domingo, 15 de febrero de 2015

Análisis del libro "Una Europa Alemana" de Ulrich Beck



Análisis del libro "Una Europa Alemana" de Ulrich Beck









Autor: Tomás Vera Ziccardi





Introducción





El sociólogo alemán Ulrich Beck es uno de los académicos más reconocidos del siglo XXI. A él se debe el concepto de "sociedad del riesgo", fundamental para comprender a la sociedad contemporánea. Autor de una infinidad de obras, se destacan entre ellas La Europa cosmopolita y ¿Qué es la globalización?, documentos académicos que han marcado los estudios de dos temáticas fundamentales para nuestros tiempos como lo son Europa y la globalización respectivamente. En 2012 presentó un trabajo sumamente interesante que en cierta forma toma tres de sus conceptos centrales para abordar el caso de la Unión Europa. Por un lado la sociedad del riesgo, luego la sociedad cosmopolita europea y finalmente la globalización. En Una Europa Alemana Beck aborda de forma crítica los orígenes, la actualidad, los problemas inmediatos, las amenazas futuras y la viabilidad del proyecto europeo. Para ello toma en cuenta cuestiones intrínsecas tales como el euro, la integración política, la influencia del poder financiero transnacional, el rol del ciudadano, la lógica de poder intraeuropea y las variables nacionales. El ensayo de Ulrich Beck ha sido sumamente novedoso porque a diferencia de gran parte de lo que se había escrito hasta el momento (evaluación geopolítica y económica), el profesor de la London School of Economics brinda un análisis y propuestas en clave social. La Unión Europea, un proyecto de integración único a nivel internacional, precisa, en términos de Beck, poner énfasis en la variable social, volver a sus bases para no perder su esencia y rumbo.

El trabajo se encuentra dividido en tres capítulos: "Cómo la crisis del euro divide y une a Europa", "Las nuevas coordenadas europeas de poder: cómo Europa se hace alemana" y "Un contrato social para Europa". Posteriormente se irá analizando de forma particular lo que Beck expone en cada uno de ellos, de todas formas es importante ir teniendo en cuenta algunas de las variables que son abordadas, en donde tienen relevancia lo social, el poder, la integración, la división y las crisis. Respetando la posición del autor, nos embarcamos en la atractiva tarea de analizar Das deutsche Europa, un trabajo elaborado por una de las personas que más conoce a la República Federal de Alemania y Europa, consecuentemente alguien que verdaderamente conoce a la Unión Europea.





Capítulo I: Cómo la crisis del euro divide y une a Europa





Consecuentemente a lo expresado en el título, el mencionado capítulo pone énfasis en las divisiones que imperan en la Europa contemporánea. Las mismas van desde las políticas de ahorro y austeridad frente a las de inversión y gasto público hasta el accionar de los gobiernos y los reclamos de la sociedad. Si hay algo que la crisis iniciada en 2008 ha puesto en evidencia son las distintas miradas que imperan en Europa. Una de ellas tiene tintes históricos empero en años recientes ha cobrado mayor presencia. Estamos hablando de la división Norte-Sur en perspectiva europea. Claramente nos enfrentamos a una fuerte división fruto de la crisis económica y los problemas de deuda. Ello ha llevado a que la brecha entre el norte y el sur se acrecentara, derivando en todo tipo de prejuicios. Los gobiernos del norte apuntan de forma crítica hacia la falta de responsabilidad fiscal y control macroeconómico que han llevado a cabo los gobernantes de naciones tales como Italia, España, Portugal y Grecia. Por otro lado, los gobiernos y partidos políticos de las naciones del sur han puesto énfasis en las imposiciones económicas gestadas por las naciones del norte y su falta de compromiso para revertir las disparidades intraeuropeas, algo que entre tantas otras críticas ha llevado a manifestar el exponencial crecimiento de naciones tales como Alemania mientras que el estancamiento económico post-2008 en el sur se ha prolongado. Como bien menciona Beck, la crisis ha distanciado a europeos en lugar de unirlos, poniendo en evidencia barreras socioculturales que en verdad la propia Unión Europea debería de haber derribado hace largo tiempo. 









Lejos de unir a Europa, las actuales medidas han acrecentado las brechas imperantes en la unión. Los actores intraeuropeos poseen divergencias que difícilmente esbocen conciliación en el corto plazo. 





Otra de las rivalidades que expone Beck remite a la de gobiernos y ciudadanos. Tomando en cuenta el marco referencial de la crisis y las medidas que varias naciones han aplicado fruto de sus obligaciones internacionales, conjuntamente a la necesidad inmediata de actuar frente a un mercado cada vez más acelerado, observamos que se ha pasado por alto la visión de la ciudadanía así como también sus oportunos reclamos. En gran parte de las naciones imperó un fuerte rechazo al accionar gubernamental y el poco consenso adoptado teniendo en cuenta que las medidas repercutirían de forma directa sobre la población. Por momentos, pareciera que Beck esboza principios de legitimidad gubernamental, en una Europa que siempre se ha caracterizado por la estrecha relación entre gobierno y pueblo. Para el autor se ha generado un espiral de tensión fruto de la forma en la cual varios sectores y actores se vieron afectados. En parte, podríamos tomar en cuenta los divergentes resultados electorales en algunas naciones europeas. El crecimiento progresivo del Front National en Francia, el ascenso de Podemos en España o la llegada al poder de Syriza en Grecia, representan el rechazo de los sectores sociales frente a partidos tradicionales, tecnócratas europeos y gobiernos a los cuales acusaron de responder a los intereses de la élite bancaria y financiera internacional. Dicho debate da para ser desarrollado en profundidad, de todas formas continuamos exponiendo los conceptos de Ulrich Beck en Una Europa alemana.









Ulrich Beck sostiene que la Unión Europea ha ejecutado un accionar que distanció a ciudadanos de gobernantes. Desde 2008 en adelante hemos vistos cambios de gobierno a lo largo de la unión así como también movilizaciones populares. 

En la imagen se puede apreciar una protesta en la icónica Puerta del Sol (Madrid), claro exponente del movimiento que posteriormente sería catalogado como "indignados".





Desde el comienzo de su análisis, Beck recurre al concepto de "sociedad del riesgo" (1). Algunas de las premisas que transpola a la Europa actual son por ejemplo la carencia de estabilidad, la falta de seguridad y el cambio sistémico como constante. Respecto a la primera observamos que Europa se ha tornado menos estable en términos económicos, financieros, políticos e incluso podríamos atrevernos a decir sociales. Las crisis, en términos becknianos, generan falta de estabilidad. Si fusionamos dicha idea con las premisas de Beck respecto a globalización, observamos que los cambios constantes en el sistema han devenido en falta de estabilidad, la Europa estable de posguerra ha quedado en los recuerdos de las generaciones mayores, la Unión Europea ya no puede garantizar la estabilidad económica y social (2). La sociedad del riesgo ha dado como resultado una falta constante de seguridad, algo que lleva a los ciudadanos y gobiernos a tomar, por momentos, medidas coercitivas que pueden violar tanto leyes como derechos. De todas formas en la actual Europa nos encontramos frente a una falta de seguridad socioeconómica. El fin del estado de bienestar y la Europa progresista donde se procuraba que la unión reprodujera el accionar estatal han conllevado a un sentimiento de abandono por parte de los ciudadanos, donde ya nadie está seguro. Incluso los que antes podían jactarse de ciertos niveles de seguridad, hoy se encuentran a la deriva. Finalmente, centrándonos en la idea de cambio constante, es comprensible que por momentos veamos dos europas: una que toma decisiones de avanzada y sin consultar, llevando a que la UE esté por delante de la sociedad europea y otra donde los reclamos ciudadanos por un cambio se enfrentan a la regresión del establishment, dando la impresión de una UE que sin querer volver atrás tampoco aparenta querer avanzar.









Europa es un claro exponente de la sociedad del riesgo. La falta de estabilidad y la incertidumbre han llevado a una profunda erosión de los pilares sociales. La economía se transformó en el centro de la cuestión, afectando otras variables. 

En la imagen se aprecia la sede central del Banco Central Europeo en Fráncfort del Meno, Alemania.





Respecto a la idea que los gobiernos aprueban políticas (tales como las de ahorro) y los ciudadanos las rechazan, Beck habla de presiones desde arriba y desde abajo. Algo similar a lo que Martinez Pandiani denomina fuerzas desde fuera y desde dentro sobre el estado nacional (3). En este caso las fuerzas que catalogamos como endógenas y exógenas ejercen presión sobre el estado-nación, el cual dentro de una estructura supranacional como lo es la Unión Europea, ve aún más condicionado su accionar (4). Es innegable que en años recientes los estados independientes europeos han sufrido fuertes presiones, en términos de Beck "desde arriba y desde abajo", dentro de las cuales podríamos mencionar la protesta social, el creciente poderío de fuerzas políticas no convencionales y el rechazo de sindicatos y movimientos populares frente a las medidas de ajuste. Por otro lado, la presión desde arriba, o desde fuera (como le sea más atractiva al lector), se hace presente mediante el accionar del Banco Central Europeo, las directrices de la Comisión Europea y las sugerencias del Eurogrupo (por mencionar tan solo algunas). Sin embargo, también resulta relevante señalar que la Unión Europea ha experimentado en años recientes presiones tanto internas como externas. Los grupos de poder transnacional, la banca internacional y los sectores del poder financiero han condicionado fuertemente no solo su accionar sino también su dirección. Irrefutablemente esto colisiona con las presiones internas que buscan otro tipo de medidas, salidas y respuestas. Posiblemente, el laberinto en el cual se encuentra Europa actualmente pueda ser abandonado de forma más rápida si se tiene en cuenta la premisa de interdependencia que expone Beck en el marco de la globalización. Según el autor todos están relacionados porque simplemente todo afecta a todos. Todo lo se haga, diga y planifique a futuro terminará teniendo consecuencias en el resto. Esto también se evidencia puertas adentro de la unión, donde en años recientes la inmediatez en el accionar de ciertas naciones por salvar a Grecia de su crisis responde más al temor a un futuro contagio o efecto dominó que a una maniobra comprensiva y caritativa. Europa ha avanzado a pasos agigantados en décadas recientes, el proceso de globalización ha influido de forma directa en el Viejo Continente, consecuentemente las transformaciones suscitadas comienzan a erosionar los antiguos pilares europeos. Para algunos de forma positiva, para otros llevándose puesto premisas y valores a cualquier precio. Ésta es la realidad bajo la cual vive la sociedad europea, una legítima sociedad del riesgo.









