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domingo, 1 de marzo de 2015

Tuol Sleng



Tuol Sleng









Autor: Tomás Vera Ziccardi






Durante el lapso de tiempo que abarca los años 1975 y 1979 acontecieron eventos nefastos en Camboya. El experimento nacional de la Kampuchea Democrática demostró ser una de las experiencias más perturbadoras del siglo XX. La historia, al igual que la actualidad de aquel momento, han puesto poco foco en lo sucedido en una pequeña nación del Sudeste Asiático. Esto ha sido en parte debido a la Guerra de Vietnam pero por sobre todo a la complicidad y responsabilidad del mundo respecto a la gesta e incentivo de lo que sería el genocidio camboyano de los Khmer Rouge. Puede deberse a esto tanto como a la falta de conocimiento específico el hecho que el lector desconozca lo suscitado en Camboya durante aquellos años. No solo fue un período terrible para el pueblo camboyano sino que los mecanismos aplicados por el poder para gobernar permanecen aún desconocidos para gran parte del mundo. Dentro de dicho marco, la Prisión de Seguridad 21 (S-21) es uno de los testimonios más fieles de la cruda realidad vivida bajo el régimen polpotista. Mi interés yace en hablar de dicha prisión, el motivo por el cual fue abierta, los mecanismos empleados, la vida en ella y las consecuencias que tuvo luego de la caída de la Kampuchea Democrática en 1979. Tomando en cuenta lo expresado con anterioridad, realizaré una breve introducción general al contexto regional y la situación nacional durante las décadas de los 60s y 70s. El principal motivo es que generalmente se desconoce el motivo por el cual los Khmer Rouge llegaron al poder y por otro es imposible comprender su accionar si no se tiene en cuenta la evolución general de la región y la intromisión de ideales y actores foráneos desde por lo menos la década del 50. 









La Kampuchea Democrática (1975-1979) fue uno de los experimentos más trágicos que debió padecer el pueblo camboyano. El nuevo modelo de nación convivió con un escenario regional sumamente inestable a pesar del aislamiento autopimpuesto por su propia cúpula dirigencial. En la imagen se puede apreciar la bandera oficial de dicho régimen.





Debido a los cambios de poder en el sistema internacional, luego del profundo conflicto colonial de Francia en Indochina las partes buscarían reacomodarse. En 1954 se firmaron los Acuerdos de Ginebra que garantizaban la neutralidad de Camboya en el conflicto suscitado entre lo que ahora era Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Dicha neutralidad mantenía aislada del conflicto, que ya acarreaba varios años, a una nación próspera y pacífica como lo era Camboya (en comparación a sus vecinos). Al mismo tiempo aseguraba no expandir el conflicto para el resto de los actores. Lo cierto es que con el paso del tiempo sería imposible no sufrir los efectos de una guerra que comenzaba a escalar a gran velocidad. La influencia de las grandes potencias también resquebrajaría la tácita neutralidad camboyana. 
La década del 60 daría cuenta de lo previamente mencionado. Con la crisis de Laos en 1961 y la posterior entrada formal de Estados Unidos en la guerra (en 1964 luego del incidente del USS Maddox en el Golfo de Tonkin), Camboya pasaría a ser un daño colateral de la compleja crisis regional.
La ideologización en la región y la influencia del clivaje capitalismo - comunismo también repercutieron notoriamente. La primera generación de camboyanos formados en el exterior había conocido las ideas de liberación popular, comunismo y lucha contra el colonialismo. Entre ellos se encontraba el joven Saloth Sar, formado en Francia, que posteriormente ocuparía un rol central en la formación del primer partido comunista camboyano. Durante los 50s y 60s, Norodom Sihanouk ocupaba el cargo de Primer Ministro de Camboya. El miembro de la familia real proclamaba defender la neutralidad de su nación, lo cierto es que por momentos recibió apoyo de Estados Unidos y China. La neutralidad de Camboya, podría decirse, era más bien mantenida desde fuera que autosostenida. La economía nacional se encontraba en buenos términos y la situación interna era bastante estable. Sin embargo, con la muerte del Rey Suramarit en 1960 el rumbo viró rotundamente. Sihanouk sería nombrado jefe de estado. Su accionar durante los 10 años de mandato darían cuenta de graves errores en el plano diplomático. Si bien las intenciones de Norodom eran buenas, falló en comprender que la región se encontraba en una crisis donde las decisiones las tomaban las grandes potencias. Al no vislumbrar la lucha por el balance de poder, Sihanouk condenó a su nación a ser una ficha más del tablero al tiempo que él creía fervientemente en ser uno de los jugadores. Sihanouk pasó de ser aliado de Washington a defenestrar públicamente a la CIA, acusar a los oficiales y burócratas camboyanos de corrupción y "buscar dólares" (en lugar del bienestar de su pueblo), virar por momentos hacia el movimiento de países no alienados, entre otros. El jefe de estado se acercó a Moscú y Hanoi. Todo esto mientras en el plano interno, que él creía tenerlo bajo control, los movimientos radicales de izquierda eran apoyados por Mao y financiados por Ho Chi Minh y los militares entrenados por la CIA para removerlo mediante golpe de estado. En el afán por preservar algo que jamás había existido, el excéntrico Sihanouk falló en comprender que Camboya era Laos y Vietnam no China, Estados Unidos y la Unión Soviética. 

Regresemos por un momento a los movimientos opositores al régimen camboyano. Las desigualdades entre el campo y la ciudad, las disparidades entre los que más tenían y los que menos, además de la corrupción del gobierno de Sihanouk, agudizaron el apoyo a los grupos revolucionarios. El ya no tan joven Saloth Sar tenía el apoyo de Vietnam del Norte. Quien ahora era conocido como Pol Pot comenzaba a ganar apoyo en el campo y a erigirse como líder del movimiento revolucionario más grande de la nación. En 1970 Norodom Sihanouk sería removido por un golpe de estado a manos de los principales líderes militares y apoyado por Estados Unidos, el congreso y la burocracia nacional. El gobierno de Lon Nol, a pesar de provenir del ámbito castrense y contar con apoyo pleno de Washington, no podía controlar la situación interna. Los ahora Khmer Rouge acaparaban vastos sectores del interior del país y las insurgencias contra las fuerzas oficialistas crecían día a día. Esto fue potenciado con los bombardeos encubiertos aprobados por la administración Nixon. Ellos fueron usados por los comunistas para generar mayor recelo en los sectores atacados y terminar posicionándolos contra el gobierno y Estados Unidos. La situación se agravó cuando desde el exilio Sihanouk se alió a los Khmer Rouge creyendo que podría recuperar su trono. Este movimiento sería fatal: los Khmer Rouge usaron al monarca para ganar mayor apoyo de los sectores rurales (promonárquicos) y reclutar revolucionarios. Del otro lado, Estados Unidos agudizó los bombardeos y terminó llevando a cabo una ofensiva relámpago junto a Vietnam del Sur en territorio fronterizo camboyano. Allí mismo confluían Vietnam del Norte, China, Vietnam del Sur, Estados Unidos, el gobierno de facto de Phnom Penh, los Khmer Rouge, la administración Nixon y Norodom Sihanouk. En el medio de todo ello, el pueblo camboyano. Cuando a fines de 1973, comienzos de 1974, el Congreso de los Estados Unidos de América toma conocimiento de los bombardeos secretos, restringe el accionar del gobierno de Nixon. Ello implicó un último ataque masivo sobre Camboya antes de la retirada. El gobierno de Lon Nol quedó sin el apoyo vital de Estados Unidos al tiempo que los comunistas cercaban la capital con el apoyo de prácticamente toda la población. El gobierno tenía los días contados. Los bombardeos habían sido prohibidos y cuando a fines de 1974, comienzos de 1975 Estados Unidos retiraba a su embajador, personal militar y el último avión de Air America (la aerolínea encubierta de la CIA) despegaba de Phnom Penh todo estaba dicho. Ese momento había sido la luz verde para Pol Pot y sus Khmer Rouge. La ofensiva masiva financiada por Beijing y con el visto bueno de Hanoi tomó lugar. 









