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martes, 31 de marzo de 2015

Los complejos años de la Détente



Los complejos años de la Détente









Autor: Tomás Vera Ziccardi






La Guerra Fría fue un momento histórico que de entre una infinidad de cuestiones se caracterizó por la coexistencia entre dos superpotencias y el reacomodamiento de los diversos actores internacionales en torno a las estructuras, el accionar y los ideales de éstas. La relación Estados Unidos de América - Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas varió a lo largo del período que abarca los años comprendidos entre 1945 y 1989. Durante uno de esos momentos, tomó lugar un proceso que los historiadores han denominado como Détente. Dicho término proviene del francés y generalmente se lo ha asociado a la conceptualización de "distensión" o "aligeramiento". Ha sido aplicado para el proceso que abarca los años 1969 - 1975. Este último caracterizado por un acercamiento y entendimiento mutuo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Generalmente suele vinculárselo fuertemente a las administraciones Nixon y Brezhnev. Para algunos especialistas, la Détente surgió fruto de los cambios internacionales que estaban afectando a los dos bloques. Para otros, significó un proceso que lentamente erosionaría la tensa relación entre los dos hegemones globales. Más allá de ingresar en un debate teleológico, nuestro interés es retratar los aspectos más relevantes de la Détente, entre los cuales analizaremos los principales acontecimientos históricos, las posiciones de las superpotencias, los alcances y la reseña final que dejó dicho proceso en el agregado global de la Guerra Fría.









La Détente fue un período durante el cual las potencias hegemónicas aplicaron distensión a su relación bilateral y global. Ello permitió importantes avances en áreas y cuestiones que hasta entonces se encontraban bloqueadas. Durante el mencionado proceso tomó lugar el relanzamiento de relaciones entre Estados Unidos y la República Popular China.


En la imagen se puede apreciar al trigésimo séptimo  presidente de los Estados Unidos Richard Nixon junto a su mujer durante su visita oficial a la República Popular China en 1972.





En otras oportunidades hemos hecho referencia al nuevo enfoque multipolar introducido por la administración Nixon a fines de los 60s, comienzos de los 70s. Parte de ello puede ser reconceptualizado en Nixon - Kissinger y el nuevo enfoque del mundo tripolar. Bajo las mencionadas premisas, Estados Unidos comienza a visualizar la necesidad de cambios en el sistema internacional. Si bien durante aquel momento no se encontraba en boga la posibilidad de poner fin a la Guerra Fría, existían indicios que exponía la creencia de Washington en un nuevo orden global. El enfoque de la diplomacia tripolar fue relevante durante la administración Nixon. El gobierno republicano deseaba producir cambios que le permitieran reducir los efectos sistémicos negativos. Desde lo económico hasta lo geopolítico, Nixon y Kissinger buscaron centrarse en la cuestión china. El inicio del proceso de reformas daría un nuevo vuelco a partir de 1972, de todas formas no se puede negar el interés de la Casa Blanca por acentuar las diferencias dentro del bloque comunista en un momento particular marcado por el cisma sino-soviético. La diplomacia tripolar no necesariamente comprendía tres asientos en el tablero geopolítico supremo, más bien buscaba alejar la silla soviética de la mesa, algo que obligaría a la URSS a optar por instancias menos rígidas. Las negociaciones Washington - Beijing se mantuvieron bajo la lógica de la diplomacia kissingeriana, es decir mediante lo comúnmente conocido como diplomatic back channels. El problema no fue el desconocimiento de Moscú sino más bien los inconvenientes que le trajo en términos de su posición internacional. Con esto deseamos dejar en claro que la diplomacia tripolar y este nuevo enfoque multipolar fueron elementos considerables de la Détente. 










La Détente suele ser vinculada al accionar diplomático y geopolítico de la administración Nixon. Durante su mandato, Richard Nixon (izquierda) y su Consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger (derecha) buscaron impulsar cambios en la política exterior estadounidense. Varios de ellos gravitaban en torno al nuevo enfoque multipolar, la distensión y las concesiones entre ambos bloques de poder.





Durante su campaña presidencial Richard Nixon realizó fuerte hincapié en efectuar una salida honorable de Vietnam. Siguiendo la lógica de negociaciones secretas, Kissinger se encargó de buscar un acuerdo con Hanoi al tiempo que el Departamento de Estado impulsaba nuevos enfoques tales como la vietnamización, la política del bombardeo y la retirada progresiva, todas características de la administración Nixon. Respecto del accionar de dicho gobierno en Vietnam, el lector puede consultar las series comprendidas desde Vietnam War Part IV hasta Vietnam War Final Considerations and Personal Comments. Aquí tan solo mencionaremos que el agobiante gasto militar proveniente de la guerra, sus consecuencias para la economía nacional, el descontento social respecto a un conflicto prolongado en el tiempo y las promesas del propio Nixon condujeron a los Estados Unidos hacia una salida del conflicto. El retiro de Vietnam también implicaría un reposicionamiento internacional, algo que indefectiblemente remitiría a la relación con el bloque oriental, consecuentemente con la URSS. Para la administración Nixon sería necesario encontrar una nueva posición con la Unión Soviética mientras por detrás se negociaba con Vietnam del Norte. Esta nueva realidad implicaba cambios en las asimetrías globales. A la par, el centro del tablero internacional comenzaba desplazarse del Sudeste Asiático. El orden multipolar estimado por Kissinger también remitía a centrar los esfuerzos en diversas cuestiones internacionales que pudiesen representarle beneficios concretos a los Estados Unidos. A continuación hablaremos de varios de ellos, sin antes pasar por alto la injerencia del enfoque de la Détente sobre Vietnam. La compleja salida del teatro asiático demostraría la necesidad estadounidense por distender el conflicto global. Ahora la nación tenía otras prioridades de índole comercial, financiera, económica, social y geopolítica. Al mismo tiempo, la Unión Soviética también comenzaría a dar indicios en dicho sentido, de todas formas ello será abordado más adelante.