El proceso de globalización ha llevado a la coexistencia de presiones tanto externas como internas sobre la estructura convencional del estado-nación. Luego de analizar dicho proceso en clave europea, Beck lo vincula con su teoría de la sociedad del riesgo. De acuerdo al autor todo afecta a todo dados los altos niveles de interconectividad. Al ser los riesgos globales, los actores no pueden resolver el problema si responden de forma independiente.





En medio de la profunda crisis actual, Beck llama a no olvidar los grandes logros y triunfos alcanzados por la Unión Europea. El autor sostiene que las desigualdades e injusticias actuales, el hecho de vivir en una sociedad donde los más débiles paguen los costos generados por los más poderosos ha conllevado a una mala autopercepción por parte del ciudadano europeo. En años recientes les peuples européens han pasado del miedo a la frustración, para ellos la Europa que salva a los bancos y deja desamparada (también desempleada) a su juventud marcándolos de por vida con la etiqueta "generación crisis", ha perdido el rumbo en alguna parte del camino. Varios son los que se preguntan "¿dónde nos hemos equivocado?". Ciertamente, no se debe olvidar todo lo que la Unión Europea implica. Ulrich Beck habla de las libertades sociales y políticas, donde Europa ha sido no solo parte de la vanguardia sino también el faro y modelo de los pueblos del mundo. En materia de derechos humanos, la Unión Europea siempre ha destacado, marcando por momentos el rumbo de la historia. Lejos quedaron los temores a las matanzas y los crímenes de guerra. Todo eso se lo debemos al marco jurídico que la UE ha mantenido para proteger los derechos de sus ciudadanos. Esto nos lleva al siguiente concepto de Beck: la Unión Europea se ha transformado en una zona de paz y estabilidad. Decimos "transformado" porque en un pasado no tan lejano y por varios siglos el Viejo Continente fue símbolo de guerra, confrontación e inestabilidad. Esta unión ha sido la unión de la paz, una unión donde alemanes y franceses pueden dormir en paz teniendo la seguridad que no amanecerán al día siguiente en otro país. La Unión Europea fijó un marco democrático para naciones que previo a su ingreso estaban regidas por regímenes dictatoriales (5). Por otro lado, la legislación común en materia comercial, agraria, educativa y migratoria permitió a los europeos explotar sus capacidades potenciando no solo sus ventajas comparativas también permitiéndoles pararse ante el mundo como un bloque homogéneo. Europa se convirtió en una unión internacional, en un nuevo eje de poder en el tablero global, desde lo geopolítico y comercial hasta lo científico y turístico. Como bien señala Beck: "Nosotros los europeos vivimos en sociedades que han hecho de la libertad y la igualdad para todos su principio rector" (6). La "Patria Europea" se ha convertido en un principio rector para los pueblos europeos que durante tantas décadas han peleado por la unión y la paz. La Unión Europea indudablemente le ha otorgado un status de vida a los europeos que definitivamente marca un antes y un después en el largo pero apasionante proceso de integración europeo. 









En años recientes ha aumentado el descontento social respecto al accionar y los intereses de la Unión Europea. Desde los reclamos populares hasta la elección de partidos políticos que jamás habían conformado gobierno los pueblos de Europa han buscado expresarse en dicho sentido.


En la imagen se puede apreciar al actual Primer Ministro de la República Helénica Alexis Tsipras. El joven líder griego cobró notoriedad mundial cuando a comienzos de 2015 la coalición de partidos de izquierda que aglutina Syriza llegó al gobierno de Grecia por primera vez en su historia.





Tomando en cuenta lo expuesto en el párrafo anterior, el ensayo continúa con un apartado titulado "La ceguera de la economía". En lo personal considero que más que de la ceguera de la economía deberíamos hablar del flagelo de la economía. Un pesar que ha llevado a que olvidemos todos los grandes logros multidisciplinarios que se alcanzaron con la unión. Lamentablemente esa economía que ha puesto en primer lugar a los bancos internacionales y ha dejando a la deriva a los pueblos europeos hoy se posiciona en el centro del debate. Para Ulrich Beck la visión de la economía nos afecta social y políticamente. Los años de crisis han generado desorientación colectiva respecto de hacia donde debemos dirigirnos. La vorágine económica ha puesto en el centro a los bancos, el consumo, las finanzas y la moneda, relegando a un segundo escalón ciertas variables políticas y sociales. En un marco supranacional de semejantes proporciones el enfoque estado-nacional ha quedado limitado en su accionar. Para el sociólogo alemán los problemas actuales no pueden solucionarse con un enfoque tradicional. Según Beck las instituciones y mecanismos convencionales han perdido utilidad frente al transnacionalismo, los grupos de poder internacionales y las políticas fiscales comunes (7). Para ello cree que es necesario cambiar las reglas. La Unión Europea precisa de una política económica y financiera común, ello posiblemente fortalezca a la unión, en parte porque en términos becknianos ¡los riesgos globales no pueden solucionarse planteando "esto lo solucionamos nosotros"! Más allá de la grandilocuencia discursiva (que esperemos no se transforme en verborragia) es notorio el enfoque de Beck respecto a la necesidad de solucionar los problemas con una política europea común. Después de todo ese ha sido el camino seguido para otros dilemas. El autor sostiene que al haber un futuro común, los medios también deben ser compartidos: "Aquí lo importante, por encima de todo, es la supervivencia política en casa" (8). Comparto con Beck la idea de trabajar conjuntamente para impedir que el problema económico arrastre a la unión al abismo, consecuentemente dilapidando todo lo conseguido hasta el momento. La crisis no es solo económica. Amenaza con erosionar los pilares fundamentales de la sociedad europea. Es preciso evitar el hundimiento de los "valores europeos". Me gustaría cerrar la idea con una frase que expresa el propio Ulrich Beck: "[...] sin los valores de la libertad y la democracia, sin sus orígenes culturales, Europa no es nada" (9). 









Para el autor Europa ha experimentado una ceguera fruto de centrar gran parte de su atención en la economía. El sociólogo alemán sostiene que los problemas actuales no pueden solucionarse con mecanismos convencionales. Habría que tener en cuenta, a su vez, si los mecanismos modernos solucionan el problema de forma equitativa o si aumentan las disparidades.





Cerrando el primer capítulo Beck no deja de lado el problema de la lógica de poder intraeuropeo. Para el autor la crisis del euro ha catapultado a Alemania a la posición de potencia hegemónica europea. De todas formas, incluso si nos remontamos a los años previos, el período que va desde la Caída del Muro de Berlín hasta la firma del Tratado de Maastricht propulsó a la Alemania de la reunificación hacia la cúspide europea. Su potencial económico y el desarrollo que tuvo durante las dos siguientes décadas sentaron los cimientos de lo que sería la potencia económica europea, para muchos el corazón industrial, financiero y monetario de la Unión Europea. Todos lo saben pero pocos quieren decirlo, porque en parte no deja de ser algo tabú: Europa se ha hecho alemana. Beck maneja con suma cautela dicha cuestión a lo largo de todo el libro. No es fácil sostener dicha idea, después de todo lo que significó Alemania en clave europea desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad. El autor hace bien al preguntarse por los alcances y consecuencias de ello. Para gran parte de los europeos desde la conformación de la CECA y posteriormente con la firma del Tratado de Roma, la estabilidad continental se fundó en la búsqueda de consensos y la carencia de una hegemonía totalitaria. Resulta paradójico decir esto, por momentos uno debe releer lo que escribe. Un proyecto que buscó impedir caer nuevamente en los errores del pasado terminaría dando lugar a un nuevo dominio. Con otras herramientas, desde otros espectros y bajo una nueva era, pero un nuevo dominio al fin. Toda las miradas apuntan a Alemania, más en tiempos de crisis. La Bundesrepublik se encuentra frente a un desafío histórico. En palabras de uno de sus ciudadanos: "Que nadie lo dude: en una Europa alemana se responsabilizará a Alemania del fracaso del euro y de la Unión Europea" (10).  Alemania no ha buscado el liderazgo que ostenta actualmente. De seguro tampoco buscará un fracaso en dicho sentido. Claro que frente a los problemas globales, la cuestión alemana es algo secundario, de todas formas la situación de Alemania es frágil. Es demasiado lo que está en juego y como mencionan tanto el autor como los académicos, analistas y medios de comunicación: todas las miradas conducen a Berlín (11). 





Capítulo II: Las nuevas coordenadas europeas de poder. Cómo Europa se hace alemana





El segundo capítulo se centra en los problemas de poder, la crisis y las amenazas que experimenta Europa. Retomando su teoría del riesgo, Beck sostiene que las consecuencias globales de la actual economía transnacional generan "riesgos globales". Los mismos ya no pueden ser manejados por los denominados conventional mechanisms. Queda claro que para Beck la globalización ha erosionado el orden estatocéntrico. Si centramos la mirada en Europa observamos que los mecanismos de funcionamiento de la unión agudizan dicha tendencia. Deberíamos preguntarnos si se puede llegar a establecer un paralelismo con la shock doctrine. La presencia de catástrofes, crisis e inestabilidad tanto social como económica generan el escenario perfecto para que las medidas de los neocons sean aplicadas. Bajo escenarios diferentes dichas medidas neoliberales difícilmente podrían ser aplicadas, sin embargo dado el clima social las élites aplican cambios drásticos en forma de shock. Para el sociólogo alemán prevalecen actualmente en Europa cuatro puntos de conflicto. Por un lado la idea de "más Unión Europea" versus la de "más estado". En segundo lugar crisis versus medidas. Luego guerra y riesgo. Finalmente la lógica capitalismo - globalización enfrentada a la visión estatocéntrica.

