party from their base in Kansai. On the other hand, the Kantō faction, commanded by Mr. Ishihara, began to adopt a more distant position regarding the Kansai one, primarily due to differences with Mr. Hashimoto. Unilateral measures driven by the latter, his whims and the call for elections in advance were some of the reasons that allowed the Tōkyō faction to split apart from once and for all. For Hashimoto this was another major setback. His image at a national scale was strongly affected. Loyal to his style, Hashimoto quickly sought to reach agreements with other political forces, knowing that not doing such a thing would end up isolating him in Ōsaka, destroying the possibility to project to the East and consequently to the whole nation. Hence Tōru approached Kenji Eda, leader of Yui no Tō (Unity Party) a minority group of no more than 20 parliamentarians, in order to seal a possible political agreement. Of course this was done in order to not to lose political momentum and future capabilities, while at least, in some way, maintaining a nationwide image.

Nippon Ishin no Kai’s local branch also suffered the effects of the election. Despite controlling the Prefecture and City executives (Matsui-san and Hashimoto-san respectively), the party lost its majority in both assemblies. Without exerting force at the legislative level, Ōsaka Ishin no Kai has lost even more power in order to push forward legislation, such as the one referred to the special metropolitan region.
Further analysis shows that Ōsaka Ishin no Kai will need to form coalitions with other parties in order to approve legislation. Currently, the problem seems to be: who would want to form coalition with Hashimoto, since this implies getting involved with a political figure that has accumulated a negative image? Definitely, something like this could have political costs for other parties. It should be also taken into account that the advantage is now on the opposition's side, not on the ruling one. This shows the trend that it must be Hashimoto the one who makes concessions, not vice versa.







Fond memories! Mr. Hashimoto and Mr. Ishihara smile while shaking hands during an event of their party Nippon Ishin no Kai. Unfortunately, their alliance did not last long, affecting the base of what once was called to be Japan's third political force.





Crossing the thin line that separates the leader's problems from those of the party, it is understandable that bad news transcend both and directly affect third political forces. Non-traditional parties have constantly faced difficulties to survive in the complex Japanese political system. Having achieved an important victory two years ago, Nippon Ishin no Kai emerged as a possible third force with a view to consolidate over time. While being distant from the center-left spectrum, the party has repeatedly criticized the incumbent government (more linked to the center-right). This gave Japanese voters a new possibility, mostly because they could choose an option that was not part of the mainstream. On the other hand, the figure of Hashimoto, at least in the beginning, attracted several voters looking for a change of leadership. It should be stressed that Tōru is not part of the political establishment, he is an outsider with a background linked to media. In spite of what was mentioned before, the problem is that both the party and the leader have rapidly lost strength in almost every front. Hashimoto has the difficult task of rebuilding the party as a third political force. This is complex, especially if we consider the upcoming elections in December and the vicious cycle of political errors committed by Tōru. The situation recalls that of a dragon which ends up destroying everything due to its own weight and power. Hashimoto has made mistakes that are unforgivable for the systemic power, something that explains the lack of support they gave him. Thus, Mr. Hashimoto ended up destroying his own political capital. Apparently, the best option seems to be keeping a low profile regarding the next elections, hoping to obtain a much clearer post-electoral landscape. Thereafter he should act in accordance to the new socio-political scenario. Hashimoto should not forget that the major problems have been the mistakes committed this year, undoubtedly they have had high costs.
As for his personal actions, Mr. Hashimoto has glimpsed the loss of power at the national level after the breakup with Ishihara Shintarō. It should also be noted the loss of confidence from voters. Several Japanese wonder if perhaps Hashimoto would end up being one of those politicians who constantly changes from party and reshuffles alliances. Clearly, the Ōsaka Dragon pursues his own interests. As for his view it remains vital erecting a political figure with national projections. For such purpose he must strength power and redesign alliances with other actors.







There's always time for a new beginning: Mr. Hashimoto and Mr. Eda shake hands during an event of the recently launched Ishin no Tō. The party is co-leaded by both politicans. Would it have the same fate as Nippon Ishin no Kai or this time Hashimoto's commitment would be higher?





In September, the national platform of Ishin no Tō (Innovation Party), co-led by Eda Kenji and Hashimoto Tōru, was launched. The culmination of the alliance gave a final balance of 50 lawmakers in Kokkai. The party has a relevant position in the Lower House. Given its short history, its proposals are still unclear. It is early to analyze its possible scope as well as the social response. However, it is relevant to note that in recent months the party has made a major media campaign for the elections to the Diet hoped to be held by the end of this year.