Imagen histórica y sumamente representativa del fin de la Guerra de Vietnam (1975), titulada "La Caída de Saigón". Uno de los últimos Bell UH-1 estadounidenses se retira de un edificio clandestino de la CIA próximo a la Embajada de los Estados Unidos en Saigón, Vietnam del Sur. Luego de más de una década de lucha en el Sudeste Asiático, Estados Unidos deja un conflicto sumamente costoso tanto en lo económico como en lo social.





Hacia finales de los años 60s la carrera armamentista había alcanzado límites importantes que encendieron la alarma en Moscú y Washington. La capacidad nuclear, balística y de destrucción total de ambas potencias había llegado a un nivel preocupante. La Unión Soviética había realizado un gran esfuerzo para alcanzar las capacidades nucleares estadounidenses. A costa de ello, la economía local daría claros signos de crisis. Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos no solo costeaba una guerra monumental sino que además continuaba invirtiendo en capacidad balística intercontinental. La carrera armamentista implicaba un fuerte peso en los agregados económicos de ambas naciones. Tanto por parte de Moscú como de Washington (especialmente de esta última) se había hecho evidente que era preciso comenzar un proceso de desaceleración de la carrera armamentista. Por otro lado, si se buscaba un nuevo enfoque más centrado en un pacifismo y distensión, también debían fijarse límites a la capacidad nuclear. En 1972 ambas potencias firmarían el famoso acuerdo SALT I (Strategic Arms Limitation Talks I Part). Allí se fijaron límites a las capacidades balísticas de ambas naciones. A los intereses de Moscú esto implicó cierto reconocimiento tácito a la obsesión soviética por ser aceptada en términos de pares en lo que refiere a la capacidad armamentista de alto grado con Estados Unidos, sumado a un respiro temporal para su preocupante situación económica. A Washington también le sirvió en términos económicos, pero más lo hizo a modo de ventana de exhibición respecto al nuevo enfoque de la Détente. Era posible tener una relación más propicia y menos belicosa con la Unión Soviética. En otros términos podríamos asegurar que era factible pasar de la Mutual Assured Destruction a cierto grado de Mutual Agreed Arms Limitation. Más seguridad para ambas potencias, más seguridad para el sistema internacional. Si bien pasarían varios años hasta SALT II, durante la administración Carter, SALT I fue el puntapié inicial, reconocido como uno de los grandes triunfos de la diplomacia nixoniana ¿Por qué tuvo implicancias en el cosmos de la Détente? La respuesta es clara: existía un aflojamiento, cierto grado de entendimiento mutuo, entre Estados Unidos y la Unión Soviética en un área clave como la carrera armamentista y capacidad nuclear. De allí en adelante, profesaba el enfoque de Nixon, podrían lograrse acuerdos en otras cuestiones.  









SALT I (1972) es considerado uno de los grandes triunfos diplomáticos de la administración Nixon. La limitación de armas estratégicas dio cuenta del nuevo enfoque impulsado con la Détente. Era posible negociar entre ambas potencias, realizar concesiones y obtener ganancias mutuas. En la imagen se puede apreciar a Richard Nixon (izquierda) y Leonid Brezhnev (derecha) durante la firma de los mencionados acuerdos. 





Convalidando los postulados kissingerianos de nuevos ejes multipolares en el tablero internacional, la Détente revitalizó el escenario europeo. Si bien no había dejado de ser relevante, pasó a un segundo plano luego del año 1961. Específicamente, el Muro de Berlín provocó una descentralización del conflicto Este - Oeste del teatro europeo. Cuba, China, Laos, Vietnam y Oriente Medio acapararon la atención de las grandes potencias, al tiempo que la Cortina de Hierro se redoblaba sobre Europa del Este y Europa Occidental comenzaba a fortalecer su proceso de integración económica. Alemania sería un eje fundamental de la Détente. En 1969 llegó al poder en Berlín el socialdemócrata Willy Brandt. Sus innovadoras propuestas despertaron la atención simultánea de Moscú y Washington. Con su aclamada Ostpolitik buscó un nuevo enfoque en las relaciones de la República Federal con el Este, es decir con la República Democrática, Polonia, Europa del Este y Moscú. El acercamiento al bloque comunista fue inicialmente mirado con temor por parte de la administración Nixon y fuertemente criticado a nivel interno por la oposición política. Sin embargo, el ideal de Brandt era reducir la tensión mediante un acercamiento. Para ello era fundamental mejorar las relaciones con la URSS, la RDA y dar signos de cambio. Cuando la política exterior de Brandt llevó al reconocimiento formal como estado independiente de la República Democrática de Alemania, se puso fin a la Doctrina Hallstein, inaugurando de esta forma una nueva relación entre las dos alemanias, consecuentemente entre los dos bloques. Tengamos en cuenta lo siguiente: hacia la década del 70 Alemania Occidental ya era la economía más fuerte del continente. Su relación con París había mejorado profundamente y se advertía una aceleración de la integración económica regional. Nixon comprendió que el acercamiento con el Este era necesario, no solo para la nueva y moderna Alemania sino también para su estrategia de la distensión. En otras palabras, Estados Unidos también podía sacar ventaja de la Ostpolitik. El cambio de enfoque comenzaba a ser global. El acercamiento bilateral quedó sellado con la visita del propio Canciller a Alemania Oriental. En 1971 se celebró el acuerdo sobre libre acceso a Berlín, demostrando una clara ruptura en los enfoques rígidos y una superación de estadios previos en la relación entre ambas alemanias. Paulatinamente, Berlín comienza a dejar de ser uno de los puntos críticos en la agenda global de la URSS y USA. Esto también contribuyó al acercamiento entre los bloques. Willy Brandt aplicó la lógica de "Política del Buen Vecino". La República Federal podía tener buenas relaciones con sus vecinos. Otro de sus grandes logros remitidos a dicho enfoque fue el reconocimiento de las fronteras de posguerra, algo largamente esperado y deseado por Moscú. Eso le permitió mostrarse triunfal en su visita a Moscú. El líder socialdemócrata alemán no solo fue vitoreado en su nación, también en la RDA, Varsovia, Washington y Moscú. Puntualmente en lo que confiere a Polonia, Berlín recompuso la relación histórica fuertemente dañada por los años del nazismo. Su visita a Polonia y posterior disculpa pública le valió del reconocimiento mundial. En lo estrictamente diplomático, Alemania firmaría con Polonia acuerdos limítrofes que otorgaban relevantes reconocimientos a los límites deseados por Varsovia. Desde nuestra perspectiva podemos añadir que la Ostpolitik generó un profundo cambio en clave alemana y global: el Muro de Berlín pasó de ser un cerco de seguridad vital a una molestia en el largo camino hacia la recomposición histórica de las relaciones germano-europeas, germano-soviéticas y lo que comenzaba a ser la integración nacional. Desde la perspectiva global, las potencias también contribuyeron al relajamiento de la tensión alemana. Tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética se abstuvieron de bloquear la iniciativa. Esto sería una constante de la Détente, pronto Moscú se abstendría de dificultar la salida de Estados Unidos de Vietnam (1973 - 1975), evidenciando la tan afamada "Política de Concesiones". Desde otro punto de vista, las dos alemanias, las dos potencias y los dos bloques demostraron que podía haber situaciones win - win, la antigua noción de juego de suma cero comenzaba a erosionarse. Sí, fue preciso ceder y emitir concesiones, pero las ganancias absolutas terminaron siendo más relevantes. 