Respecto a la primera, mencionando brevemente que Beck es notoriamente proeuropeo, se sostiene la conceptualización de corregir los errores del pasado (12). Para ello considera medidas para fortalecer el accionar de la UE en términos financieros, bancarios y de control de capitales. Claro que esto podría despertar temor a perder control o como se ha tornado común decir en Europa: ceder poder del estado-nación a la unión. El debate es extenso y Beck no se explaya demasiado al respecto. Podríamos también tomar como referencia que en años recientes ha cobrado mayor fuerza la vertiente antieuropea, que considera necesario abandonar la unión y regresar a un estado-nación con mayor autonomía, ergo más poderoso. En Francia hemos visto el avance del Front National de los Le Pen y en el Reino Unido la popularidad que ha cosechado el UK Independence Party de Nigel Farage. Las mencionadas expresiones también deben ser tenidas en cuenta, algunos partidos tales como Nationaldemokratische Partei Deutschlands (Alemania), Golden Dawn (Grecia) o Lega Nord (Italia) han acaparado a una parte importante de los sectores sociales descontentos con el proyecto de integración europea. Sus manifestaciones dan cuenta de una clara intención por retirarse de la unión para centrar y abordar el problema desde la óptica estatal (13). El segundo punto de conflicto (crisis vs. medidas) tiene como centro de discusión las políticas de urgencia. La UE ha tomado medidas de forma rápida, en parte por lo que hemos mencionado respecto a la interconectividad y velocidad de la economía global. Los defensores de las mismas sostienen que de no haber actuado los problemas hubieran aumentado. Por parte de sus detractores se critica la falta de consenso interno y su unilateralidad. En lo que respecta al conflicto entre guerra y riesgo Beck pone énfasis en las dicotomías que imperan en Europa. Sea tanto enemigo - cooperación como nosotros - ellos, el actual estado global da prueba de la necesidad por posicionar en los polos a gran parte de los actores. Esto claramente ha llevado a una situación de suma cero (14). Todo lo que una parte haga es visto como un impedimento al accionar de la otra. Los resultados son vitoreados por unos y rechazados por otros. En pocas palabras, Europa se ha acostumbrado a vivir bajo una lógica donde todo lo que uno gana lo pierde el otro. Ha dejado de ser la Europa de los consensos y los resultados de suma positiva donde todos ganan (15). En última instancia, el conflicto entre capitalismo/globalización y el enfoque estatocéntrico abre la puerta al debate respecto a si los estados y la política nacional tienen independencia del capitalismo y el poder económico. Beck lo expresa en los siguientes términos: "Con el hundimiento del comunismo soviético, el capitalismo se ha globalizado y, según la opinión general, se ha sustraído al control de la política. Tanto da que se trate de conservadores, socialdemócratas o verdes: los políticos de todos los partidos se perciben a sí mismos como entes traídos y llevados en un juego de poder dominado por el capital, que opera a escala global" (16). En términos fischerianos "nadie puede hacer política contra los mercados". Lo que Keohane y Nye expresaron al hablar del transnacionalismo global en la inmediata post Guerra Fría parece más una realidad que una conceptualización académica. En el actual marco europeo las medidas globales y comunes se enfrentan a la oposición nacional. Desde mi perspectiva particular esto no se ha debido a que hay actores que no han logrado insertarse en el mundo globalizado o no lo comprenden, más bien se debe a que buscan hacerle frente a una política que dirige sus medidas a salvar a los grupos equivocados. Si la integración buscó acercar a las naciones ¿por qué mira más al sector financiero que a los pueblos? En una unión que parecía sólida han emergido nuevos clivajes. Las fracturas entre sí al euro y no al al euro, países deudores y países acreedores o la actual visión de una Europa a dos velocidades, se han agudizado. Nadie puede negar estos clivajes que polarizaron la realidad europea. La crisis y la confrontación llevan a una situación de estancamiento, imposibilitando cualquier tipo de avance. Cuando surgen actores con nuevos enfoques, como podrían ser los partidos políticos Syriza (Grecia) y Podemos (España), estos son rechazados al ingreso en el debate por la actualidad y el futuro del continente. 









La Unión Europea se ha convertido en un juego de suma cero donde todo lo que uno gana otro lo pierde. Esto ha disminuido el interés de los actores por apostar a la cooperación. En una estructura supranacional como la europea los consensos se tornan fundamentales, al estar operando bajo lineamientos adversos los conflictos aumentan. 


En la imagen se puede apreciar al actual Ministro de Finanzas de la República Federal de Alemania Wolfgang Schäuble junto a su par heleno Yanis Varoufakis durante una conferencia de prensa respecto al manejo de la crisis de la deuda griega.





Las dicotomías intraeuropeas también han dejado en evidencia los niveles de dependencia. Los rescates y la ayuda económica son manipulados por ambos bandos para defender sus posiciones. Quienes dan hablan de falta de compromiso, irresponsabilidad y despilfarro por parte de quienes reciben. Mientras tanto, estos últimos, acusan a los primeros de manipulación, dependencia y ayuda condicionada (que bien podría ser catalogada con otros términos). Beck nuevamente abre la puerta e invita al debate: "En el capitalismo del riesgo ¿solo tienen voz y voto los países ricos? ¿Los países acreedores tienen que darse por satisfechos con una democracia en la sombra o una cuasi democracia?" (17). La economía influye en la política, la condiciona, establece nuevas posiciones en la lógica de poder. Las imposiciones y los mandatos desde arriba, como bien expresa Beck, se han hecho una constante en la actual UE. Para el autor esto explica la supremacía alemana. A medida que la nación germana acumuló mayor poder económico, contó con mayor margen de maniobra frente a las demás naciones de la unión monetaria. Consecuentemente se consolidó como potencia económica, algo que le otorgó  el micrófono europeo (para otros, el látigo europeo). Escuchando a un importante expolítico europeo en una conferencia brindada el corriente año, el mismo decía que el problema de la Unión Europea es que cuando uno telefonea desde afuera lo atiende una contestadora que dice "en este momento no podemos atenderlo de forma directa, si desea comunicarse con Berlín marque 1, para contactarse con París 2, Atenas 3, Bruselas... y así sucesivamente". Desde lo personal, agregaría que cuando uno intenta telefonear desde afuera a la unión, no solo que no recibe una respuesta única sino que el contestador dice "en este momento no podemos atenderlo (debido a nuestros problemas internos) si desea consultar por el saldo de su deuda comuníquese con Berlín, para solicitar préstamos Berlín, para negocios con la UE Berlín, para todos lo demás (política, aranceles, cultura, migración) comuníquese con las respectivas dependencias". Da cuenta de la preponderancia que Europa le ha dado a lo económico y financiero, donde la cableoperadora nos remite indefectiblemente a Berlín (o dependiendo del día a Frankfurt). Es parte de la lógica de poder que describe Ulrich Beck. 









La actual Unión Europea ha tenido como prioridad inmediata la economía. Ulrich Beck cuestiona la lógica imperante en el capitalismo del riesgo, donde el poderío económico condiciona las demás variables de la estructura supranacional.





Para Beck la canciller alemana Angela Merkel practica una política interna (en clave europea) que está al servicios de los intereses nacionales. El autor sostiene que la prioridad de Merkel, al igual que de todo político, sigue siendo ganar elecciones en Alemania. Para ello debe, inexorablemente, responder a los intereses del pueblo alemán, los cuales actualmente están divorciados de los intereses inmediatos de otros pueblos europeos. Los alemanes han tenido un buen ritmo de vida en años recientes, no quieren perder y ese afán implica no querer cambiar. En parte, el éxito de la ética merkeliana responde a dicha cuestión (18). A la luz del análisis de Beck (respaldado por gobiernos, partidos, sindicatos y ciudadanos europeos), Angel Merkel no es una verdadera líder global con interés en solucionar los problemas europeos y en caso que por momentos lo sea ese interés está conducido por no ver afectados los intereses del pueblo alemán. La Alemania contemporánea tiene otras prioridades e intereses de los cuales podría llegar a tener, por ejemplo, Grecia. Cuando ambos comparten intereses, los une más la rigidez monetaria y el espanto a terminar abriendo la caja de pandora que la verdadera necesidad de solucionar los problemas de fondo. Gran parte de las líneas que le dedica Beck a su mandataria giran en torno a lo que él mismo denomina como "Merkiavelo". Dejando de lado el abordaje de un líder de notorio peso internacional, más allá de la opinión del autor, actualmente se evidencia una falta de iniciativa alemana. Esto proviene de un liderazgo no esperado y no deseado. Por momentos pareciera que no quiere hacerse cargo. Unas semanas atrás, en un artículo del Der Spiegel se expuso una frase que en este caso podría ser bastante explicativa: "Ella [Angela Merkel] tiene como hijos a los alemanes, no a los italianos y griegos". Por momentos puede entenderse que varios críticos de la política europea de Alemania sostengan que la nación continúa actuando de forma personal en defensa de sus intereses. La BD cuenta con un mando involuntario, a pesar del cual hasta el momento le ha ido bastante bien. La famosa política del jein (sí, pero no) es clara al comprender esta idea (19). En Das deutsche Europa Beck expresa: "Si Alemania niega su consentimiento la ruina de los países endeudados está asegurada. Con lo que solo hay algo peor que ser aplastado por el dinero alemán, no ser aplastado por el dinero alemán" (20). Esto da cuenta de la situación que viven las naciones europeas. Alemania tiene un peso indiscutible, su supremacía es innegable. De todas formas, presenta divergencias de criterio con el resto de las naciones de la zona euro respecto al accionar. Nuevamente nos encontramos ante las dicotomías intraeuropeas y la teoría de los polos. También con los conceptos de la teoría de los juegos, con la salvedad que si Alemania hace determinada acción todos se sentirán perdedores, si no la hace, de acuerdo a Beck, se sentirán aún peor. 