Recently, Mayor Hashimoto has faced Zaitokukai (an extreme far right group) due to the activity they have been doing in the Kansai region, more specifically in Ōsaka. Such controversial group has a strong base of social support in this city. Their constant demonstrations have led to criticism towards the Hashimoto Administration due to its lack of response regarding such issues. The Mayor did not miss the opportunity and established an open debate with the main referent of the mentioned group. Undoubtedly, Hashimoto was highly favored. He was more focused, something that allowed him to obtain approval from various sectors of society that had previously been quite critical of his political positions. The debate was algid and at times it generated tension among those present. Two scenarios arose. On the one hand we have a moderate Hashimoto being critical of extremist groups. On the other one, we appreciate a politician who used the event to clean up his image and obtain attention from the moderate spectrum of Japanese society. Let's recall that these sectors have always been strong critics of Mr. Hashimoto, especially after the issue linked to his comments regarding “comfort women” and Japan's role in the Korean Peninsula during the first part of the XX Century. In other words, the appointment with Makoto Sakurai (leader of the extremist group) may have served Tōru as a momentum for the upcoming election, particularly referring to issues such as tolerance towards minorities, his position on “heito supichi”, respect towards diversity and discursive moderation.







Bad news for Ōsaka's Mayor: Ōsaka Ishin no Kai has also suffered the effects of Hashimoto's political mistakes. During the upcoming twelve months the party will have to improve in several fronts in order to fulfil its main goals.





Approaching the fourth trimester of the year, we appreciate that bad news continued arriving at the residence of Ōsaka's Mayor. In October Tōru received another tough setback: Ōsaka's Local Assembly voted against the government's project for the creation of an autonomous zone. As mentioned above, the opposition parties did not support the proposal introduced by Hashimoto. Considering that the political establishment itself turned its back on Tōru, he has now chosen another option. This measure that we could catalog as a final, unilateral and no-return solution involves the search of social support for calling a referendum. The measure is highly complex mostly because it does not give Hashimoto alternative escapes or new channels to renegotiate the issue. Two problems arise from the applicability of this controversial mechanism. On the one hand, before promoting it, the referendum needs approval from the Assembly. Given that it already voted against the project, it is difficult that the referendum receives the green light. The concessions to be made by Ishin no Tō's leader need to be really high, because the truth is that so far the opposition has not shown any sort of predisposition towards negotiation. From another point of view, the Ōsaka Dragon should reconsider whether the measure is appropriate: given the scarce social support received in the last elections, the referendum might not obtain the values needed in order to achieve social approval. Being a "final solution", if citizens express themselves in opposition, the project would be buried, drowning Mr. Hashimoto much deeper than what he might expect.


The elections planned for mid-December emerged as a possibility for Hashimoto. Despite further endeavor to promote unknown candidates, some party members from Ōsaka assure that Ishin no Tō could win some seats in the Lower House. Some time ago rumors rose regarding a possible candidacy from Hashimoto himself, however it was quickly abandoned. This candidacy would mean giving a step forward towards the national level, but at a second range. Hashimoto seems eager to continue building power from the local level, making the next move towards Kokkai would end up showing a total lack of legislative functions by the Ōsaka Dragon. It is also eloquent having in mind that Hashimoto's candidacy might produce a setback for his party, directly affecting its position for the upcoming elections in Ōsaka next year. The situation is even worse if we consider that Tōru would be abandoning public office once more. The second resignation in three years, jointly with an exercise of less than a year as Ōsaka's Mayor, would imply a total loss of confidence and commitment from the society that elected him. In conclusion, Hashimoto's candidacy to the Lower House of the Diet of Japan was completely abandoned due to the high costs it could bring in the near future. The cost-benefit equation resulted highly unfavorable for him and his party.







One of Japan's most influential political figures is going through a difficult moment. Hashimoto Tōru has received bad news during 2014. It would be relevant to appreciate his reaction towards the changing political scenario, mostly because this time Mr. Hashimoto and his party are disputing something more than a regular election.





Hashimoto Tōru remains an important figure in Japanese politics. As usual he continues generating mistrust and adhesions at the same time. Recently, he has poorly performed on several fronts. His power has been reduced both locally and nationally. The constant party breakdowns and alliances have shifted the social and electoral response regarding the Ōsaka Dragon. National elections of 2014 and local ones of 2015 will be relevant landmarks in order to determine the future evolution of Ōsaka's most important political figure. Currently, his actions and the response of other actors based thereon have placed him into a spiral of poor results that over time have continued developing bad news. Hashimoto appears to be going through an impasse, but he always manages to find a “last moment” way out. It will be a matter of observing whether this strategy will last longer. For example, regarding his interest in calling a referendum based on the project of creating a new administrative area in Ōsaka. This year might be characterized as one where his main projects and partnerships were rejected and dismembered. At times Hashimoto's image is affected, however he has managed to take advantage of certain circumstances, such as the debate with Mr. Sakurai. The future seems uncertain, however we should not dismiss the fact that Hashimoto is a clever leader. It will be relevant to observe his actions and response to the changing political scenario over the next 6-12 months. After all, this time he has much more to lose than to win, something that definitely calls for a higher level of acuity in a political system where mistakes carry a high price.





                                                                     Tomás Vera Ziccardi.





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