Saloth Sar (1925-1998), más conocido en Occidente como Pol Pot, fue uno de los principales líderes de los Khmer Rouge. Su trabajo desde las sombras lo caracterizó a lo largo de toda su vida, desde los primeros momentos de formación del partido comunista hasta su proclamación como máximo mandatario de la Kampuchea Democrática. También llamado "Querido líder" o "El hermano número uno", Pol Pot fue uno de los principales responsables por el genocidio que se cobró a cerca de 2.000.000 de personas en Camboya.





Una breve recapacitación final. El escenario gestado en Camboya fue más complejo de lo que se creía. Dicha complejidad llevó a que los diversos actores tomaran medidas caóticas e impulsivas (ejemplo Estados Unidos, Norodom Sihanouk y Lon Nol). Las medidas jamás pudiesen haber revertido una crisis social, económica, ideológica y nacional que había comenzado más de una década atrás. Fueron pocos quienes comprendieron que Estados Unidos ya había arreglado por atrás con Vietnam del Norte a través de los Acuerdos de París (1973). Con ello Nixon y Kissiger habían sellado la salida del Sudeste Asiático. Los militares camboyanos pro-Estados Unidos no lograron comprender que Estados Unidos no los apoyaba, tan solo dinamitaba la región antes de hacer su salida formal en 1975. Camboya no sería más un daño colateral de la guerra en Vietnam, ahora había pasado a ser una mina antipersonal para Hanoi. Todo ello a costa del sufrimiento del pueblo camboyano. Una nación que dos décadas atrás solo conocía de paz, seguridad social y estabilidad económica, ahora se encontraba dividida, despojada, abandonada, aislada, sumida en la pobreza y a las puertas de una masacre inhumana. Sí, las potencias extranjeras fueron responsables. Por acción u omisión. Nadie puede negar que los bombardeos de los B-52, mantenidos a escondidas por Richard Nixon, agravaron la situación social e incrementaron la violencia interna. Otros países asiáticos también aportaron su cuota de arena financiando a los movimientos revolucionarios para mejorar sus respectivas posiciones en el tablero geopolítico. Todos fueron culpables del escenario gestado hasta 1974, pero nadie se haría responsable de lo sucedido de 1975 en adelante. Camboya quedó aislada. Los Khmer Rouge tenían vía libre para ejecutar todo lo que habían planificado durante años desde los remotos confines de la jungla camboyana. Dentro de los mencionados planes se encontraban la persecución, matanza y tortura de la población. Allí es donde entra en juego Tuol Sleng, que es de lo que me interesa hablar.









Estados Unidos fue un actor clave en el Sudeste Asiático desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial (1945) hasta la Caída de Saigón (1975). Durante los años de la administración Nixon se llevaron a cabo bombardeos secretos en territorio camboyano, algo que terminaría contribuyendo al aumento del conflicto interno.


En la imagen se puede apreciar al bombardero B-52 de la fuerza aérea de los Estados Unidos durante uno de los vuelos sobre Camboya en 1973.





Las ideas obtenidas en Francia y el contraste con la realidad en su nación llevó a que la generación de camboyanos formados bajo preceptos comunistas buscaran destruir las bases de lo que era la Camboya de los 50s y 60s. La conciencia de los comunistas camboyanos apuntaba a exterminar todo vestigio de injerencia extranjera. Líderes como Pol Pot y Khieu Samphan no eran defensores de preceptos marxistas, eran por sobre todas las cosas fervientes nacionalistas que añoraban regresar al apogeo del pueblo khmer. La próspera Camboya de los siglos previos a la intromisión foránea. Para lograr dicho objetivo era necesario eliminar cualquier vestigio de la sociedad moderna, fuertemente influenciada por los modismos occidentales. La monarquía, las élites nacionales, los banqueros, burócratas y líderes militares, todos aglutinados en Phnom Penh, la cual era símbolo de la corrupción y decadencia nacional. Ellos no representaban al pueblo camboyano. Aquel pueblo que debía trabajar hasta el cansancio en el campo para mantener los lujos de la élite pro-Occidente. Una élite que además era servil ante Estados Unidos y el capital extranjero. Los Khmer Rouge querían destruir todo ello. Lo cual también implicaba destruir su mayor símbolo de esplendor: la ciudad capital, Phnom Penh. Esto es lo que ciertos historiadores han fallado en comprender. Cuando a partir de 1975 comienza la migración forzada de la ciudad al campo y la capital queda vacía, no fue porque Pol Pot quisiera emular a los líderes revolucionarios chinos, sino más bien porque Phnom Penh era el mayor símbolo de todo lo que los Khmer Rouge querían destruir. En su ideario, dicha ciudad no podía existir y debía ser destruida de inmediato. 
Al tener fuertes lazos con el exterior, las clases privilegiadas no solo eran funcionales a las potencias extranjeras, eran parte de ellas. En palabras de Pol Pot eran "el enemigo interno". Un enemigo que había sido adoctrinado y posteriormente insertado en la sociedad camboyana, sociedad a la cual no representaban y al no representarla tampoco protegían. De dicha forma, los Khmer Rouge "estaban llamados" a despertar al pueblo sumido en la ceguera impuesta por los "traidores a la patria". Podría decirse que ellos creían tener un destino manifiesto a despertar y guiar al pueblo. Era preciso una revolución multidimensional. Dicha revolución no permitía la supervivencia del enemigo, básicamente porque ello implicaba una coexistencia, algo que era nada menos que la prolongación de antiguo orden. Había que aniquilar al enemigo interno, el enemigo del pueblo. A fin de concretar dicho objetivo era preciso contar con determinadas variables. Por un lado la conducción central del Partido Comunista de la Kampuchea. Partido guiado por su "querido líder" o "El hermano número uno". Quien a pesar de no haber sido el gobernante inicial, era Pol Pot. Histórico líder desde las sombras. En segundo lugar era indispensable aniquilar al enemigo con el consentimiento del pueblo, lo cual demandaba readoctrinamiento de este último. Se debía despojar al pueblo de las mentiras y falacias contadas por los enemigos. Una vez que el pueblo fuera reeducado sería él mismo quien juzgaría a sus antiguos opresores. Pensemos lo siguiente por un momento. Si un pueblo es reeducado y todos cuentan con la misma formación prefabricada desde arriba, difícilmente exista disenso y cuestionamiento. Esto le daba total libertad de accionar a los Khmer Rouge. Todo lo que hiciera la cúpula de poder era aprobado por unanimidad. Aquellos que osaran diferir eran considerados enemigos. En la utópica sociedad polpotiana se buscaría forzar las variables al máximo. Si la situación ya era catastrófica antes de 1975, imagine el lector por un momento lo que sería forzar al pueblo a hacer tareas completamente desconocidas. Dentro de dicho afán por forzar exactamente todo, la economía planificada y centralizada sería fundamental. La caída de Norodom Sihanouk había terminado de destruir al sector agrícola. La quita de apoyo por parte del gobierno central, el posterior redireccionamiento de fondos nacionales (gobierno de Lon Nol) hacia el gasto militar (vía directa a las empresas armamentistas estadounidenses) y los bombardeos al campo destruyeron el sistema agrícola nacional. Hacia  1975 no quedaba prácticamente nada de lo que fuera para 1959 una de las agriculturas más prósperas de la región. Los Khmer Rouge forzarían la agricultura a niveles jamás vistos previamente. A esto sumémosle la presencia de sequías. En una nación que tecnológicamente había regresado a la edad de piedra. A los camboyanos solo les quedaba rezar. Existía una falta total de insumos porque el país estaba cerrado al mundo externo. Las pocas máquinas provenientes de China no eran suficientes como para recomponer una economía que precisaba de tecnología de avanzada, para la cual los Khmer Rouge no contaban con los fondos. La solución: obligar a millones de personas carentes de cualquier tipo de conocimiento en agricultura a trabajar la tierra durante cerca de 20 horas diarias. El factor trabajo era lo único que le quedaba a los Khmer Rouge. No había inversión, desarrollo ni tecnología. Tampoco capital. El factor tierra había sido devastado por largos años de guerra. Si a esto le sumamos desconocimiento a la hora de desarrollar una economía de subsistencia agrícola, comprendemos que la estrategia de los seguidores del "hermano número uno" era un suicidio masivo (lo cual terminó sucediendo). 