El exponencial crecimiento económico de Alemania desde la posguerra hasta la actualidad ha convertido a la nación germana en el actor más poderoso de Europa. La estructura europea y el control alemán de las finanzas, los mercados y la política monetaria han facilitado el modelo conducido actualmente por Angela Merkel. En la década de los 80s el primer presidente socialista de la Quinta República Francesa, François Mitterand, ya advertía: "El Sistema Monetario Europeo se ha convertido en una zona alemana. Pero Alemania Occidental no tiene aún autoridad sobre nuestras economías. Con el Banco Central Europeo la tendrá". 


En la imagen se puede apreciar una línea de producción de automóviles alemanes en una fábrica de Porsche ubicada en la zona este de Alemania.





Regresando a los conceptos que describe el autor respecto a la Europa alemana se aprecia que desde su perspectiva todos los medios para salvar al euro y consecuentemente a Europa deben pasar por el escrutinio nacional. La aprobación alemana determinará el futuro de la unión monetaria. De todas formas en años recientes los países en crisis ven a la Bundesrepublik como un verdugo más que un salvador. El temor a la decisión alemana retumba en todos los extremos de la unión. Lo que pocos europeos (pro-Euro) saben es que los alemanes están muy a gusto con la moneda común. Ella les ha otorgado mejores salarios, estabilidad familiar y un futuro próspero en materia previsional. Como reza el dicho alemán "mejor un euro alemán que ningún euro". Sin embargo, los griegos y portugueses que gozaron de estabilidad monetaria por primera vez en décadas (con el Euro) no tienen en cuenta el enorme costo que deberán de afrontar si desean mantenerse en la zona euro. Todo tiene un precio y en este caso el precio lo fija Alemania. Varios europeos piensan de forma similar que Ulrich Beck, para quien Alemania se ha mostrado brutalmente neoliberal puertas afuera de Brandenburg mientras que el consenso socialdemócrata impera puertas adentro. Ésa es la fórmula del éxito de Merkiavelo (según Beck). Para el autor se presenta algo de lo cual hemos hablado previamente, una lógica de suma cero. Finalmente, cabe exponer algunas cuestiones remitidas a la autopercepción alemana. Para el pueblo germano su modelo de vida es el más exitoso, demostró imponerse por sobre los del resto. Los alemanes creen que gran parte de dicho éxito estuvo centrado en dos pilares fundamentales: el trabajo y la austeridad. Así como una parte de los alemanes se preocupa por la situación de sus vecinos y busca otorgar una salida razonable, otro sector cree que existió culpabilidad por parte de los demás miembros de la unión monetaria. No han sabido aplicar el modelo alemán de esfuerzo y control. Algunos conceptos se han agudizado fruto de la crisis, entre ellos "disciplina fiscal", "responsabilidad en el gasto" y "austeridad". Por más difícil que resulte de comprender, el proceso de unificación alemana y consecuentemente el desarrollo de un modelo económico estable dista bastante de la situación por la cual han atravesado franceses, italianos e irlandeses en las últimas dos décadas. No es fácil aplicar modelos económicos en sociedades tan divergentes. No es posible ejecutar la obediencia alemana mediante el adiestramiento. Hasta el momento las recetas no han tenido el efecto deseado. La Europa alemana de la cual habla Beck no puede regirse por otros patrones que no sean los alemanes. Incluso cuando resulta difícil de aplicar los mismos, la respuesta es forzarlos aún más. En algún momento deberá romperse el muro de cristal que permite ver pero impide sentir: los griegos no son alemanes. Jamás lo serán. Se debe adoptar un nuevo enfoque para que en esta Europa alemana también se sirvan platos "a la griega" o "a la española".





Capítulo III: Un contrato social para Europa





El último tramo del libro comienza con un planteo sumamente atrapante: "Imaginemos que tuviéramos los medios para construir la Europa más grandiosa, bella y maravillosa que somos capaces de soñar ¿De qué serviría si los ciudadanos no la quieren?" (21). Ésta es una temática que algunos venimos proponiendo desde hace bastante tiempo. La Europa de los ciudadanos y para sus ciudadanos. Donde el europeo común no sienta que la integración es materia exclusiva de tecnócratas, una unión en la cual Bruselas no se halle a miles de kilómetros de distancia. Debemos preguntarnos ¿qué significa Europa para el ciudadano común? Porque en última instancia hay una sola Europa, la Europa de la gente.










Una de las principales propuestas realizadas en Una Europa alemana es volver a poner al ciudadano en el eje del debate. Europa precisa de un nuevo enfoque social que busque cuidar más a sus ciudadanos y menos a la banca transnacional.





Ulrich Beck evalúa los postulados del contrato social de Jacques Rousseau. El alemán propone la introducción de un nuevo contrato social para Europa. Allí será el ciudadano quien ocupe el centro de todas las cuestiones. Analicemos algunas de las propuestas del autor. Actualmente Europa se encuentra en la transición hacia una sociedad posnacional. La misma deberá edificar las instituciones capaces de defender a dichos ciudadanos europeos. Beck enuncia, por ejemplo, la necesidad de proteger al individuo desde un plano multidimensional. Ello incluiría mayor seguridad económica, protección frente a las corrientes financieras globales y un riguroso control a demás actores que puedan afectar los derechos de los citoyens européens. Esto debe alcanzarse mediante más Europa. Se debe reforzar la premisa angular de "unidos en la diversidad" (22). En segundo lugar se debe romper con las dos visiones de Europa. Esto implica erosionar los conceptos de dicotomía y polarización de los cuales hemos estado hablando. Las divisiones dificultan la supervivencia y desenvolvimiento en la actual sociedad del riesgo global. Juntos somo más fuertes. Si hablamos de unidad en la diversidad se debe romper con la Europa de las dos velocidades. No hay norte ni sur que se imponga uno sobre el otro, porque por sobre todas las cosas prevalece la unidad; Ulrich Beck trata otra cuestión atractiva: los esquemas horizontales y verticales. Para el autor este contrato social europeo debe avanzar con la integración horizontal y romper los esquemas verticales de las actuales instituciones. Él manifiesta que dichos paradigmas, que precisan avanzar en el tiempo, terminaron creando "casas vacías" donde los habitantes no quieren entrar bien por temor o por desconocimiento. La Europa del esquema horizontal pone a todos a un mismo nivel, la integración de los pueblos europeos unidos en la diversidad. Otro postulado es el de impedir que la ortodoxia estado-nacional haga que las poblaciones se vuelvan sobre sí mismas frente al temor a los fracasos de la integración. Beck ha sido criticado por dicho enfoque. Sus detractores sostienen que el alemán busca abandonar cualquier tipo de vinculación con las estructuras estatales. Más allá de estar a favor o en contra del mencionado enfoque, lo importante es tener en cuenta que los temores a la integración no pueden conllevar a que las sociedades se replieguen sobre sí mismas, enajenándose de la realidad global a la cual se enfrentan. La experiencia europea nos ha mostrado lo peligroso que puede llegar a ser para la paz y estabilidad continental cuando esto sucede. Ni la retirada unilateral ni la exclusión externa sirven. Los pueblos europeos deben avanzar juntos hacia el futuro. Continuando con las propuestas de Beck en Una Europa alemana, se encuentra la necesidad de decir no a los bancos, sí a los ciudadanos. Este argumento es similar al expuesto por el embajador argentino ante Portugal Jorge Argüello. En su reciente libro Diálogos sobre Europa el diplomático argentino recoge las experiencias y opiniones de notorias figuras del proyecto europeo (23). Gran parte de ellas abogan por la necesidad de recuperar al ciudadano, un ciudadano europeo que se siente desamparado. En el mencionado texto académico el autor plantea un cambio de enfoque que se aleje de la óptica neoliberal focalizada en los bancos, los números y los activos financieros para centrar su mirada en los pueblos, sus demandas, reclamos y necesidades. Esto es vinculable a la teoría del riesgo global, donde la gente se siente desamparada ante los nuevos riesgos. El ciudadano se siente indefenso, por ello la Unión Europea debe abogar por palear los mismos, emprendiendo el duro pero loable camino de regreso hacia el pueblo europeo. 









La Unión Europea fundó sus cimientos sobre la premisa "unidos en la diversidad". Hoy más que nunca los europeos deben abogar por encontrar soluciones mutuamente aceptables de forma conjunta.