El Canciller alemán Willy Brandt (izquierda) emprendió un cambio en términos de política exterior, donde puso el foco de atención en la relación con el bloque oriental. Su afamada Ostpolitik ("Política del Este") le permitió mejorar las relaciones con la Unión Soviética. Al mismo tiempo facilitó la distensión en la relación con el mencionado bloque. La Détente también fue representada por dichas imágenes, donde el mandatario alemán pudo tener una relación más próxima y menos formal con el Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética Leonid Brezhnev (derecha).





Respecto al desempeño económico, la Unión Soviética evidenciaba signos de agotamiento industrial y crisis agropecuaria. En términos comerciales, la URSS también se encontraba ante una situación crítica. El nuevo enfoque de la Détente le permitió a Moscú firmar acuerdos comerciales con la República Federal de Alemania, la tercer economía más grande del mundo (por el momento, pronto a ser superada por Japón). También fue importante introducir cambios en materia de derechos humanos. Ello le otorgó a Moscú la posibilidad de comerciar con Estados Unidos sin demasiadas restricciones (luego que esta última emprendiera una reforma legal). La carrera armamentista instigada por el anhelo nacional de equiparar a Estados Unidos llevó a un serio punto de inflexión, donde la economía pasaría a ser el principal problema. Moscú comprendió la lógica de concesiones: sería preciso ceder en términos de derechos humanos para obtener ventajas en comercio y fronteras. Después de todo, Alemania y Estados Unidos no otorgarían tan fácilmente. Las presiones sobre la URSS llevaron a cambios en las cuotas migratorias, tan cuestionadas para la época. A Estados Unidos le fue de gran interés la cuestión de los emigrantes judíos. Para ello, Moscú debió reformular su política migratoria. Varios analistas sostienen que dicho viraje representaría el verdadero comienzo de la caída de la "Cortina de Hierro". Lo más importante es señalar que la URSS otorgó concesiones en materia de legislación migratoria, represión interna, derechos humanos y estándares acordados con occidente. Regresando al enfoque económico, a pesar de los cambios introducidos en el área comercial e industrial, hacia mediados de 1975 la situación general de la Unión Soviética se volvió irreversible. Los serios problemas económicos se agudizarían a lo largo de los próximos quince años, conllevando a lo que varios llamarían la "implosión soviética". Las medidas de la Perestroika tan solo palearían temporalmente la caída del modelo económico dirigido desde Moscú. 









Al bloque occidental también le preocupaba lo que sucedía al otro lado de la Cortina de Hierro. La situación económica en la URSS había empeorado en años recientes, el atraso agrícola sumado al exhaustivo modelo industrial y el esfuerzo por equiparar la capacidad nuclear de los Estados Unidos marcaron el camino hacia la debacle. 


En la imagen se encuentran Willy Brandt y Bobby Kennedy observando a través del Muro de Berlín.





Habiendo hablado de concesiones comerciales y de derechos humanos, es preciso centrarse en este último eje. Sumado a ciertos puntos focales que hemos estado evaluando, en 1975 tomarían lugar otro de los ejes centrales de la Détente: los Acuerdos de Helsinki. Allí Moscú negoció con el bloque occidental temáticas tales como inviolabilidad de las fronteras, reconocimiento a los límites de posguerra, no injerencia en asuntos internos, respeto a las libertades individuales, reconocimientos de derechos humanos sin distinción alguna, entre otros. Para Moscú fue un gran avance en lo que ya hemos estado adentrándonos, reconocimiento de las fronteras propias. Sin embargo, el principal elemento cedido en la negociación fueron los derechos humanos. Para ciertos críticos, esto sería el inicio de los cambios sociales en diversos satélites soviéticos que durante la siguiente década demandarían mayor apertura. De todas formas, fue relevante el reconocimiento por parte de los miembros del Pacto de Varsovia en dicha área. Los Acuerdos de Helsinki son otro punto focal de la Détente por cuanto permitieron evidenciar las ganancias mutuas de las partes bajo el aflojamiento que indefectiblemente derivó en mayores concesiones. Tienden a ser rememorados como un momento de cambio en la relación entre la Unión Soviética y Europa Occidental. 









Los Acuerdos de Helsinki (1975) fueron un gran avance en la relación entre Europa Occidental y el bloque oriental. Nixon debió dejar la Casa Blanca en 1974 luego del Escándalo de Watergate y las consecuencias que este le produjo a su mandato. A pesar que inicialmente su administración se mostró escéptica, Kissinger decidió acompañar a sus aliados en el acuerdo con Europa Oriental. En el centro de la imagen se encuentra en presidente Gerald Ford firmando los Acuerdos de Helsinki junto a sus pares europeos. Henry Kissinger continuaba siendo siendo Consejero de Seguridad Nacional durante el momento de firma de los acuerdos.