En 1975 los Khmer Rouge realizaron su entrada triunfal a Phnom Penh, capital de Camboya. Fueron vitoreados por sus residentes quienes los reivindicaban como liberadores nacionales. Bajo la promesa de evacuar la ciudad con motivo de los bombardeos estadounidenses, todos los ciudadanos capitalinos serían desplazados al campo para vivir en el nuevo régimen nacional. 


En la imagen se puede divisar la ciudad de Phnom Penh luego de su evacuación forzada en 1975. Para los Khmer Rouge dicha ciudad era símbolo de la opresión burguesa manipulada por intereses foráneos.





Las vertientes ideológicas profesaban el regreso a los tiempos de apogeo del Imperio Khmer, lo cual implicaba romper de toda influencia y contacto con el exterior. Si observamos las dos vías apreciamos que el país viviría bajo un aislamiento autoimpuesto y por otro lado las grandes potencias mirarían al costado o bien taparían la realidad en Camboya. Como los líderes comunistas querían vivir de lo que les otorgaba la madre patria, forzaron a millones de personas a trabajar en el campo. Existió una colectivización forzada de la tierra. Un factor importante vinculado a la subsistencia agraria fue la eliminación del concepto occidental de clases sociales. Los camboyanos debían considerarse hermanos (siendo Pol Pot el "hermano número uno"), una nación viviendo de lo que producía. En dicho proceso, quienes tenían formación avanzada, habían trabajado para corporaciones o entidades extranjeras y quienes se habían capacitado en otros países debían perder dichas herramientas, las cuales eran vistas como privilegios burgueses, para reinsertarse en la nueva sociedad camboyana. La producción del pueblo, con los recursos del pueblo era para el pueblo. No existía la iniciativa privada. Tampoco valores de cambio ni mucho menos mercados de divisas, acciones u bonos. La economía había regresado, literalmente, a la era del Imperio Khmer, mientras que el resto del mundo ingresaba en una fase de globalización prematura. 
Recordemos que los bancos fueron cerrados, las universidades y centros de formación superior clausurados. La educación en Camboya había estado siempre en manos de los extranjeros o las élites, por lo cual era vista como instrumento de adoctrinamiento foráneo. Al haber cerrado los bancos nadie podía tener depósitos en ningún lugar. No solo porque no había donde guardarlos, ¡especialmente porque no había nada que depositar! 









Bajo los preceptos del nuevo estado, todos aquellos que no lograran adecuarse eran vistos como enemigos internos, saboteadores y agentes encubiertos. Los Khmer Rouge instalaron un sistema de centros de detención y campos de concentración a lo largo de la nación. Allí serían alojados todos aquellos que representaran un problema para los intereses del nuevo régimen. 


Aquí podemos apreciar el centro de detención Tuol Sleng, ubicado en Phnom Penh. Imagen cortesía de Wikipedia.





Como se ha explicado hasta el momento, los Khmer Rouge buscaron la estandarización social bajo parámetros que no solo distaban enormemente de los imperantes en la segunda mitad del siglo XX sino que además eran completamente incomprensibles para el propio pueblo camboyano. Si se construye una ideología de homogeneización social es evidente que no se tolerará, bajo ningún concepto, la disidencia. Todo aquel que no formara parte de la nueva sociedad, que no se adecuara a los parámetros del pueblo, que tuviera influencia del antiguo régimen, que no pensara como se le decía, que desobedeciera y que fuera sospechado de atentar contra el bien común era eliminado. Simplemente porque para la ideología nacional era visto como un enemigo del pueblo, un contratiempo para erigir la Kampuchea soñada por Pol Pot. A dichos fines, era preciso contar con centros de "adoctrinamiento", "reeducación" y "reinserción social". Algo que en Occidente conocemos como centros de tortura. Había desde campos de concentración hasta centros de interrogatorio. Los Khmer Rouge buscaron eliminar de forma completa al enemigo interno. Desde la eliminación física directa hasta la tortura psicológica. Estos centros, creían los camboyanos, eran para el bien de la sociedad. Allí estaban los culpables, quienes atentaban contra el orden y el bienestar social. Personas que a lo mejor por haber hablado un día en francés frente a un oficial del pueblo, eran condenadas a largos años de tortura y penuria. En una nación carente de un sistema jurídico que reuniera parámetros mínimos, las injusticias estaban a la orden del día. Los campos de concentración también sirvieron para alertar a la sociedad, mantenerlos callados, que nadie hablara. Donde reina el temor prevalece el orden. Los Khmer Rouge no querían escuchar voz alguna que contrariara sus ideales. En el mencionado marco social, la Prisión de Seguridad 21 fue, sin lugar a dudas, el símbolo más representativo de la violencia institucionalizada del régimen kampucheano. Antiguamente fue una escuela francesa que durante los años de Sihanouk se transformó en un colegio secundario donde se formaban las clases pudientes de Phnom Penh. Hacia la segunda mitad del año 1975 fue convertido en un centro de interrogación donde básicamente fueron trasladados funcionarios del previo régimen, extranjeros que tuvieran alguna posición considerable y otro tipo de ciudadanos que pudieran aportar datos útiles al gobierno. A pesar de situarse en Phnom Penh, la escuela fue completamente remodelada para funcionar a modo de centro de tortura. Fue camuflada en la ciudad y las zonas aledañas fueron cerradas por completo. Esto básicamente implicó que nadie supiera de su existencia por fuera de los oficiales del pueblo. La prisión estaba aislada, en una ciudad aislada, en un país aislado e imperaba dentro de una sociedad completamente enajenada. Ello explica los motivos por los cuales nadie sabía de su existencia, al tiempo que el mundo se horrorizó por las cosas que allí acontecieron, luego de caídos los Khmer Rouge. Si bien ciertos servicios de inteligencia extranjeros tenían conocimiento dadas las filtraciones de la cúpula de poder local, también mantuvieron la existencia de la prisión oculta ante la sociedad internacional. 









Los disidentes del régimen solían ser torturados de forma indiscriminada. Con el paso del tiempo la paranoia del gobierno llevó a que miles de personas inocentes fueran confinados a las prisiones de seguridad donde les esperaba la tortura.