Similar a la forma en la cual plantea los conceptos en esquemas horizontales y verticales, Beck introduce la idea de una democracia desde abajo. Históricamente se ha sugerido que la integración europea fue fruto de la creación de las élites y cuerpos burocráticos de las naciones europeas con vistas a mantener un esquema continental más estable dentro del marco de un conflicto global de épicas proporciones como lo fue la Guerra Fría (24). Regresando a la idea de democracia desde abajo, en la actualidad, para Beck, Europa precisa de una democratización institucional impulsada desde la sociedad civil. Los movimientos sociales han cobrado fuerza en Europa a partir de la crisis, para el autor son  manifestaciones de la necesidad ciudadana por un cambio: "Solo cuando la gente vea en Europa su propio proyecto, solo cuando sea capaz de adoptar la perspectiva de los ciudadanos de otros países europeos tendrá sentido hablar de la integración vertical y de la democracia europea" (25). Beck se envalentona al grito de Put society back in! (26). En cierta forma tiene razón. La actual UE parece tomar decisiones y emitir acciones dándole la espalda a sus ciudadanos. Estos observan con ciertos tintes de desconcierto lo que sucede en Bruselas, Estrasburgo o Fráncfort del Meno. Europa precisa de mayor integración ciudadana, el esquema horizontal del cual habla Beck. Después de todo Europa es cohesión y para ello se precisa de los ciudadanos. Respecto a lo último que expresa en la frase citada previamente, indefectiblemente debe existir comprensión de los problemas del otro, adoptar la perspectiva de los demás europeos. Los griegos deben ponerse en el lugar de los alemanes y estos en el de los primeros. Recordemos, los griegos no deben intentar ser alemanes ni viceversa, más bien se precisa de comprensión mutua. Beck lo denomina "danza de la comprensión". 









Según Beck la Unión Europea precisa realizar una integración horizontal que le otorgue mayor relevancia a sus ciudadanos. Para el académico alemán las actuales instituciones europeas carecen de espacio para estos últimos. Puede sustraerse que el cambio que propone Ulrich Beck también apunta a una reformulación de las actuales instituciones europeas.


En la imagen se puede apreciar el edificio de la Comisión Europea localizado en Bruselas, Bélgica.





Concluyendo su obra, Beck habla sobre la necesidad de construir Europa conjuntamente. Para él los ciudadanos europeos deben movilizarse para cambiar los mecanismos de acción en la nueva unión. Debe existir una ciudadanía cuya colaboración se extienda más allá de las fronteras, donde los movimiento sociales pro-Europa expresen sus reclamos de forma consistente. Culmina con una frase directa que al lector lo deja desconcertado, sugiere que sin Europa y sin el euro Alemania sería ruinas. Es bastante difícil de asimilar dicha expresión porque posiblemente nos cueste intentar visualizar una Europa sin la unión política y monetaria. El último párrafo del libro expresa la ambivalencia imperante que no deja de ser la clara representación de lo que es la Unión Europea actualmente. Traducimos el mismo: "Puede que esto nos recuerde el esperanzador verso de Hölderlins, la consoladora promesa: 'donde crece el peligro crece también la salvación'. Actualizado y aplicado a Europa rezaría: donde crece el peligro crece también el fondo de rescate, y con ello las oportunidades de un poderoso movimiento proeuropeo. Pero tal y como se observa en nuestros días, se cumple también lo contrario: con el fondo de rescate crece el peligro, pues de la crisis del euro surge también -con una voluntad hasta ahora inquebrantable- una Europa alemana" (27) (28). 





Conclusiones





El libro Una Europa alemana es un trabajo sumamente novedoso y objetivo realizado por uno de los especialistas que más conoce Europa. Al ser presentado a modo de ensayo, Ulrich Beck cuenta con mayor margen para tratar de forma más amplia algunos de los temas que incumben actualmente a la Unión Europea. Por otro lado, el trabajo de campo resulta interesante porque le permite aplicar algunas de sus variables como por ejemplo la sociedad del riesgo. La Europa contemporánea es difícil de comprender sin contar con herramientas sociológicas tales como las que ha desarrollado Beck a lo largo de los últimos años. El ensayo se encuentra bien estructurado y documentado. No contamos desde este espacio con el análisis de los documentos que el autor releva a lo largo del trabajo, de todas formas el lector puede corroborar el apego de Beck a las fuentes. Posiblemente lo que resulte más novedoso sea la propuesta final, donde el alemán habla de la necesidad de un contrato social para Europa. Por un momento deberíamos sentarnos a pensar al ritmo en el cual hemos estado viviendo, la Europa en la cual vivimos. Todo ha sido números, cifras, índices, valores, activos, carteras, bonos, deuda, déficit, gasto público, default, presión fiscal, devaluación, inflación y condicionamiento monetario. Posiblemente tenga razón Beck cuando hable de la injerencia de la economía en la política. De todas formas, Europa es más que los bancos, las finanzas, los especuladores y los riesgos financieros. Europa también merece un debate social. Un debate donde la ciudadanía tenga mayor participación y donde se busque condicionar a la economía para beneficio del pueblo, no viceversa. Cuando se pensó lo que hoy conocemos como Unión Europea, entre tantas otras cuestiones, se buscó no tropezar con la misma piedra del pasado. Hoy día si bien no se tropezó con ella, se lo ha hecho con otra piedra. Cambian los actores, el contexto y el problema, pero este no se termina de resolver. 









Demasiado es lo que se ha teorizado y debatido respecto a la Unión Europea. Gran parte de los análisis actuales son realizados desde el enfoque económico y financiero. En Una Europa alemana, Ulrich Beck llama a debatir en clave social. La principal preocupación de Europa debería ser su gente y los problemas actuales que la aquejan.





A lo largo del análisis hemos introducido cuestiones tales como la de una Europa a dos velocidades o una unión que ha ido a semejante velocidad que terminó olvidándose de sus ciudadanos. Beck grita pongan a la sociedad adentro de nuevo. También habría que decir: pregúntenle de nuevo al ciudadano ¿Qué Unión Europea quiere? ¿Qué tienen para decir los pueblo europeos? Nadie dijo que la integración fuera fácil, pero claramente será más difícil si dejamos afuera a determinados actores centrales como las sociedades. Más que una Europa alemana necesitamos una Europa de los pueblos. Donde las sociedades que desde tiempos inmemoriales como la griega hasta actualmente la alemana han marcado el rumbo de la historia. Europa debe mirar a su gente no a los bancos. Los ciudadanos europeos ya han tenido demasiado de esta farsa. Europa es más que sufrimiento, austeridad y depresión. Solo los pueblos podrán romper las cadenas fijadas por las estructuras de poder internacional. No hay libre mercado si no hay pueblos libres.









En la actual Europa alemana debe de llevarse a cabo un profundo debate respecto a los mecanismos de acción, los proyectos y el futuro compartido de todos los miembros de la Unión Europea. Aquel que fuera en su momento el proyecto de integración más ambicioso del mundo hoy precisa introducir ciertos cambios de fondo que de seguro llevarán a una mejora global.





Como no podía ser de otra forma y al igual que Beck culmina su libro, mi idea era terminar apuntando el tema de Alemania y Europa o como el autor lo denomina: de esta Europa alemana. Más de medio siglo atrás el alemán Thomas Mann señalaba: "es preciso luchar no por una Europa alemana, sino por una Alemania europea" (29). Nadie puede dudar que desde la caída del nazismo, de alguna u otra forma Alemania, en sus distintas vertientes, ha buscado recomponer su relación histórica con Europa. Ha sido pieza fundamental del proceso de integración comenzado desde los primeros años luego del fin de la Segunda Guerra Mundial. Dejando de lado las disidencias, el pueblo alemán también realizó un gran esfuerzo por acercarse a su vecinos, pero principalmente por cambiar la imagen que tenían ante Europa y el mundo. No ha sido fácil dicho camino, más si tenemos en cuenta la dura tarea de la reunificación alemana, en medio del mencionado proceso. Sí, Alemania se ha europeizado. De ello no hay dudas. Sea tanto mirando a los cambios culturales, su comercio exterior, su política migratoria o sus inversiones, Alemania ha apostado fuertemente a Europa y no se trata de una apuesta exclusivamente económica. Posiblemente dicha reflexión permita comprender los motivos por los cuales Alemania ha titubeado respecto al dominio y control de la Unión Europea y consecuentemente de Europa. Beck lo menciona al plantear que todo lo que Alemania hiciera la haría responsable. En la Europa post-Maastricht todos los caminos conducen a Berlín y todas las miradas a Alemania. Por momentos uno escucha que la RFA debería haber adoptado un rol más dominante, conduciendo políticamente a la unión. En otros casos que Alemania ha instalado un régimen dictatorial en Europa donde decide a su menester. Indudablemente ambas posturas forman parte de la diversidad de opiniones y posiblemente la realidad se encuentre en algún punto entre las dos. De todas formas lo que a mí me interesa señalar es que estas dos visiones forman parte del debate que en cierta forma ha paralizado a Alemania y su gente. El pasado y el presente. Los defensores y los detractores. Los que quieren más y los que quieren menos. Que Alemania haya tenido cierto grado de ambivalencia a la hora de tomar las riendas europeas también se debe a esto. El ex Canciller alemán Helmut Kohl dijo durante el período de mayor romanticismo del proceso de integración europea: "La política alemana y la política europea no son separables. Son dos caras de la misma moneda". Hoy nos preguntamos si ambas pueden convivir bajo la misma moneda. Si cuando uno la lanza al aire y termina cayendo solo puede imperar la una o la otra. Los críticos del rol alemán creen que Alemania debería cambiar sus modos, pero no terminan de ver que Alemania ya ha cambiado demasiado desde 1945 hasta 2015. Se ha abogado por una apertura, mayor integración, comprensión de sus vecinos y en varios casos se ha cedido. El problema es que al igual que como menciona Beck, todo se mira desde lo económico y allí es donde Alemania pierde. Si queremos que Europa cambie debemos adoptar una visión que haga énfasis en lo social. Ello no solo implica mayor protesta y reclamo, también mayor comprensión social para con Alemania. Aquí sí que hay dos caras de una misma moneda. No podemos exigirle todo a Alemania y por otro lado responsabilizarla por todo. Si la Unión Europea es de todos, la responsabilidad también es de todos. Europa precisa de mayor comprensión, más si lo que queremos comprender es esta Europa alemana.