La administración Nixon introdujo la ambivalencia de una visión doble respecto a la URSS. Una como adversario, donde era preciso que Estados Unidos impidiera que el comunismo se expandiera al resto del mundo. Como es comprensible, dicho enfoque giraba en torno a la variable ideológica. La segunda visión era la de la Unión Soviética como colaborador. El entendimiento mutuo permitiría impedir que se llegara a un final sin salida a causa de conflicto menores. Podían existir vías de escape para evitar una catástrofe general. Esto fue sumamente innovador en el contexto de la Guerra Fría porque permitió diferenciarse de la visión pragmática de análisis individual caso por caso, generalmente preferido por el establishment estadounidense hasta el momento. Nixon, en palabras del propio Kissinger: "consideraba la Détente como una prolongación de la lucha geopolítica". Ésta fue parte de la esencia del período en cuestión. Había distintas temáticas que conformaban un todo. No se trataba de cuestiones ajenas que debían resolverse particularmente porque de lo contrario se caería en conflicto global. Las partes podían negociar, conceder, analizar al otro e intercambiar. Para Kissinger, tal como lo demostró en el caso de China, la Détente implicó romper con la lógica de amigo - enemigo del Departamento de Estado. No siempre se estaba de un bando o del otro. No en todos los casos la acción de uno implicaba una perdida para el otro. Por parte de la Unión Soviética, esto pareció surtir cierto tipo de sentido. Brezhnev buscaba estabilidad interna y la distensión con Estados Unidos también sirvió a su propósito. La gerontocracia moscovita había comenzado a empeorar el funcionamiento sistémico nacional, justamente en un momento donde se precisaba de rápidas respuestas. No solo a la situación económica interna, también a la cambiante realidad internacional. La excesiva burocracia había generado lo que los historiadores denominaron "esclerosis sistémica". Una vez más, las posteriores reformas de Gorbachov, esta vez con la Glásnost,  serían soluciones temporales para un estado que estaba profundamente debilitado. Tanto Nixon como Brezhnev tenían cuestiones nacionales e internacionales fundamentales por resolver. En varios casos, la cooperación sería una salida con más ganancias que perdidas. Para muchos, la Guerra Fría había entrado en un período donde los errores se pagarían caro. La situación económica global era preocupante. Generalmente se suelen denominar a dichos períodos bajo el rótulo de "reacomodamiento sistémico". Es posible que la Détente también pueda ser comprendida desde este enfoque. La estructura configuró el accionar de los actores y estos a su vez, mediante su accionar, configurarían la futura estructura.









La presente imagen también es sumamente representativa de la Détente. Leonid Brezhnev (izquierda) y Richard Nixon (centro) disfrutan de un momento de distensión. Lo mismo aconteció con las naciones a las cuales representaron. A lo largo de más de un lustro las superpotencias lograron acordar importantes avances en su relación bilateral y la contienda global que venían disputando desde fines de la Segunda Guerra Mundial.





A lo largo del trabajo hemos abordado los principales ejes del período de la Guerra Fría comprendido entre los años 1969 y 1975. La Détente fue parte fundamental de dicho proceso histórico. El mundo posterior a 1975 experimentó las consecuencias de los cambios suscitados en la etapa previa. Alemania no volvería a ser la misma de antes. La relación entre Europa Oriental y Occidental cambiaría rotundamente. La cooperación multidimensional entre las superpotencias cobraría un nuevo valor. En materia de armamento y capacidad militar ambos bloques darían un gran paso hacia un mejor manejo del conflicto global. Si bien faltaría para poner un punto final a la Guerra Fría, la Détente significó un período de distensión entre ambas potencias. Un período donde fluyeron las visitas y encuentros de primer nivel entre Nixon y Brezhnev. Algo que fue consecuencia y causa de los encuentros Nixon - Mao o Brezhnev - Brandt. Un nuevo mundo, un nuevo enfoque en la compleja relación entre los Estados Unidos de América y la Unión Soviética. Es interesante observar cómo la Détente puso de manifiesto la primacía de los intereses (por momentos comunes) de ambas potencias. Sin embargo al mismo tiempo permitió que prevalecieran los intereses de China, Alemania, Francia, Vietnam y otros. La Détente fue la coexistencia de ambas cuestiones. Por ese mismo motivo fueron años complejos. Si tuviésemos que retratarlos en una foto, bien podría ser la de Nixon y Brezhnev distendidos durante algún encuentro bilateral en USA o la URSS con claro matiz informal o bien la de ambos firmando SALT I en un plano de mayor formalidad. Se trató de un período por momentos distendido, donde ambas potencias se sintieron a gusto, pero por otro prevaleció el interés de ambas por imponerse. La diferencia yace en que encontraron nuevos canales de resolución de conflictos mutuos. La Détente estuvo signada por negociaciones, acuerdos, tratados, concesiones, promesas y esperas. Aquí obtuvo más valor la capacidad de los burócratas, diplomáticos y especialistas que cualquier otra cuestión. Las armas no se tiraron en ningún momento, pero sí se las bajó momentáneamente para lograr un acercamiento. Finalmente podríamos señalar que el presente proceso sirvió coyunturalmente a ambas naciones. No solucionó el problema de fondo pero sí logró diagramar el camino para su posterior desenvolvimiento.





                                                                                Tomás Vera Ziccardi





* La totalidad del presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del autor


martes, 28 de septiembre de 2010

Sudamérica: análisis de los trabajos elaborados por Holsti, Kacowicz, Paradiso y Luna Pont.