Tal como fuera mencionado previamente, durante los primeros años, S-21, posteriormente conocida como Tuol Sleng, se utilizó como centro de interrogación para relevantes figuras del gobierno anterior. Sin embargo, con el paso de los años y la necesidad de eliminar al enemigo interno, incrementaría no solo el número de prisioneros sino que además se expandiría a distintos perfiles. Toda aquella persona que haya tenido contacto con la influencia extranjera debía ser reeducada. Las persecuciones internas convivieron con los temores que llevaron a familiares, vecinos y conocidos a delatarse entre ellos. Testificaban en los juicios populares  acusando a vecinos, parejas y compañeros de trabajo señalando que habían realizado viajes a Europa, tenían automóviles importados o bien sabían hablar francés. Ello implicaba el acceso gratuito a un viaje solo de ida a S-21. De a poco la prisión pasó a estar conformada por simples profesionales, docentes, estudiantes, escritores y antiguos empleados en los hogares de los extranjeros. La verdadera idea no era hacerles comprender que habían sido erróneamente influenciados por la cultura no khmer, sino que simplemente se buscaba eliminarlos. Para ello, una de las principales tácticas utilizadas en Tuol Sleng era la prohibición al acceso a la comida. Los denominados "saboteadores internos" no merecían tener acceso a la comida fruto de la tierra camboyana y labrada por las manos del verdadero pueblo khmer. Por ello debían padecer el hambre, porque no tenían derecho a acceder ni siquiera a un plato de comida. Esto claramente demostraba mayor violencia psicológica. Se buscaba destruir las mentes de los prisioneros. Hacerlos sentirse infrahumanos. No merecedores de las libertades y derechos mínimos a los cuales accede cualquier individuo. Esto explica tres cuestiones centrales. Por un lado, el elevado número de muertos a causa de hambre y desnutrición. En segundo lugar, los Khmer Rouge demostraron su verdadera naturaleza respecto al trato hacia todo lo que no formaba parte de su creación. Finalmente, varios prisioneros terminaban declarando en su contra, mintiendo incluso cuando los khmer inventaban historias falsas, para poder acceder a un plato de comida. Generalmente, luego eran asesinados de todas formas. 









La Prisión de Seguridad 21, más conocida como Tuol Sleng, fue el centro de detención y tortura más importante durante los años de la Kampuchea Democrática. Por allí pasaron cerca de 17.000 prisioneros. En 1979, con la entrada en Phnom Penh del ejército de Vietnam, la prisión fue descubierta y expuesta al mundo entero. Tan solo se encontraron ocho sobrevivientes.





La paranoia de los líderes camboyanos llevó a que pronto fueran enviados a la prisión miles de familias que a lo mejor uno de sus miembros había sido sospechado de robar comida, quedarse dormido más de lo permitido o haber disgustado a un oficial. Pronto la prisión fue acaparada por simples ciudadanos. Ello demostró una escisión temporal, a diferencia de la visión que sostiene que Tuol Sleng fue siempre una prisión de máxima seguridad, hacia mitad de la existencia de la Kampuchea Democrática ya se estaban deportando a la prisión a simples ciudadanos; la metodología también había cambiado. No se buscaba obtener información valiosa, sino tan solo confesiones, nombres, para aumentar la nómina de prisioneros. En última instancia todos terminarían muertos. Centrando el análisis respecto a la vida carcelaria, cabe destacar que los prisioneros no realizaban actividades, tampoco cultivaban o producían bienes. Era alojados en celdas comunes o individuales. Esto demuestra que la única intención por la cual se encontraban allí era para simplemente morir. Las condiciones siempre fueron terribles. Las torturas de todo tipo se llevaban a cabo desde el amanecer hasta la noche, sobre niños, enfermos o personas con discapacidades. Estaba prohibido por completo hablar o solicitar cualquier cosa a los guardias. Las raciones de comida y agua eran inferiores a la mínima. Los prisioneros que se quejaban, solicitaban más, robaban o intercambiaban arroz por agua eran torturados. Estas medidas podían ser ejecutadas de forma aislada, donde el prisionero era encerrado y recluido o bien de forma pública, en donde se buscaba mostrarle a los demás reclusos las consecuencias de quienes infringían las normas de la prisión. Regresando a la violencia psicológica, al hecho que los prisioneros no pudiesen conversar entre ellos o con los guardias se le sumaba la imposibilidad de contacto con el mundo exterior, tampoco podían acceder a visitas por parte de familiares, porque simplemente nadie sabía que ellos estaban allí. Como es comprensible, el aislamiento era otra de las medidas de violencia psicológica. Impedir que el prisionero tuviese contacto con otras personas o realidades. Generalmente eran transportados con los rostros cubiertos y se les cubrían los oídos para que no pudiesen escuchar el más mínimo sonido. La estrategia, al igual que en tantos otros casos de tortura, consistía en destruir la moral del prisionero, reducirlo psicológicamente para que acatara todo aquello que le fuera solicitado. Otro mecanismo bastante conocido era el de la privación del sueño. Generalmente se le permitía al prisionero dormir, para luego ser despertado a las pocas horas preguntándole cuestiones personales. En caso que respondiera mal era torturado. Luego se le permitía descansar y el proceso se reiteraba. Varios de los prisioneros perdieron el conocimiento de la realidad y experimentaron enfermedades psiquiátricas. Si bien la prisión tenía un reglamento, no era sujeto de inspección por parte de las cúpulas superiores, por lo cual los encargados de la misma obtenían libre accionar. 









Al ingresar a Tuol Sleng los prisioneros eran fotografiados para luego dar inicio a su expediente. Tomando conocimiento del avance de los vietnamitas hacia 1979, los encargados de la prisión destruyeron gran parte de dichos archivos, haciendo imposible obtener información para conocer los perfiles de las personas allí torturadas. A pesar de ello, las fotos de los expedientes fueron salvadas. Hoy día las mismas son expuestas en el museo que funciona en la antigua prisión. Gran parte de las personas retratadas allí son desconocidas por completo.





Dentro del ideario de la nueva nación se encontraba la necesidad de restablecer los lazos con las rutas tradicionales camboyanas. Esta idea fue combinada con las premisas revolucionarias. De todas formas es importante tener en cuenta que la nación asiática no partió de una sociedad industrial, con fuerte arraigo a las premisas revolucionarias. Por ende, la idea de una gran revolución nacional no buscaba el triunfo del proletariado e instaurar un gobierno de los trabajadores, más bien tenía el interés de regresar a la sociedad pre-Occidental, es decir a los verdaderos orígenes de Camboya. Dicho interés derivó en la necesidad de separar lo autóctono de lo foráneo, por lo cual los extranjeros no fueron eximidos de padecer las torturas en los campos de concentración. Se estima que alrededor de 500 extranjeros pasaron por las celdas de Tuol Sleng. Dado que desde 1973 en adelante comenzó un éxodo masivo de ciudadanos extranjeros, unos pocos quedaron en territorio camboyano o fueron capturados cuando buscaban escapar. La gran mayoría de ellos fueron enviados a Tuol Sleng o bien asesinados en el acto. Un importante sector de los prisioneros extranjeros eran asiáticos, entre los cuales se encontraban vietnamitas, chinos, laosianos y tailandeses. Empero también fueron capturados occidentales. Ciudadanos estadounidenses, australianos, franceses, neozelandeses y británicos padecieron el flagelo de la tortura en S-21. Del total de extranjeros ingresados en Tuol Sleng ninguno sobrevivió. Generalmente se buscaba conectar a los extranjeros con actividades de sabotaje a la cultura khmer. Eran acusados de profesar religiones que atentaban contra el ideario nacional o bien eran señalados como agentes encubiertos de servicios secretos extranjeros. Leyendo los registros oficiales (donde no figuran todos los extranjeros que pasaron por la prisión) se aprecia que gran parte de ellos eran simples ciudadanos que no tenían conexión alguna con los crímenes de los cuales eran acusados. O bien se trataba de turistas o en algunos casos de personas que habían caído en el lugar equivocado en el momento menos oportuno. 