                                                                    Tomás Vera Ziccardi 





Bibliografía consultada






  • Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012

  • Beck, U., La Europa cosmopolita. Sociedad y política en la segunda modernidad, Editorial Paidós, Madrid, 2006

  • Beck, U., La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad, Editorial Paidós, Madrid, 2006

  • Beck, U., ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo. Respuestas a la globalización, Editorial Paidós, Barcelona, 1998 

  • Argüello, J., Diálogos sobre Europa. Crisis del euro y recuperación del pensamiento crítico, Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2015

  • Kohl, H., Erinnerungen, Droemer Knaur, München, 2007
(Memorias del ex Canciller alemán Helmut Kohl. Documento consultado en idioma alemán)

  • Kohl, H., Aus Sorge um Europa. Ein Appell, Droemer Knaur Verlag, München, 2014
(Documento elaborado por el ex Canciller alemán Helmut Kohl donde trata el concepto de unidad europea. Material consultado en idioma alemán)

  • Martinez Pandiani, G., Diplomacia pública y medios de comunicación. Del estado-nación a las cadenas mundiales de noticias, Ediciones Universidad del Salvador, Buenos Aires, 2008






Aclaraciones y notas al pie de página





(1) Beck, U., La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad, Editorial Paidós, Madrid, 2006.

(2) Beck, U., ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo. Respuestas a la globalización, Editorial Paidós, Barcelona, 1998.  

(3) Martinez Pandiani, G., Diplomacia pública y medios de comunicación. Del estado-nación a las cadenas mundiales de noticias, Ediciones Universidad del Salvador, Buenos Aires, 2008.

(4) En mi tesis de grado titulada Las relaciones Argentina - Japón (2003 - 2013) expongo los conceptos de fuerzas endógenas y exógenas que ejercen presión sobre los estados nacionales.

(5) Por ejemplo Portugal y Grecia. 

(6) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p.26.

(7) Aprovechando circunstancialmente la tratativa del problema al uso de mecanismos tradicionales es prudente señalar que desde la academia se ha dado lugar al debate respecto a si las actuales instituciones de la Unión Europea y los mecanismos de resolución de conflictos se han tornado ineficaces. El lector también debe tener en cuenta dicha cuestión. Beck plantea que los mencionados instrumentos, desde la óptica estado-nacional, no logran resolver los problemas actuales. También es posible que desde la perspectiva supranacional europea sea preciso un cambio de instituciones y mecanismos de respuesta.

(8) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 33.

(9) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 36.

(10) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 18.

(11) Lejos ha quedado la Europa donde todos los caminos conducían a Roma. Hoy Berlín es el destino por excelencia.

(12) En años recientes ha cobrado notoriedad dividir a quienes están tanto a favor como en contra de la Unión Europea bajo los rótulos de proeuropeos y antieuropeos o euroescépticos. La segunda puede ser más conocida para el lector ya que suele estar asociada a la vertiente británica suscitada desde la segunda mitad de los 70s bajo el thatcherismo.

(13) Lo cual también implica actuar por su cuenta. Desde la óptica de Beck es más difícil encarar los problemas globales (también los riesgos globales) desde la unilateralidad. El autor se muestra escéptico en cuanto a la factibilidad de hacer frente a una crisis de semejante envergadura por cuenta propia.

(14) De acuerdo a los postulados de la teoría de los juegos. 

(15) Continuando con la teoría de los juegos, un claro ejemplo de win-win situation.

(16) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 55.

(17) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 62.

(18) De la ética protestante a la ética merkeliana. Evolución del deutschen Volke. 

(19) El término jein proviene de la fusión entre las palabras sí y no en alemán. Respectivamente ja und nein. 

(20) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 68.

(21) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 81.

(22) United in diversity (del inglés) o In Vielfalt geeint (del alemán) es el motto de la Unión Europea.
 
(23) Argüello, J., Diálogos sobre Europa. Crisis del euro y recuperación del pensamiento crítico, Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2015.

(24) Los sectores más radicales hablan de la integración europea como un proyecto de los Estados Unidos para hacer frente al avance comunista en continente europeo. Dicha postura se inclina por sugerir que desde el Plan Marshall hasta la Caída del Muro de Berlín, Estados Unidos orquestó la gesta de lo que hoy día conocemos como la Unión Europea. 

(25) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 89.

(26) Expresión popular británica. Posiblemente acuñada durante sus años de desempeño profesional en Londres.

(27) Beck, U., Una Europa alemana, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 101.

(28) Aquí el lector experimenta en persona lo que es un claro jein alemán.

(29) Oriundo de Lübeck, Thomas Mann es reconocido como uno de los principales escritores e intelectuales alemanes del siglo XX. Su análisis sobre Alemania en clave europea ha permitido el desarrollo de un amplio campo literario al respecto. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1929 y con el premio Goethe 20 años más tarde. 





* La totalidad del presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del autor


jueves, 15 de enero de 2015

Vietnam a 40 años del fin de la guerra




Vietnam a 40 años del fin de la guerra





La fecha 30 de abril de 1975 quedó marcada en la historia por la icónica Caída de Saigón que representó nada menos que el fin de la Guerra de Vietnam. Bastante se ha escrito respecto al mencionado momento histórico desde los 70s hasta la actualidad. A pesar de ello, poco ha sido lo que se ha desarrollado respecto al aniversario del fin del conflicto bélico que paralizó a toda una región durante más de dos décadas. Dentro del mencionado microclima, buena parte de lo expuesto apuntó a rememorar tanto la visión estadounidense como el dolor y padecer del pueblo vietnamita. Como si Vietnam fuera símbolo de la guerra y sus posteriores efectos, no ha habido una apertura de visión en cuanto a la Vietnam contemporánea. Se ha dejado de lado la nación que sin encontrarse ajena a las consecuencias del conflicto en años recientes demostró un profundo deseo por mirar hacia el futuro, rompiendo el prejuicio de un mundo que obstinadamente le recuerda su pasado.

Desde este medio hemos abordado exhaustivamente la Guerra de Vietnam. Consideramos que tanto los acontecimientos previos como sus posteriores consecuencias cuentan con primordial relevancia. Sin embargo, siendo el presente año tan preeminente es preciso tomar en cuenta y a su vez desarrollar nuevos juicios críticos robustecidos de valor para dar cuenta de la nación que surgió luego de 1975. Desde dicho momento hasta mediados de los 80s, comienzos de los 90s, Vietnam padeció un aislamiento multidimensional forzado por Estados Unidos en el plano internacional. El precio del conflicto no solo se pagó caro, se amortizó a lo largo de las próximas décadas. Una nación con un potencial humano y material de la talla de Vietnam no podría quedar fuera de un mundo cada vez más globalizado. A medida que los nuevos paradigmas de poder iban tomando lugar en el sistema internacional, tanto la cúpula de poder nacional como las potencias hegemónicas comprendieron que había llegado el momento de un rotundo cambio. Las reformas de los años 80s, más conocidas en occidente como "reformas del Đổi Mới", comenzaron a dar sus frutos en la década siguiente, cobrando notoriedad a partir de 1995 cuando no solo la República Socialista de Vietnam regulariza sus relaciones exteriores con gran parte de sus vecinos sino también cuando tomaban lugar cambios intrarregionales en el Sudeste Asiático. 

De las reformas económicas a los cambios políticos tuvieron lugar otro tipo de virajes tales como los culturales y generacionales. Una nación con ansias de insertarse en el mundo y convertirse en un referente asiático pronto comprendió que las nuevas generaciones debían recibir una educación más abarcativa y menos condensada en el pasado (no solo por la guerra, más bien por el deseo de romper una dialéctica incongruente con el proceso global de la segunda mitad de los años 90s). A partir de aquel momento Vietnam desarrolló un cambio económico que entre otras cuestiones le permitió: ampliar su comercio con el resto del mundo, recomponer relaciones bilaterales signadas por el pasado, acrecentar el desarrollo interno, estructurar uno de los mercados internos más prósperos de Asia, potenciar sus recursos humanos y tornarse un referente geopolítico en clave regional. Actualmente Vietnam es un actor fundamental de la región Asia-Pacífico, uno de los principales miembros de ASEAN, un productor de manufacturas destinadas a posicionarse más allá del mercado regional, una nación con estrechos vínculos diplomáticos y comerciales con todas las regiones del sistema, un potencial socio económico y una nación con una de las monedas más atractivas para realizar proyectos de inversión. 

Cuando tomamos en cuenta casos de estudio tan complejos como el de Vietnam no puede darse lugar a un simplismo historiográfico que más que vincular naciones a su pasado las ata y consecuentemente condena ad eternum. Hoy, a cuarenta años del fin de una guerra de semejante envergadura como lo fue la desempeñada en Vietnam, es el momento indicado para revalorizar la evolución histórica que si bien no se disocia de su pasado busca superarlo. El Vietnam contemporáneo es más que la guerra. Luego de cuatro décadas han tomado lugar una infinidad de cambios de índole tanto exógena como endógena que conllevaron a una nueva nación. De igual forma debería tomar lugar una nueva concepción internacional respecto a dicho actor y su presente. Es hora de superar juiciosamente las heridas del pasado, varias de las cuales provienen de prejuicios inaceptables en los albores del siglo XXI. Posiblemente debamos seguir el ejemplo de Vietnam, una nación que ha buscado mirar hacia el futuro. A cuatro décadas del fin de la guerra imploramos por un nuevo enfoque respecto a una nación que merece más de lo que le hemos dado hasta el momento. 