Holsti, Kacowicz, Paradiso y Luna Pont plantean un nuevo enfoque con respecto a Sudamérica que se contrapone con la visión generalizada que se posee a nivel internacional con respecto a las áreas constituidas por estados débiles. En esta visión se establece que las áreas conformadas por estados débiles o inestables son más proclives a desarrollar guerras, que a largo plazo se traducen como un fenómeno habitual. Este concepto que se cree aplicable a todas las regiones donde encontramos estados débiles, tales como determinados sectores de África, el Sudeste Asiático, los Balcanes, entre otros, se intenta aplicar también a Sudamérica. Generalmente estos estados, que se encuentran dentro de estas regiones mencionadas, poseen las siguientes características. La estructura estatal es escasa, las instituciones no logran llevar a cabo sus funciones de manera adecuada, hay polarización y crisis social, hay cuestiones étnicas, tribales y religiosas, hay varios sub grupos dentro de la sociedad que atentan contra el bienestar de la totalidad de la población y contra el Estado mismo, encontramos grupos armados que operan desde la clandestinidad y que se enfrentan a las fuerzas armas. Estas características, llevan a tensiones limítrofes, políticas y regionales entre los estados acaparados en un determinado sector. Los métodos coercitivos y el uso de la fuerza surgen como la primer y más eficaz vía para resolver estas disputas. Lo cual más allá de surgir victorioso uno u otro estado, a la larga se perjudican ambos debido a las consecuencias económicas y  las sanciones que le impone la comunidad internacional. Generalmente en estas áreas los conflictos son cíclicos, es decir la guerra entre dos o más estados puede terminar y dar como resultado un ganador, pro con el tiempo aquellos que se encuentran dentro del bando perdedor tienden a rearmar sus fuerzas para volver a atacar, por lo cual se ve alterada la situación de los individuos de cada Estado debido a que se invierte casi en su totalidad en armamento bélico en lugar de hacerlo en alimentación y desarrollo. Pero a su vez también afecta a toda la región, no solo porque la sumerge en una crisis regional, si no porque se produce un fenómeno muy común, principalmente en sectores de África, denominado la regionalización, es decir el conflicto ya no se localiza en un lugar determinado si no que se traslada al resto de los estados de la región, generando mayores perdidas aún para la totalidad de los actores a nivel regional. Ahora bien, lo que plantean Paradiso y Luna Pont, Kacowicz y Holsti es ¿cómo puede ser que Sudamérica o mejor dicho los estados de la región presenten ciertas características de los estados débiles y sin embargo no presente las crisis y conflictos regionales que se dan en otros sectores del mundo y que llevan a un estado de guerra generalizado? Para esto los autores se remontan a las características que surgen desde temprana edad, incluso algunas tradiciones provienen del legado colonial y fueron heredadas por las jóvenes naciones sudamericanas, y que permiten explicar porque a la inversa de lo ocurrido en varias regiones del mundo, Sudamérica se acerca cada vez más a una paz regional.
Por otro lado lo desarrollado por los autores intenta poner en contraposición la visión realista y su relación con el sistema regional sudamericano. Explicando conceptos como el balance de poder, el uso de la fuerza, los intereses definidos en términos de poder, el rol del hegemón regional y la situación de tensión entre las unidades, vamos a ver como en determinado momento de la historia sudamericana (ya que los autores van a dividir su análisis en dos etapas, una desde los momentos posteriores a la independencia y hasta fines del siglo XIX y la otra a partir de comienzos del siglo XX en adelante) estas características se dan, pero luego a partir de la segunda etapa, principalmente utilizamos las definidas por Holsti, Paradiso y Luna Pont, estas características que enuncia el realismo no tienen lugar. Por lo cual vamos a ver que el realismo no es del todo aplicable para poder caracterizar a la región.
Como mencioné al comienzo durante el siglo XIX encontramos un escenario en donde los supuestos del realismo son completamente aplicables. Un sistema en donde hay tensión entre las partes, en donde la cooperación no es vista como una solución directa de las controversias si no que el uso de la fuerza es la medida más efectiva. Hay varias tensiones territoriales y referidas a la delimitación de fronteras entre las nuevas naciones y Brasil se consolida como el hegemón de la región. Con guerras formalmente declaradas e intervenciones y alianzas de por medio para obtener beneficios de los estados más débiles, el sistema claramente demostraba que no estaba garantizada la seguridad para los estados sudamericanos. Mucho menos frente a la amenaza de una invasión dada por una potencia extra territorial. De todas formas, antes de comenzar a explicar los mecanismos que desde temprana edad se buscan e intentan alcanzar, voy a continuar con el cambio durante el siglo XX.
A diferencia del siglo XIX, en el XX los conflictos armados interestatales se habían reducido drásticamente. Por una parte desde la guerra de Malvinas, que supuso el enfrentamiento de una nación regional frente a una no regional, no se encontraban conflictos armados interestatales en Sudamérica desde 1941. Por lo cual el escenario era completamente diferente, algo había cambiado que les permitió a los Estados Sudamericanos dejar de lado el uso de la fuerza y comenzar a utilizar nuevos mecanismos de solución de controversias. Por otro lado, los acuerdos y pactos ya sean de carácter bilateral o multilateral aumentaron considerablemente, de esta forma la doctrina realista sufre un fuerte golpe ya que los estados no buscan como primera y única solución efectiva el uso de la fuerza, si no que comienzan a tener en cuenta, ya desde el siglo XIX y debido a la tradición mencionada anteriormente, una tendencia a utilizar mecanismos de carácter más liberales.  Por otro lado el rol del hegemón cambia sustancialmente. La política imperialista llevada a cabo por el Brasil durante gran parte del siglo XIX y una parte del XX, que generaba miedo e incertidumbre por parte del resto de los estados, se deja de lado, y comenzamos a ver mayor interacción con el resto de los actores regionales. En fin este gran cambio, tiene sus raíces en los ideales de unidad y de confederación que promulgaban los primeros libertadores del continente. Ideales heredados de una tradición cristiana occidental que presenta un origen relativamente similar, al ser España y Portugal los principales actores durante la época colonial en Sudamérica. Si bien y como explico más adelante, según Holsti hay otras características más referidas al Estado que explican el cambio entre el siglo XIX y el XX, sin dejar de lado los mecanismos de solución de controversias mediante medios pacíficos y legales.