La caída de la Kampuchea Democrática a manos de los vietnamitas en 1979 permitió que el mundo entero conociera las atrocidades llevadas a cabo por los Khmer Rouge. No solo se obtuvo conocimiento de los campos de concentración, además se descubrieron fosas comunes a lo largo de todo el país. Pronto serían caratuladas como "Los Campos de la Muerte", símbolo del genocidio camboyano.





Las atrocidades cometidas en Tuol Sleng durante los cinco años de gobierno khmer son indescriptibles. No hemos entrado en detalle en describirlas pero sin lugar a dudas forman parte de las mayores atrocidades jamás cometidas en la historia. Para muchos analistas se trata del peor genocidio del siglo XX. En lo personal, pienso que no se trata de ver cuál fue peor, no hay una escala para medir la maldad. Lo acontecido en Camboya fue una matanza, una legítima masacre. En el trabajo me he centrado más en describir los acontecimientos que llevaron a dicho evento, los justificativos, las ideologías, la realidad en Tuol Sleng y el legado que nos deja. Pienso que la forma correcta de hacer memoria es tener una visión completa desde los pasos previos hasta las consecuencias. Luego de los eventos de 1979, la República Socialista de Vietnam emprendió una invasión sobre Camboya que llevó a la caída de la Kampuchea Democrática. Desplazándose desde el este, los vietnamitas acorralaron a los Khmer Rouge en el oeste, haciendo que terminaran huyendo hacia la jungla y la frontera con Tailandia. En su paso, las tropas viet, chocaron con la ciudad fantasma de Phnom Penh. Ésta había sido abandonada por los pocos Khmer Rouge que quedaban en ella al enterarse de la cercanía del enemigo. Irremediablemente dieron con la prisión de Tuol Sleng. Donde durante el último lustro habían acontecido las peores atrocidades de los seguidores de Pol Pot. Allí, donde pasaron miles de prisioneros de toda índole, quedaba la vacía imagen del horror que dejaban a su huida los comunistas. Se estima que por la prisión pasaron entre unos 15.000 y 20.000 reclusos. La cifra convencional, de acuerdo a las estimaciones basadas en los registros del régimen, es de 17.000 - 17.500 prisioneros. Si bien varios de ellos fueron trasladados a otros campos, un escaso número reinsertados en la sociedad y otros tantos fusilados a las pocas horas de ingresar, Tuol Sleng se tragó a los 17.000 prisioneros que por allí pasaron. Todos terminarían con un final trágico. Al ingresar los vietnamitas a la prisión, tan solo encontraron a ocho sobrevivientes, de los cuales la mitad eran niños de entre dos y 5 años. Luego aparecieron otros cuatro sobrevivientes, lo cual ha llevado a los historiadores a situar la cifra final en 12 sobrevivientes. Esos sobrevivientes fueron los que los invasores extranjeros encontraron dentro de la prisión. Se ha sostenido a lo largo de los años que en días previos otros tantos lograron escapar al ver que los guardias se habían retirado. Lo cierto es que los doce sobrevivientes dan cuenta de la terrorífica realidad experimentada por más de 17.000 personas durante cinco años. Tuol Sleng es una prisión donde de la totalidad de los ingresantes solo sobrevivieron menos del 0,1%. El restante 99,9% solo han sido conocidos por la misma prisión que los despojó de sus vidas. Al año siguiente de su caída, en 1980, los vietnamitas y el nuevo gobierno allí instaurado crearon el actual museo que opera donde se encontró históricamente la prisión. Buscaron dejarlo tal como lo habían encontrado, es decir en las mismas condiciones como lo habían dejado los últimos Khmer Rouge que por allí caminaron. A pesar del notorio registro que tenía la prisión, varios archivos fueron quemados, desaparecieron o se traspapelaron en los días finales. Por ello ha sido difícil reconocer a las miles de víctimas, dar con el paradero de sus restos o bien elaborar un nuevo registro. Recordemos que los depósitos originarios de los cuerpos de las víctimas fueron colmados en los primeros años por lo cual de allí en adelante los nuevos fueron dispersados por diversos lugares, la mayoría terminando en fosas comunes. Los años posteriores a los Khmer Rouge fueron caóticos. La situación socioeconómica en Camboya no se moderaría hasta entrado el siglo XXI. Dados los recursos de la nación y otras cuestiones sustanciales, no ha sido fácil recomponer la historia que solo conocen los pasillos de Tuol Sleng. Una prisión que dejó menos sobrevivientes que los guardias que la operaron. Cientos de oficiales que estuvieron a cargo de la prisión no aportaron datos significantes. Recién a partir de 2006, con la presión de la comunidad internacional bajo el auspicio de las Naciones Unidas y diversas organizaciones no gubernamentales, comenzó a realizarse un juicio respecto a los crímenes acontecidos en aquellos años, donde fueron juzgados líderes de la Kampuchea Democrática y donde se trató la cuestión de Tuol Sleng. Lo cierto es que dado el bajo número de sobrevivientes, la pérdida de archivos vitales, la reticencia de antiguos guardias por dar testimonio y la indiferencia de una sociedad que padecería nuevos flagelos durante los próximos cuarenta años, jamás se logró hacer justicia verídica respecto a lo acontecido en la peor prisión que Camboya jamás haya tenido. Posiblemente debamos preguntarnos qué más queda por hacer, de todas formas la propia prisión, hoy convertida en museo nacional, queda como un nefasto monumento histórico respecto al terrible régimen del terror que gobernó Camboya durante cinco años que difícilmente puedan ser olvidados.





                             Tomás Vera Ziccardi






* La totalidad del presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del autor


jueves, 15 de enero de 2015

Vietnam a 40 años del fin de la guerra




Vietnam a 40 años del fin de la guerra





La fecha 30 de abril de 1975 quedó marcada en la historia por la icónica Caída de Saigón que representó nada menos que el fin de la Guerra de Vietnam. Bastante se ha escrito respecto al mencionado momento histórico desde los 70s hasta la actualidad. A pesar de ello, poco ha sido lo que se ha desarrollado respecto al aniversario del fin del conflicto bélico que paralizó a toda una región durante más de dos décadas. Dentro del mencionado microclima, buena parte de lo expuesto apuntó a rememorar tanto la visión estadounidense como el dolor y padecer del pueblo vietnamita. Como si Vietnam fuera símbolo de la guerra y sus posteriores efectos, no ha habido una apertura de visión en cuanto a la Vietnam contemporánea. Se ha dejado de lado la nación que sin encontrarse ajena a las consecuencias del conflicto en años recientes demostró un profundo deseo por mirar hacia el futuro, rompiendo el prejuicio de un mundo que obstinadamente le recuerda su pasado.

Desde este medio hemos abordado exhaustivamente la Guerra de Vietnam. Consideramos que tanto los acontecimientos previos como sus posteriores consecuencias cuentan con primordial relevancia. Sin embargo, siendo el presente año tan preeminente es preciso tomar en cuenta y a su vez desarrollar nuevos juicios críticos robustecidos de valor para dar cuenta de la nación que surgió luego de 1975. Desde dicho momento hasta mediados de los 80s, comienzos de los 90s, Vietnam padeció un aislamiento multidimensional forzado por Estados Unidos en el plano internacional. El precio del conflicto no solo se pagó caro, se amortizó a lo largo de las próximas décadas. Una nación con un potencial humano y material de la talla de Vietnam no podría quedar fuera de un mundo cada vez más globalizado. A medida que los nuevos paradigmas de poder iban tomando lugar en el sistema internacional, tanto la cúpula de poder nacional como las potencias hegemónicas comprendieron que había llegado el momento de un rotundo cambio. Las reformas de los años 80s, más conocidas en occidente como "reformas del Đổi Mới", comenzaron a dar sus frutos en la década siguiente, cobrando notoriedad a partir de 1995 cuando no solo la República Socialista de Vietnam regulariza sus relaciones exteriores con gran parte de sus vecinos sino también cuando tomaban lugar cambios intrarregionales en el Sudeste Asiático. 