Los derechos del presente editorial son propiedad de TVZC



jueves, 1 de enero de 2015

Calendario 2015



Calendario 2015




El presente calendario rinde cuenta de todos los trabajos que serán publicados a lo largo del ciclo 2015. Luego de un proceso de selección ejecutado durante el ciclo previo se decidió establecer la cantidad y temática de las áreas que serán abordadas. A fin de mantener los parámetros y estándares históricos del sitio web, la asignación de áreas y temas se llevó a cabo mediante el análisis de la trayectoria del sitio, los intereses de los lectores y por sobre todas las cosas el principio de diversidad a la hora de tratar temas. Finalmente cabe aclarar que no son expuestos los títulos de los trabajos, los mismos serán dados a conocer con sus respectivas publicaciones mensuales. A su vez, la última entrada del año rendirá cuenta de forma detallada de todos ellos. La nómina final se encuentra compuesta por:






  • El análisis de un libro. Debe estar remitido a las áreas que generalmente son abordadas en el sitio web.*

  • El análisis del primer State of the Union Address de un presidente estadounidense. *

  • El análisis de un líder internacional, el cual puede ser contemporáneo o exponente de otros períodos históricos.*

  • El análisis sobre un tratado internacional. El mismo debe continuar en vigencia.*

  • Un trabajo respecto a un estado independiente en particular. El mismo no puede formar parte de las grandes potencias, potencias regionales ni tampoco estados con un rol primordial en el sistema internacional. *

  • Un trabajo respecto a constitucionalismo.

  • Un editorial respecto a temas que aquejen a la actual realidad internacional.

  • Un trabajo remitido a América Latina. * , **

  • Un trabajo remitido a Europa. **

  • Dos trabajos sobre los Estados Unidos de América. **

  • Dos trabajos sobre el Estado del Japón. **

  • Un trabajo sobre el Reino de Tailandia. **

  • Un trabajo sobre la República Argentina. **

  • Un trabajo remitido a la economía internacional. 

  • Dos ciclos de entrevistas.

  • Un trabajo sobre política exterior. El mismo debe tener perspectiva histórica.

  • Un trabajo sobre política exterior. El mismo debe evaluar una cuestión actual.

  • Un trabajo sobre los Kennedy. El mismo puede tratar de forma particular a un miembro de la familia, accionar de gobierno, pensamiento u otros. Para cumplir con la demanda debe abordar específicamente la variable "los Kennedy". A nivel general no existen limitaciones.

  • Un trabajo novedoso cuyo formato jamás haya tenido presencia en el sitio web. El mismo ya ha sido estipulado.


Es preciso tener en cuenta que 1/5 parte de las publicaciones deben ser presentadas en idioma inglés. De la nómina total cualquiera de ellos puede ser seleccionado.


* trabajos cuyo formato ya ha sido previamente desarrollado en el sitio web.
** no existen limitaciones respecto a los temas particulares que deben abordar. 



lunes, 15 de diciembre de 2014

La ética de los negocios en Singapur



La ética de los negocios en Singapur









Autor: Tomás Vera Ziccardi






La República de Singapur suele ser presentada como uno de los más exitosos modelos de transformación nacional. La historia ha demostrado que de la convulsión social en la era posterior a la independencia británica a la moderna y próspera nación del siglo XXI existió una profunda transformación de carácter multidimensional. La nación asiática hoy cuenta con los indicadores socioeconómicos más elevados de la región, sin embargo la liberalización de mercado y los éxitos financieros escondieron la mano de hierro con la cual se gobernó la nación durante décadas. Nuestro interés no es ingresar en un debate ideológico respecto de la evolución histórica de Singapur desde los 60s hasta la actualidad. Ello traería aparejado un análisis sumamente complejo respecto de una nación difícil de comprender. Este artículo busca desarrollar algunas de las conceptualizaciones y creencias más arraigadas que tienen los singapurenses en materia de negocios, finanzas y comercio. La nación ha desarrollado progresivamente una fuerte cultura comercial, empresarial y bancaria que la posicionó como el principal referente en clave regional. Actualmente Singapur es un centro estratégico para los negocios, las finanzas internacionales, el comercio global, las inversiones y las operaciones bancarias. Los singapurenses se han tornado unos expertos en dicha materia, algo que sostiene la economía nacional desde hace décadas.

Una nación con escasos recursos naturales y un territorio sumamente limitado debió realizar un gran esfuerzo en torno a explotar sus recursos humanos. Influenciados por la estructura comercial legada de los británicos, el rol de las clases altas vinculadas al comercio (de ascendencia china) y el capitalismo estadounidense, los singapurenses buscaron perfeccionar el arte de los negocios. Dentro de varios valores que destacan se puede mencionar la idea de dedicación completa. No es compatible mantener negocios divergentes al mismo tiempo. Siempre es preciso comenzar centrando esfuerzos en un proyecto determinado. Actualmente son varios quienes emprenden un negocio personal a la par de sus actividades profesionales, lo cual dificulta mantener un equilibrio entre ambos. En occidente esto suele ser bastante común, donde las personas esperan que el crecimiento de su negocio los llevará por decante a dar un salto desde sus respectivos trabajos formales. En Singapur se considera necesario otorgarle dedicación completa a todo negocio que uno emprenda, ya que por otro lado la competencia es elevada, no dando margen para quienes deben fragmentar su tiempo y recursos en otras actividades. Algo similar se evidencia en el proyecto de nación erigido por Lee Kuan Yew, quien luego de un proceso industrial centró esfuerzos para convertir a Singapur en un centro financiero y comercial de alcance global. Posiblemente esto también encuentre relación con la matriz productiva y la posición geográfica de Singapur, dadas sus limitaciones centraron esfuerzos en determinadas variables específicas. 









Con una población de 5,5 millones de habitantes (la menor de la región sin tomar en cuenta a Brunei y Timor Oriental) distribuida en menos de 700 kilómetros cuadrados (el territorio más pequeño de todo Asia) Singapur es una de las naciones más desarrolladas del mundo. Gran parte de su poderío económico posee una fuerte base en la ética de los negocios que han desarrollado a lo largo de la historia los singapurenses.





Los liberales (económicos) tienden a poner a Singapur como uno de los grandes ejemplos de cambio estructural de una nación mediante la liberalización económica. Si bien es cierto que actualmente la nación asiática es uno de los principales actores internacionales abocados al respeto de las reglas del libre mercado, la historia ha dado cuenta que el estado ha tenido un rol central en cuanto a control y regularización. Ello no implica como sostienen ciertos académicos que Singapur ha sido un modelo que combinó las reglas del libre mercado con la centralización planificada. De todas formas, el estado ha sido un actor determinante fijando las áreas en las cuales se invertiría, los mecanismos para atraer inversores, la competencia de las corporaciones extranjeras arraigadas en el país y las reglas bajo las cuales coexistirían las fuerzas de mercado. Gran parte de dicha ética perdura en la Singapur del siglo XXI. El estado continúa fijando las regulaciones impositivas, la entrada de corporaciones, los negocios con otras naciones y las finanzas globales. Ello no quita que los parámetros que haya fijado sean cercanos al liberalismo, donde las regulaciones, los gravámenes impositivos y las restricciones comerciales sean escasas. En ciertos casos Singapur ha sido señalado como un caso donde el estado funciona a modo de válvula de presión y control. Fija normas buscando que las partes las respeten, pero de ahí en adelante su intervención es prácticamente mínima. No queremos decir que dicho modelo sea bueno o malo, mejor o peor que otros, más bien es la descripción de la forma mediante la cual el estado ha buscado regular la economía. La burocracia nacional cree que en las economías abiertas y dinámicas debe existir una regulación clara para emprender negocios. Donde existen puntos oscuros la competencia de torna injusta dando lugar a pocos beneficiarios y varios perjudicados. 









Desde la década de los 60s en adelante el estado ha tenido un fuerte rol en el diseño de los lineamientos generales de la economía. El gobierno de Lee Kuan Yew, que administró la isla durante más de tres décadas, estableció las reglas bajo las cuales funcionaría la economía. 





En Singapur prevalece la creencia dentro del mundo de las finanzas que todo aventurero debe conocer el equipo que llevará durante su travesía. Dicha visión ha sido fuertemente vinculada al mundo de los negocios, donde los singapurenses consideran necesario que un inversor debe conocer las reglas del juego, los elementos centrales del rubro y el funcionamiento sistémico. Emprender un negocio tan solo porque se quiere obtener una ganancia no suele ser muy recomendado por los habitantes de la isla. Tienden a ser más adversos al riesgo porque creen que cuando uno no tiene conocimiento de lo que realiza pronto aflorarán dificultades perjudicando los resultados emanados del ejercicio. Si bien los negocios en Singapur buscan especialistas, difieren de la visión occidental donde el inversor es exclusivamente alguien que aporta capital. Es preciso saber hacia donde se dirige uno. Como reza el dicho popular entre los habitantes de Singapur: "un cuerpo sin una cabeza conocedora del camino difícilmente pueda transitarlo". La ética de los negocios aquí tiene gran arraigo cultural. Recordemos que Singapur ha sido durante las últimas décadas una nación donde los gobernantes se han mantenido en el poder de forma prolongada. Su respeto hacia la autoridad y los superiores tiende a ser elevada, por lo cual creen en la conducción y la necesidad de que quien tira de las riendas conozca el camino mejor que los demás. El disenso no es premiado en Singapur, a diferencia de como sucede en occidente. 









En la imagen se puede apreciar la Terminal Pasir Panjang del puerto de Singapur. Dicho puerto maneja el mayor tráfico regional y el segundo a nivel global tan solo por detrás del puerto de Shangai. En años recientes se han realizado fuertes inversiones a fin de duplicar su capacidad para el año 2020.