Una tradición que comienza a proponer lo mecanismos de solución de conflictos mediante la mediación, el arbitraje, la diplomacia y haciendo referencia al respeto del derecho internacional. Lo que caracterizo puntualmente más adelante. De todas formas es evidente que comienza a haber una tendencia desde temprana edad a llevar a cabo una buena relación entre los estados y una cooperación fuerte a nivel regional. Si bien según Luna Pont y Paradiso posee un carácter utópico, debido a cuestiones que también aclaro y analizo a lo largo del trabajo.
Retomando los cambios que los autores introducen en el nuevo enfoque es claramente evidenciable que los países sudamericanos debido a su tradición, a su progresivo desarrollo y a su búsqueda de ejecución han intentado alcanzar la cooperación entre estados como un mecanismo de resolución pacifica de controversias. En donde la diplomacia y el derecho internacional juegan un rol fundamental, que necesita de mayor relevancia durante la década de los 90s y la actualidad, según Kacowicz, para alcanzar una comunidad pluralista de seguridad y poder establecer en la región la paz. La región ha ido evolucionando de una Paz Negativa o de una Zona de Guerra a una Paz Estable o Zona de Paz, pero claramente es evidenciable que los mecanismos que han intentado alcanzar y utilizado los estados mediante Congresos, Acuerdos, Pactos y conformación de Organismos Internacionales ha jugado un papel fundamental para alcanzar la Zona de Paz. Para los autores esta tradición y este gran número de pactos, acuerdos, cartas, tratados y acuerdos bilaterales y multilaterales ha fortalecido los lazos de la región y logró convertirla enana zona muy próxima a la paz absoluta. En donde no solo no se han evidenciado gran cantidad de conflictos armados en el último siglo, si no que los métodos utilizados para alcanzar esa paz han sido constituidos en un orden primordial para toda la región.
Los autores mencionan la tradición proveniente de Europa, la especialización de varios próceres en ramas como el derecho, lo cual promovió las relaciones enmarcadas en un contexto de legalidad y respeto al derecho internacional, el origen común de los estados sudamericanos y su relativa homogeneidad, el avance progresivo hacia mecanismos bilaterales y multilaterales para establecer acuerdos y buscar alcanzar intereses mutuos entre los estados de la región, la búsqueda de mayor interdependencia económica, volcar el mercado particular de cada estado hacia la región, para poder no solo mejorar las relaciones económicas de la región si no también obtener beneficios del comercio, consolidar organismos que permitan todas estas medidas y que a su vez pueda tener un carácter y un rol determinante dentro de la región. Todas estas características acercan a lo que la mayoría de los autores tienden a mirar como un futuro esperanzador para la región, es decir la posibilidad de continuar con todos estos mecanismos para mejorar cuestiones particulares pero principalmente para fundamentar el análisis comprendido por los autores, de intentar demostrar que no solo Sudamérica posee otra clasificación y otras características de las cuales se les tiende a atribuir si no que de poder alcanzar estos objetivos de la mano de una comunidad pluralista y de organismos regionales pueda convertir la región en una Zona de Paz absoluta, que es el rumbo hacia el cual se encamina.
Tanto Paradiso y Luna Pont, Holsti y Kacowicz coinciden que Sudamérica posee una característica que la hace una región completamente diferente a las demás. Principalmente a la hora de poner en debate las teorías que sugieren que en las áreas constituidas por estados débiles o inestables se da la guerra como un fenómeno habitual y recurrente. Esta mencionada característica por los autores es el bajo grado de conflictividad bélica entre los Estados de la región, lo cual nos habla de un alto grado de cooperación y resolución de conflictos mediante mecanismos tales como la diplomacia y el derecho internacional. Esta característica la diferencia del resto de las regiones, lo cual hablando en términos de un bajo nivel de conflictos bélicos a partir del siglo XX (más adelante vamos a ver que varios autores establecen una diferenciación entre el período que abarca desde las independencias hasta fines del siglo XIX y por otro lado el escenario en el cual se desenvuelven las naciones sudamericanas a partir del siglo XX y mediados de este mismo)  que para algunos autores tales como Kacowicz nos permite hablar de Sudamérica como una “Zona de Paz”, entendiendo la clasificación que el hace de una región geográfica cuyos estados han mantenido relaciones pacíficas entre ellos por un período no menor a treinta años, a pesar de conflictos entre ellos y momentos de crisis.
Hay una característica que la mencionan todos los autores, la cual nos habla que ninguna otra región del mundo posee tantos tratados, cartas, documentos, convenciones y resoluciones de carácter bilateral y multilateral que conllevan al arreglo pacífico de controversias en las disputas internacionales. Esto nos habla del desarrollo progresivo que han ido llevando a cabo las naciones latinas desde sus respectivas independencias hasta el día de hoy. A pesar de haber atravesado por conflictos regionales, las problemáticas la hora de insertarse en el mercado mundial (en lo cual respecta al orden económico) y regímenes autoritarios, los estados de Sudamérica  han continuado con este mencionado mecanismo de cooperación, resolución pacífica de controversias y de buscar la mediación y el arbitraje local a la hora de resolver disputas.
Los estados estuvieron siempre pendientes de buscar sus independencias y de garantizar o preservar a los estados independientes de la región. De esta forma para los autores hay un nexo con los ideales de nuestros padres fundadores y las políticas regionales que llevaron a cabo los estados de la región. Esta idea de establecer y garantizar un mecanismo de resolución pacífica de controversias y el Principio Interamericano de Defensa Mutua fueron ideales originalmente planteados por Bolívar, que a pesar de las diferencias y los diversos escenarios a lo cuales debieron enfrentarse los estados en sus primeros años de independencia de una u otra forma se intentaron de llevar a cabo. La paz regional y garantizar las independencias de todos los estados, ya sea frente a una amenaza externa o frente a la posibilidad de sabotaje a la independencia de un estado, siempre se buscó alcanzar mediante mecanismos de coordinación mutua.