De las reformas económicas a los cambios políticos tuvieron lugar otro tipo de virajes tales como los culturales y generacionales. Una nación con ansias de insertarse en el mundo y convertirse en un referente asiático pronto comprendió que las nuevas generaciones debían recibir una educación más abarcativa y menos condensada en el pasado (no solo por la guerra, más bien por el deseo de romper una dialéctica incongruente con el proceso global de la segunda mitad de los años 90s). A partir de aquel momento Vietnam desarrolló un cambio económico que entre otras cuestiones le permitió: ampliar su comercio con el resto del mundo, recomponer relaciones bilaterales signadas por el pasado, acrecentar el desarrollo interno, estructurar uno de los mercados internos más prósperos de Asia, potenciar sus recursos humanos y tornarse un referente geopolítico en clave regional. Actualmente Vietnam es un actor fundamental de la región Asia-Pacífico, uno de los principales miembros de ASEAN, un productor de manufacturas destinadas a posicionarse más allá del mercado regional, una nación con estrechos vínculos diplomáticos y comerciales con todas las regiones del sistema, un potencial socio económico y una nación con una de las monedas más atractivas para realizar proyectos de inversión. 

Cuando tomamos en cuenta casos de estudio tan complejos como el de Vietnam no puede darse lugar a un simplismo historiográfico que más que vincular naciones a su pasado las ata y consecuentemente condena ad eternum. Hoy, a cuarenta años del fin de una guerra de semejante envergadura como lo fue la desempeñada en Vietnam, es el momento indicado para revalorizar la evolución histórica que si bien no se disocia de su pasado busca superarlo. El Vietnam contemporáneo es más que la guerra. Luego de cuatro décadas han tomado lugar una infinidad de cambios de índole tanto exógena como endógena que conllevaron a una nueva nación. De igual forma debería tomar lugar una nueva concepción internacional respecto a dicho actor y su presente. Es hora de superar juiciosamente las heridas del pasado, varias de las cuales provienen de prejuicios inaceptables en los albores del siglo XXI. Posiblemente debamos seguir el ejemplo de Vietnam, una nación que ha buscado mirar hacia el futuro. A cuatro décadas del fin de la guerra imploramos por un nuevo enfoque respecto a una nación que merece más de lo que le hemos dado hasta el momento. 





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lunes, 15 de diciembre de 2014

La ética de los negocios en Singapur



La ética de los negocios en Singapur









Autor: Tomás Vera Ziccardi






La República de Singapur suele ser presentada como uno de los más exitosos modelos de transformación nacional. La historia ha demostrado que de la convulsión social en la era posterior a la independencia británica a la moderna y próspera nación del siglo XXI existió una profunda transformación de carácter multidimensional. La nación asiática hoy cuenta con los indicadores socioeconómicos más elevados de la región, sin embargo la liberalización de mercado y los éxitos financieros escondieron la mano de hierro con la cual se gobernó la nación durante décadas. Nuestro interés no es ingresar en un debate ideológico respecto de la evolución histórica de Singapur desde los 60s hasta la actualidad. Ello traería aparejado un análisis sumamente complejo respecto de una nación difícil de comprender. Este artículo busca desarrollar algunas de las conceptualizaciones y creencias más arraigadas que tienen los singapurenses en materia de negocios, finanzas y comercio. La nación ha desarrollado progresivamente una fuerte cultura comercial, empresarial y bancaria que la posicionó como el principal referente en clave regional. Actualmente Singapur es un centro estratégico para los negocios, las finanzas internacionales, el comercio global, las inversiones y las operaciones bancarias. Los singapurenses se han tornado unos expertos en dicha materia, algo que sostiene la economía nacional desde hace décadas.

Una nación con escasos recursos naturales y un territorio sumamente limitado debió realizar un gran esfuerzo en torno a explotar sus recursos humanos. Influenciados por la estructura comercial legada de los británicos, el rol de las clases altas vinculadas al comercio (de ascendencia china) y el capitalismo estadounidense, los singapurenses buscaron perfeccionar el arte de los negocios. Dentro de varios valores que destacan se puede mencionar la idea de dedicación completa. No es compatible mantener negocios divergentes al mismo tiempo. Siempre es preciso comenzar centrando esfuerzos en un proyecto determinado. Actualmente son varios quienes emprenden un negocio personal a la par de sus actividades profesionales, lo cual dificulta mantener un equilibrio entre ambos. En occidente esto suele ser bastante común, donde las personas esperan que el crecimiento de su negocio los llevará por decante a dar un salto desde sus respectivos trabajos formales. En Singapur se considera necesario otorgarle dedicación completa a todo negocio que uno emprenda, ya que por otro lado la competencia es elevada, no dando margen para quienes deben fragmentar su tiempo y recursos en otras actividades. Algo similar se evidencia en el proyecto de nación erigido por Lee Kuan Yew, quien luego de un proceso industrial centró esfuerzos para convertir a Singapur en un centro financiero y comercial de alcance global. Posiblemente esto también encuentre relación con la matriz productiva y la posición geográfica de Singapur, dadas sus limitaciones centraron esfuerzos en determinadas variables específicas. 









Con una población de 5,5 millones de habitantes (la menor de la región sin tomar en cuenta a Brunei y Timor Oriental) distribuida en menos de 700 kilómetros cuadrados (el territorio más pequeño de todo Asia) Singapur es una de las naciones más desarrolladas del mundo. Gran parte de su poderío económico posee una fuerte base en la ética de los negocios que han desarrollado a lo largo de la historia los singapurenses.





Los liberales (económicos) tienden a poner a Singapur como uno de los grandes ejemplos de cambio estructural de una nación mediante la liberalización económica. Si bien es cierto que actualmente la nación asiática es uno de los principales actores internacionales abocados al respeto de las reglas del libre mercado, la historia ha dado cuenta que el estado ha tenido un rol central en cuanto a control y regularización. Ello no implica como sostienen ciertos académicos que Singapur ha sido un modelo que combinó las reglas del libre mercado con la centralización planificada. De todas formas, el estado ha sido un actor determinante fijando las áreas en las cuales se invertiría, los mecanismos para atraer inversores, la competencia de las corporaciones extranjeras arraigadas en el país y las reglas bajo las cuales coexistirían las fuerzas de mercado. Gran parte de dicha ética perdura en la Singapur del siglo XXI. El estado continúa fijando las regulaciones impositivas, la entrada de corporaciones, los negocios con otras naciones y las finanzas globales. Ello no quita que los parámetros que haya fijado sean cercanos al liberalismo, donde las regulaciones, los gravámenes impositivos y las restricciones comerciales sean escasas. En ciertos casos Singapur ha sido señalado como un caso donde el estado funciona a modo de válvula de presión y control. Fija normas buscando que las partes las respeten, pero de ahí en adelante su intervención es prácticamente mínima. No queremos decir que dicho modelo sea bueno o malo, mejor o peor que otros, más bien es la descripción de la forma mediante la cual el estado ha buscado regular la economía. La burocracia nacional cree que en las economías abiertas y dinámicas debe existir una regulación clara para emprender negocios. Donde existen puntos oscuros la competencia de torna injusta dando lugar a pocos beneficiarios y varios perjudicados. 









Desde la década de los 60s en adelante el estado ha tenido un fuerte rol en el diseño de los lineamientos generales de la economía. El gobierno de Lee Kuan Yew, que administró la isla durante más de tres décadas, estableció las reglas bajo las cuales funcionaría la economía. 





En Singapur prevalece la creencia dentro del mundo de las finanzas que todo aventurero debe conocer el equipo que llevará durante su travesía. Dicha visión ha sido fuertemente vinculada al mundo de los negocios, donde los singapurenses consideran necesario que un inversor debe conocer las reglas del juego, los elementos centrales del rubro y el funcionamiento sistémico. Emprender un negocio tan solo porque se quiere obtener una ganancia no suele ser muy recomendado por los habitantes de la isla. Tienden a ser más adversos al riesgo porque creen que cuando uno no tiene conocimiento de lo que realiza pronto aflorarán dificultades perjudicando los resultados emanados del ejercicio. Si bien los negocios en Singapur buscan especialistas, difieren de la visión occidental donde el inversor es exclusivamente alguien que aporta capital. Es preciso saber hacia donde se dirige uno. Como reza el dicho popular entre los habitantes de Singapur: "un cuerpo sin una cabeza conocedora del camino difícilmente pueda transitarlo". La ética de los negocios aquí tiene gran arraigo cultural. Recordemos que Singapur ha sido durante las últimas décadas una nación donde los gobernantes se han mantenido en el poder de forma prolongada. Su respeto hacia la autoridad y los superiores tiende a ser elevada, por lo cual creen en la conducción y la necesidad de que quien tira de las riendas conozca el camino mejor que los demás. El disenso no es premiado en Singapur, a diferencia de como sucede en occidente. 









En la imagen se puede apreciar la Terminal Pasir Panjang del puerto de Singapur. Dicho puerto maneja el mayor tráfico regional y el segundo a nivel global tan solo por detrás del puerto de Shangai. En años recientes se han realizado fuertes inversiones a fin de duplicar su capacidad para el año 2020.





Si existe una palabra que ha tenido fuerte arraigo en la sociedad singapurense es "inversión".  La necesidad de invertir de forma dinámica en los negocios ha sido una de las claves de su progreso económico. En Singapur invertir es sembrar la semilla del éxito. Si se desea emprender un negocio se debe tener seguridad y convicción respecto a lo que uno realiza. No es común ver a los singapurenses invertir de forma desinteresada o poner su dinero en algo que no consideran que vaya a arrojar beneficios. La posibilidad de perder lo invertido siempre estará presente, sin embargo en dicha nación asiática la necesidad de invertir es prácticamente constante. Esto se encuentre fuertemente vinculado con otro precepto que es el de future growth. Dicha terminología, ampliamente utilizada, es lo que le ha permitido a Singapur anticiparse al crecimiento. Claro está que invertir implica poner la vista en el futuro y estar siempre atentos a cualquier tipo de negocios que pueda surgir. Parte de este pensamiento nacional ha sido influenciado por lo que los estadounidenses promovieron en la nación durante las décadas del 60 y 70 con el concepto de forward-thinking. Generalmente los grandes negocios provienen de grandes proyecciones y las grandes naciones surgen de grandes proyectos. Singapur planeó un proyecto de nación a largo plazo donde la atracción de inversiones internacionales ocupó un papel fundamental que repercutió enormemente en la economía local. La mirada no suele ser puesta en el corto plazo a la hora de emprender un negocio y las ganancias inmediatas no desesperan a quienes deciden invertir. Lo interesante de dicho concepto es que la mirada siempre está puesta a futuro, eso le da dinamismo a la vida económica de Singapur. Son una nación que vive del futuro, trabajando en el presente para alcanzar beneficios que posiblemente una generación no alcance a ver. 









Los singapurenses viven con la mirada puesta en el futuro. La forma de hacer negocios se encuentra fuertemente relacionada con el modelo estatal emprendido desde fines de los años 50s en adelante. Conceptos tales como forward-thinking, future growth y future value han sido pilares fundamentales para transformar a un enclave colonial sumido en la pobreza a una de las naciones más avanzadas del mundo.





El modelo de nación adoptado por Singapur buscó posicionarse internacionalmente con un grado de participación elevado. Para ello se promocionó a nivel internacional como una nación próspera en la cual invertir. En pocas palabras, Singapur salió a buscar al mundo en lugar que fuera a la inversa. Durante los años que se suscitaron entre los 80s y 90s fue preciso generar una atmósfera proclive a la inversión y el desarrollo. Para esto fue necesario que quienes desearan invertir en la nación se vieran rodeados por dicho clima de negocios y seguridad. Fue importante la seguridad jurídica y la estabilidad política, aspecto que siempre es el más criticado desde los espectros de centroizquierda ya que ponen en evidencia las violaciones a los derechos y las libertades democráticas. El capital va hacia donde hay estabilidad y proyección largoplacista de tranquilidad sociopolítica. El comercio global del siglo XXI se vuelve sumamente dinámico para lo cual las naciones deben adaptarse a las reglas generales. Quienes son menos rápidos se quedan en el camino. Por lo cual otra de las características fundamentales de la ética de negocios singapurense es la importancia de los tiempos. En Singapur no se puede malgastar el tiempo y los recursos, ello genera enormes perdidas tanto materiales como de oportunidades. Algunos aspectos pueden verse, por ejemplo, en materia regulatoria donde Singapur tiene uno de los marcos más atractivos para comenzar negocios. La creación de empresas puede llevar menos de dos días. Al mismo tiempo, la simplicidad impositiva busca no desviar al empresario e inversor de sus principales preocupaciones haciéndole gastar su tiempo en trabas burocráticas e impositivas. Si se es una nación eficiente, creen los singapurenses, aumentarán las ganancias. En materia de comercio exterior los tiempos vuelven a ser fundamentales. Para ello los aeropuertos y puertos nacionales buscan reducir el tiempo que los transportes de bienes malgastan en otros puertos debido a trámites. En años recientes los clusters (de lo cuales hablaremos luego) singapurenses han sido sumamente efectivos, permitiéndole a Singapur convertirse en una de las naciones más activas a la hora de recibir y alojar embarques de mercancías. 









En Singapur el tiempo es oro. Se aprovecha al máximo la capacidad de hacer negocios en cualquier momento del día. Durante las últimas décadas la nación se ha embarcado en la búsqueda de socios comerciales e inversores, algo que generalmente la ha catalogado como una nación que salió a buscar al mundo. 