Es importante mencionar lo que Holsti y Kacowicz denominan como la tradición derivada de los europeos, lo cual le permitió a la región alcanzar un alto grado de civilidad para poder llevar a cabo estos mecanismos mencionados. Parte de la cultura occidental, ya sea de acuerdo al desarrollo ideológico o a los sistemas políticos y diplomáticos, tuvo gran influencia en la herencia que obtuvo Sudamérica y que permitió alcanzar el estado pacífico frente al cual nos encontramos hoy en día. No solo en el marco de la legalidad, la democracia, y lo que Paradiso y Luna Pont mencionan como el ideal por parte del Viejo Continente de transferir a América una responsabilidad en donde los ideales creados por ellos pudieran ser puestos en práctica  y correctamente implementados, si no que también en lo que hace a la tradición y al legado común que comparten las naciones. Aquí Kacowicz señala un punto interesante. Es cierto que la América Española y la América Portuguesa no presentaban grandes diferencias y controversias referidas al ámbito social, religioso y político, lo cual nos permite hablar de determinadas similitudes entre ambos sectores. Una vez llegada las independencias, si bien Brasil optó por un rumbo diferente del que optaron la gran mayoría de estados pertenecientes a la antigua América Española, ambas conservaban una identidad común relacionada con la tradición cristiana europea y occidental. Lo cual permitió y favoreció al desarrollo de un ambiente aún más pacífico, debido a los conflictos étnicos, los tribalismos y los choques entre religiones y dogmas. Claramente lo podemos contraponer con otras regiones tales como África y el Sudeste Asiático. En donde los tribalismos, la influencia de diversas religiones y dogmas, sumado a la gran cantidad de étnias, perjudicó el desarrollo pacífico entre los estados y en cierta forma perjudicó al sentimiento de pertenencia regional que sí encontramos en Sudamérica. A lo mejor queda un poco confusa esta última caracterización que realizo, pero para aclarar, Latinoamérica posee un origen común y características derivadas de la tradición cristiana europea. Por consiguiente podemos hablar que a la hora de mencionar conflictos ideológicos, ya sea debido a varias religiones en la región o a la influencia de ordenes coloniales muy divergentes entre sí, esto no se da en América Latina, por lo cual la región no debió enfrentarse a esos conflictos, que sí otras regiones aún hoy en día disputan.
Por otra parte, y ahora haciendo más hincapié en el análisis que llevan a cabo Paradiso y Luna Pont, me interesa mencionar la temprana búsqueda de consagrar y llevar a cabo Congresos Regionales en donde los diferentes estados puedan ponerse de acuerdo para llevar a cabo las cuestiones más importantes de la agenda regional. Desde un principio como ya mencioné, los temas se abocaban más a la unidad y a la coordinación para impedir cualquier intento de nueva colonización por parte de una potencia extranjera que pudiera llegar a amenazar el equilibrio. Paradiso y Luna Pont van esquematizando como progresan estos Congresos y la periodicidad con la cual se van llevando a cabo. Además de por supuesto, hacer referencia a los nuevos temas que van surgiendo en la “Agenda Grande”. Mencionan los ideales de Monteagudo, la posibilidad de plasmar y llevar a cabo el proyecto de Bolívar, la conservación de la paz regional y el arreglo de controversias mediante vías pacíficas. A su vez como se mencionó anteriormente la agenda se amplia. Se comienza a hablar de normas aduaneras, de la trata de reos y acusados de crímenes políticos, la navegación y por supuesto un incremento de relaciones comerciales entre las naciones.
En el ámbito político, vemos como la democracia y la forma de gobierno republicana es la dirección hacia la cual tienden las naciones y de las cuales se hablan en los Congresos. Se busca mantener una unidad regional, acrecentar las relaciones bilaterales y multilaterales las cuales permiten reforzar los vínculos entre los estados. En fin vemos como las naciones buscan mediante los Congresos consagrar valores políticos y económicos que favorezcan a la región y que impidan las contiendas bélicas, las agresiones, las carreras armamentísticas y la guerra entre los estados.
Pero según Paradiso y Luna Pont esta perspectiva sería utópica. En primer lugar debido a la debilidad de las comunicaciones entre los estados, no solo la geografía de la región dificultaba las comunicaciones si no que también los medios de transporte que poseían no eran tan avanzados ni estaban expandidos como en Europa, luego los vínculos económicos entre los estados latinos no era tan grandes, principalmente debido a que individualmente cada uno comerciaba con potencias extra regionales, por otra parte aún encontramos disputas territoriales principalmente relacionadas con la delimitación de las fronteras entre los estados, y finalmente muchos de los estados se encontraban con disputas internas que los remitían a tener que volcar gran parte de su tiempo y atención a las cuestiones locales. A pesar de todo esto, queda bien claro en el texto “Paz y guerra en la trayectoria latinoamericana” que la formación de Congresos y Encuentros entre los estados no se interrumpiría ni tampoco fracasaría, si no que en mi opinión, se intenta mencionar que presentaban ciertos contratiempos debido principalmente a la temprana edad de los estados Latinoamericanos.
Retomando lo que mencioné muy brevemente al comienzo, los autores coinciden en señalar una partición en el transcurso en el cual se desarrollan estos mecanismos en la región. Aquí me parece importante destacar la apreciación que realiza Holsti. Teniendo en cuenta que en su análisis, él mismo divide en dos partes ambos desarrollos para poder caracterizarlos y a su vez diferenciarlos de si mismos. Holsti habla de un siglo XIX que se presenta como una zona clásica de guerra, en donde encontramos 6 guerras formalmente declaras y 5 invasiones o intervenciones. De esta forma es evidente el uso de la fuerza y la amenaza mediante el uso de la fuerza que se da desde 1816 hasta 1900. Tanto las alianzas, el balance de poder, el rol del hegemón  regional, Brasil, y el uso de las armas para resolver los conflictos, nos permite caracterizar a la región como una traducción del escenario europeo. Principalmente las cuestiones entre estados, más allá de los intereses de cada estado que podemos caracterizar con la visión realista que nos ayudaría a comprender este período según Holsti, hacían referencia a las problemáticas en cuanto a los límites territoriales. Las