Para comprender en mayor medida parte de la visión que posee Singapur respecto al comercio, pondremos un caso que remite a su poderío regional en dicha cuestión. La nación se encuentra en un punto estratégico del mundo, en una de las rutas marítimas más relevantes para el comercio intraasiático y entre Asia-Pacífico y el resto del mundo. El negocio marítimo para el comercio ha sido uno de los puntos fuertes de Singapur durante décadas. Tomando en cuenta que gran parte del comercio mundial se maneja a través de los océanos es indispensable contar con servicios portuarios de alcance global para tornarse una nación relevante en la economía global. Desde los 80s en adelante Singapur creó un modelo de atracción de grandes corporaciones y firmas de comercio marítimo (principalmente de los Estados Unidos, Japón y Europa). Mediante el mencionado proceso y debido a los atractivos arancelarios y servicios que ofrecía la nación asiática, pronto se transformó en un enclave fundamental a nivel comercial. Durante dichos años Hong Kong, que se mantenía bajo arrendamiento británico, era el principal punto de comercio en la región, de todas formas con la apertura de relaciones entre Estados Unidos y China, el comercio extrabloque y el auge de los grandes contratos comercial, Singapur logró desplazar a Hong Kong (que pronto comenzaba un proceso de cambio) y otras plazas regionales. La ventaja sobre HK se dio cuando en 1984 se firmó la Declaración Conjunta Sino-Británica, algo que le permitió a Singapur absorber inversiones de naciones que precisaban mantener rutas marítimas efectivas para su comercio con Asia. Una de las claves de dicho proceso fue que Singapur salió a buscar inversores y socios comerciales. A diferencia de otras naciones de la región, Singapur atrajo socios deseosos de contar con plazas en los puertos regionales durante décadas de profunda inestabilidad sociopolítica desde Laos hasta Indonesia. Esto también debe ser mencionado, la región se encontró sumida en serios problemas estructurales de índole política y militar durante varias décadas, mientras que algunas de las naciones más estables tales como Tailandia continuaron manteniendo una política más restrictiva en los mencionados términos. Para algunos analistas internacionales Singapur fue un adelantado a los tiempos que pronto estaría por atraer la mirada internacional hacia la región. 
Retrotrayéndonos a tiempos más cercanos observamos que la política de lago plazo trajo beneficios para consolidarse como el "puerto de la región" y uno de los principales puertos del mundo. Actualmente gran parte de las inversiones y los beneficios derivados de dicha variable son reinvertidos para crear los famosos clusters marítimos. Recordemos que Singapur posee limitaciones debido a su espacio territorial. Desde hace varios años ha optado por construir islas artificiales específicamente destinadas al comercio marítimo. Dicho enfoque ha llevado a problemas diplomáticos con otros actores regionales de relevancia tales como Malasia. Básicamente los clusters tienen como objetivo crear puertos de fácil alcance y salida para evitar que tengan que ingresar hasta territorio peninsular. Las medidas allí son menos restrictivas que en los puertos en tierra firme, generalmente conocidos en la jerga comercial como "zonas liberadas" debido a la mayor facilidad de amarre y descarga. Singapur ha obtenido ventajas comparativas en dichos términos respecto de otras naciones. Continuando con la comparación respecto de Hong Kong, dicho zona especial tiene limitaciones e impedimentos para expandirse dada su política territorial. Son varias las voces que critican el alcance adoptado por la República de Singapur, es decir ha obtenido cuantiosas ganancias pero la pregunta es a qué costo. 
Otros datos relevantes son la importancia que ha adquirido el Aeropuerto Changi en términos de comercio aéreo, catalogado por varios como el mejor aeropuerto de Asia. Ello demuestra la visión diversificadora de Singapur, que no solo se centra en el comercio marítimo. De todas formas cabe mencionar que de acuerdo al Ministerio de Finanzas de Singapur, la nación cuenta con el segundo puerto en términos de tráfico de containers mundial, tan solo por detrás de Shangai (República Popular China). La visión a futuro ha llevado a que recientemente se diera a conocer la inversión de US$ 2,5 billones para expandir al doble la capacidad de la Terminal Pasir Panjang para el año 2020. Recordemos que el puerto de Singapur es el que maneja el mayor flujo comercial del Sudeste Asiático. 









El Aeropuerto de Changi es considerado uno de los más modernos y efectivos del mundo. De acuerdo a las estadísticas oficiales de la entidad que lo administra, en años recientes el aeropuerto ha tenido un tráfico anual de pasajeros cercano a los 55 millones de personas, algo que representa diez veces la población de la nación. Durante el año 2014 pasaron por el principal aeropuerto de Singapur cerca de 350.000 naves comerciales, convirtiéndolo en el principal aeropuerto de la región.





Finalmente se considera relevante hacer mención a determinados aspectos que han influenciado la visión comercial de Singapur. Los singapurenses han hecho de la solución de problemas un baluarte. No solo es relevante atraer inversiones, también se debe estar a disposición de quienes invierten para mejorar sus negocios. De acuerdo a los datos del Banco Mundial, Singapur se posiciona segunda en el ranking mundial de solución de problemas para los negocios. La nación busca no perjudicar ni obstruir la labor de los inversores, después de todo ellos contribuyen a su economía. La solución de problemas también se relaciona con la protección de quien decide hacer negocios en la nación. Por esto último, la protección de las mercaderías, los intereses y las proyecciones económicas de los socios es fundamental. En términos de protección a la propiedad intelectual Singapur es una de las naciones líderes de Asia, manteniéndose tan solo por detrás de Japón, uno de los abanderados históricos de la protección en materia de derechos intelectuales. El sistema legal singapurense cuenta con regulaciones estrictas respecto a las patentes y los derechos intelectuales. Esto genera un marco de seguridad que suele atraer a mayores inversores; hablando de atracción es relevante tener en cuenta que Singapur se destaca a nivel regional por la atracción de cerebros y talentos que puedan potenciar la capacidad de la nación. Las inversiones en dicho sentido han despertado el interés de profesionales de todo el mundo, no solo de Asia (como se suele creer). Es por ello que Singapur mantiene una política migratoria sumamente liberal, la cual busca fomentar la inmigración de jóvenes deseosos por iniciar negocios de forma fácil y eficaz en Asia. Por supuesto dichas cuestiones tienen relevancia a la hora de analizar la forma de hacer negocios en Singapur. Posee cierta relación con el modelo hongkonés. Recordemos que en nuestros tiempos el comercio y las relaciones humanas se manejan a una velocidad diferente a la de otros momentos históricos, por ello la radicación de empresas, la inmigración calificada y las visas laborales fomentan la facilidad para instalarse en Singapur, algo que no sucede en otras naciones de la región. Podría mencionarse, por otro lado, el valor extra que le agregaría el manejo del idioma inglés (nuevamente similar a Hong Kong). Dicho idioma es fundamental en el comercio mundial y en otras naciones de la región el tailandés, viet o khmer no facilitan la presencia de firmas extranjeras y trabajadores dispuestos a radicarse de forma temporal o permanente.









Singapur posee un sistema legal fuertemente orientado hacia la protección de los derechos de propiedad intelectual. Dentro del ranking regional se posiciona tan solo por detrás de Japón en materia de protección de derechos intelectuales, lo cual la convierte en una nación pionera dentro del Sudeste Asiático. 





Los negocios representan un aspecto fundamental de la vida en Singapur. Dicha nación creció y se forjó bajo preceptos fuertemente arraigados a la ética empresarial. Algunas variables poseen influencia milenaria, provenientes de pueblos como el chino que han tenido injerencia directa, mientras que otras son más cercanas a nuestros tiempos y fueron adoptadas del capitalismo estadounidense de posguerra. También coexisten elementos propios de la cultura singapurense, una nación que cambió estrepitosamente desde la era poscolonial hasta las primeras décadas del corriente siglo. Nosotros hemos expuesto tan solo algunos de dichos aspectos, dejando en claro la cultura que predomina en Singapur respecto de los negocios. El modelo de nación no es mejor ni peor que otros, es tan solo el adoptado por un pueblo que ha cambiado radicalmente a lo largo del último siglo. Actualmente Singapur es una nación altamente desarrollada, sumida profundamente en el mundo globalizado y dispuesta a competir en diversas áreas contra otros estados que históricamente han controlado variables fundamentales como el comercio, las finanzas y la banca. Para ello deberá continuar desarrollando el modelo que viene llevando a cabo desde hace años, a la par de ir introduciendo ciertos cambios para adaptarse progresivamente a la fluctuante realidad global. De todas formas queda claro que a lo largo de dicho proceso será preciso conservar aquello que les ha otorgado tantos beneficios, lo cual no es otra cosa que la ética que posee Singapur a la hora de hacer negocios.





                                                                             Tomás Vera Ziccardi





* El presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del autor