contiendas bélicas se desarrollaron a mediana y gran escala, principalmente en Sudamérica, y en cuanto a las relaciones bilaterales y al comercio, los estados latinos miraban más hacia Europa que hacía la propia región. También me gustaría mencionar que Holsti hace una caracterización que la podemos relacionar con los impedimentos geográficos y de vías de comunicación que hacían el afán de unidad regional y de confederación que Luna Pont y Paradiso señalan como utópico. Aquí es cuando Holsti menciona las grandes barreras geográficas y la problemática para demarcar los limites, que llevan a las contiendas bélicas entre los estados. Creo que esta característica de la región remitida al territorio geográfico y a localización de los estados dieron lugar a conflictos o a impedimentos a la hora de intentar alcanzar una fuerte unidad regional dada por vínculos entre los estados. A pesar que encontramos barreras geográficas y sacando el nivel de desarrollo logístico y las redes de conexiones, Europa resultó más privilegiada que América Latina. Una América Latina que desde la época de la colonización podemos hablar de las fallas de comunicación entre los antiguos virreinatos y los centros comerciales. Pero es una apreciación propia que a lo mejor no sea del todo correcta, aun así me parecía importante señalarla.
Por otro lado Holsti caracteriza al siglo XX en América del Sur como una “Zona de no guerra”. Esta era fue de relativa paz, llevando a la región junto con Norteamérica a ser una de las zonas mundiales con mayor grado de paz.
Muchas de las características que encasillamos dentro del realismo, tales como el balance de poder, la supremacía bélica y el uso de la fuerza o el rol del hegemón regional, no se vieron caracterizadas en este periodo, ya que el arbitraje y la resolución pacifica de controversias fueron de índole primaria en toda la región. Por su parte los acuerdos multilaterales, los vínculos diplomáticos, las relaciones comerciales y la apertura de mercados se intensificaron en esta época. Por último Holsti menciona dos características más de este periodo a tener en cuenta. Una es el escaso cambio de fronteras y los cambios en cuanto a los territorios de los estados. Hay que tener en cuenta que desde las independencias no desapareció ningún estado de los originarios ni tampoco surgió uno nuevo, lo cual nos demuestra el respeto y el compromiso que mantuvieron los estados entre si. La otra característica que menciona Holsti es el rol del hegemón. Brasil, no continuó llevando a cabo una política imperialista, que pudiera perjudicar a la región o que pusiera en riesgo la soberanía de los estados sudamericanos, si no que durante el siglo XX demostró estar “satisfecho”, como detalla Holsti, con sus posesiones territoriales. Luego de la década de los 70s y los 80s, Brasil comenzó a llevar a cabo fuertes relaciones bilaterales  con miembros de la región, principalmente con la Argentina, que es con quien había mantenido varias disputas y tensiones a lo largo de las décadas anteriores.
Conjuntamente con la división que realiza Holsti entre el Siglo XIX y el XX, él señala ciertas visiones para poder explicar el porque de estos cambios abruptos entre un momento y otro. Se encarga de buscar explicaciones en el realismo, en la tradición cultural, en la visión liberal, entre otras. Pero el menciona que la clave para comprender su caracterización es visualizar a los estados fuertes como una explicación. Aquí vemos que los estados fuertes generan un ambiente de paz en su región, por lo cual cuesta entender que Sudamérica esté en camino de una zona de paz completa, debido a que no se toman en cuenta a los estados de la región como estados fuertes. Las políticas locales son débiles, a lo largo de la historia han habido cambios de gobiernos constantes, en el primer período los problemas debido a la falta de delimitación territorial llevó a conflictos bélicos y a la estabilidad de aquel período, los estados carecían de sociedades civiles fuertemente conformadas y de políticas de integración. Pero en el plano internacional los estados han intentado respetar la identidad territorial, principalmente a partir del siglo XX, en parte debido a que las disputas territoriales no acaparaban la totalidad o un gran sector de  territorio, si no que eran espacios, o mejor dicho, territorios reducidos. Por otro lado las controversias se buscarían solucionar mediante la cooperación y el arbitraje, recurriendo al derecho internacional y no a contiendas bélicas que terminarían desgastando a los estados en cuestión. A su vez, las problemáticas internas generalmente han sido más de carácter ideológico que bélico, lo cual si bien encontramos cuestiones internas a tener en cuenta, estas no alcanzaban el grado tal como para impedir una buena relación y un orden pacifico en la región. Por último a diferencia de Centroamérica, no se ha intentado utilizar al Estado para debilitar a sectores sociales o a subgrupos de la sociedad.
Para finalizar me parece interesante señalar lo que Kacowicz denomina como Comunidad Pluralista de Seguridad en Sudamérica. A lo largo de su desarrollo de la “Larga Paz Sudamericana”  Kacowicz menciona el transcurso que va sufriendo la región desde 1883 con la Paz Negativa hasta la Paz Estable en 1995 y en adelante y como los estados van buscando alcanzar la resolución de las controversias mediante mecanismos avalados por el  derecho internacional que no inciten a las partes al uso de la fuerza, lo cual nos permite visualizar lo que el autor claramente evidencia como el aumento de interdependencia económica y de integración política, ya sea mediante los acuerdos bilaterales (menciona principalmente la relación post década de los 80s entre la Argentina y el Brasil) o mediante la conformación de instituciones y organismos internacionales tales como el MERCOSUR.
El plantea que al máximo nivel al cual puede aspirar los estados sudamericanos es a la conformación de una comunidad pluralista de seguridad. La cual va a estar avalada por un alto grado de institucionalización, donde el peso de las instituciones sea fuerte y ejerza control entre los estados, una fuerte identidad comunitaria principalmente fortalecida mediante un régimen político común y una mayor interdependencia económica. Aunque menciona que la presencia de regimenes democráticos no es una condición necesaria para la constitución de la comunidad pluralista. Él señala que los estados sudamericanos deben buscar alcanzar una alta identidad regional para articular políticas en común y llevar a cabo planes económicos con beneficios para todos.





                                                                         Tomás Vera Ziccardi.