Si existe una palabra que ha tenido fuerte arraigo en la sociedad singapurense es "inversión".  La necesidad de invertir de forma dinámica en los negocios ha sido una de las claves de su progreso económico. En Singapur invertir es sembrar la semilla del éxito. Si se desea emprender un negocio se debe tener seguridad y convicción respecto a lo que uno realiza. No es común ver a los singapurenses invertir de forma desinteresada o poner su dinero en algo que no consideran que vaya a arrojar beneficios. La posibilidad de perder lo invertido siempre estará presente, sin embargo en dicha nación asiática la necesidad de invertir es prácticamente constante. Esto se encuentre fuertemente vinculado con otro precepto que es el de future growth. Dicha terminología, ampliamente utilizada, es lo que le ha permitido a Singapur anticiparse al crecimiento. Claro está que invertir implica poner la vista en el futuro y estar siempre atentos a cualquier tipo de negocios que pueda surgir. Parte de este pensamiento nacional ha sido influenciado por lo que los estadounidenses promovieron en la nación durante las décadas del 60 y 70 con el concepto de forward-thinking. Generalmente los grandes negocios provienen de grandes proyecciones y las grandes naciones surgen de grandes proyectos. Singapur planeó un proyecto de nación a largo plazo donde la atracción de inversiones internacionales ocupó un papel fundamental que repercutió enormemente en la economía local. La mirada no suele ser puesta en el corto plazo a la hora de emprender un negocio y las ganancias inmediatas no desesperan a quienes deciden invertir. Lo interesante de dicho concepto es que la mirada siempre está puesta a futuro, eso le da dinamismo a la vida económica de Singapur. Son una nación que vive del futuro, trabajando en el presente para alcanzar beneficios que posiblemente una generación no alcance a ver. 









Los singapurenses viven con la mirada puesta en el futuro. La forma de hacer negocios se encuentra fuertemente relacionada con el modelo estatal emprendido desde fines de los años 50s en adelante. Conceptos tales como forward-thinking, future growth y future value han sido pilares fundamentales para transformar a un enclave colonial sumido en la pobreza a una de las naciones más avanzadas del mundo.





El modelo de nación adoptado por Singapur buscó posicionarse internacionalmente con un grado de participación elevado. Para ello se promocionó a nivel internacional como una nación próspera en la cual invertir. En pocas palabras, Singapur salió a buscar al mundo en lugar que fuera a la inversa. Durante los años que se suscitaron entre los 80s y 90s fue preciso generar una atmósfera proclive a la inversión y el desarrollo. Para esto fue necesario que quienes desearan invertir en la nación se vieran rodeados por dicho clima de negocios y seguridad. Fue importante la seguridad jurídica y la estabilidad política, aspecto que siempre es el más criticado desde los espectros de centroizquierda ya que ponen en evidencia las violaciones a los derechos y las libertades democráticas. El capital va hacia donde hay estabilidad y proyección largoplacista de tranquilidad sociopolítica. El comercio global del siglo XXI se vuelve sumamente dinámico para lo cual las naciones deben adaptarse a las reglas generales. Quienes son menos rápidos se quedan en el camino. Por lo cual otra de las características fundamentales de la ética de negocios singapurense es la importancia de los tiempos. En Singapur no se puede malgastar el tiempo y los recursos, ello genera enormes perdidas tanto materiales como de oportunidades. Algunos aspectos pueden verse, por ejemplo, en materia regulatoria donde Singapur tiene uno de los marcos más atractivos para comenzar negocios. La creación de empresas puede llevar menos de dos días. Al mismo tiempo, la simplicidad impositiva busca no desviar al empresario e inversor de sus principales preocupaciones haciéndole gastar su tiempo en trabas burocráticas e impositivas. Si se es una nación eficiente, creen los singapurenses, aumentarán las ganancias. En materia de comercio exterior los tiempos vuelven a ser fundamentales. Para ello los aeropuertos y puertos nacionales buscan reducir el tiempo que los transportes de bienes malgastan en otros puertos debido a trámites. En años recientes los clusters (de lo cuales hablaremos luego) singapurenses han sido sumamente efectivos, permitiéndole a Singapur convertirse en una de las naciones más activas a la hora de recibir y alojar embarques de mercancías. 









En Singapur el tiempo es oro. Se aprovecha al máximo la capacidad de hacer negocios en cualquier momento del día. Durante las últimas décadas la nación se ha embarcado en la búsqueda de socios comerciales e inversores, algo que generalmente la ha catalogado como una nación que salió a buscar al mundo. 





Para comprender en mayor medida parte de la visión que posee Singapur respecto al comercio, pondremos un caso que remite a su poderío regional en dicha cuestión. La nación se encuentra en un punto estratégico del mundo, en una de las rutas marítimas más relevantes para el comercio intraasiático y entre Asia-Pacífico y el resto del mundo. El negocio marítimo para el comercio ha sido uno de los puntos fuertes de Singapur durante décadas. Tomando en cuenta que gran parte del comercio mundial se maneja a través de los océanos es indispensable contar con servicios portuarios de alcance global para tornarse una nación relevante en la economía global. Desde los 80s en adelante Singapur creó un modelo de atracción de grandes corporaciones y firmas de comercio marítimo (principalmente de los Estados Unidos, Japón y Europa). Mediante el mencionado proceso y debido a los atractivos arancelarios y servicios que ofrecía la nación asiática, pronto se transformó en un enclave fundamental a nivel comercial. Durante dichos años Hong Kong, que se mantenía bajo arrendamiento británico, era el principal punto de comercio en la región, de todas formas con la apertura de relaciones entre Estados Unidos y China, el comercio extrabloque y el auge de los grandes contratos comercial, Singapur logró desplazar a Hong Kong (que pronto comenzaba un proceso de cambio) y otras plazas regionales. La ventaja sobre HK se dio cuando en 1984 se firmó la Declaración Conjunta Sino-Británica, algo que le permitió a Singapur absorber inversiones de naciones que precisaban mantener rutas marítimas efectivas para su comercio con Asia. Una de las claves de dicho proceso fue que Singapur salió a buscar inversores y socios comerciales. A diferencia de otras naciones de la región, Singapur atrajo socios deseosos de contar con plazas en los puertos regionales durante décadas de profunda inestabilidad sociopolítica desde Laos hasta Indonesia. Esto también debe ser mencionado, la región se encontró sumida en serios problemas estructurales de índole política y militar durante varias décadas, mientras que algunas de las naciones más estables tales como Tailandia continuaron manteniendo una política más restrictiva en los mencionados términos. Para algunos analistas internacionales Singapur fue un adelantado a los tiempos que pronto estaría por atraer la mirada internacional hacia la región. 
Retrotrayéndonos a tiempos más cercanos observamos que la política de lago plazo trajo beneficios para consolidarse como el "puerto de la región" y uno de los principales puertos del mundo. Actualmente gran parte de las inversiones y los beneficios derivados de dicha variable son reinvertidos para crear los famosos clusters marítimos. Recordemos que Singapur posee limitaciones debido a su espacio territorial. Desde hace varios años ha optado por construir islas artificiales específicamente destinadas al comercio marítimo. Dicho enfoque ha llevado a problemas diplomáticos con otros actores regionales de relevancia tales como Malasia. Básicamente los clusters tienen como objetivo crear puertos de fácil alcance y salida para evitar que tengan que ingresar hasta territorio peninsular. Las medidas allí son menos restrictivas que en los puertos en tierra firme, generalmente conocidos en la jerga comercial como "zonas liberadas" debido a la mayor facilidad de amarre y descarga. Singapur ha obtenido ventajas comparativas en dichos términos respecto de otras naciones. Continuando con la comparación respecto de Hong Kong, dicho zona especial tiene limitaciones e impedimentos para expandirse dada su política territorial. Son varias las voces que critican el alcance adoptado por la República de Singapur, es decir ha obtenido cuantiosas ganancias pero la pregunta es a qué costo. 
Otros datos relevantes son la importancia que ha adquirido el Aeropuerto Changi en términos de comercio aéreo, catalogado por varios como el mejor aeropuerto de Asia. Ello demuestra la visión diversificadora de Singapur, que no solo se centra en el comercio marítimo. De todas formas cabe mencionar que de acuerdo al Ministerio de Finanzas de Singapur, la nación cuenta con el segundo puerto en términos de tráfico de containers mundial, tan solo por detrás de Shangai (República Popular China). La visión a futuro ha llevado a que recientemente se diera a conocer la inversión de US$ 2,5 billones para expandir al doble la capacidad de la Terminal Pasir Panjang para el año 2020. Recordemos que el puerto de Singapur es el que maneja el mayor flujo comercial del Sudeste Asiático. 









El Aeropuerto de Changi es considerado uno de los más modernos y efectivos del mundo. De acuerdo a las estadísticas oficiales de la entidad que lo administra, en años recientes el aeropuerto ha tenido un tráfico anual de pasajeros cercano a los 55 millones de personas, algo que representa diez veces la población de la nación. Durante el año 2014 pasaron por el principal aeropuerto de Singapur cerca de 350.000 naves comerciales, convirtiéndolo en el principal aeropuerto de la región.





Finalmente se considera relevante hacer mención a determinados aspectos que han influenciado la visión comercial de Singapur. Los singapurenses han hecho de la solución de problemas un baluarte. No solo es relevante atraer inversiones, también se debe estar a disposición de quienes invierten para mejorar sus negocios. De acuerdo a los datos del Banco Mundial, Singapur se posiciona segunda en el ranking mundial de solución de problemas para los negocios. La nación busca no perjudicar ni obstruir la labor de los inversores, después de todo ellos contribuyen a su economía. La solución de problemas también se relaciona con la protección de quien decide hacer negocios en la nación. Por esto último, la protección de las mercaderías, los intereses y las proyecciones económicas de los socios es fundamental. En términos de protección a la propiedad intelectual Singapur es una de las naciones líderes de Asia, manteniéndose tan solo por detrás de Japón, uno de los abanderados históricos de la protección en materia de derechos intelectuales. El sistema legal singapurense cuenta con regulaciones estrictas respecto a las patentes y los derechos intelectuales. Esto genera un marco de seguridad que suele atraer a mayores inversores; hablando de atracción es relevante tener en cuenta que Singapur se destaca a nivel regional por la atracción de cerebros y talentos que puedan potenciar la capacidad de la nación. Las inversiones en dicho sentido han despertado el interés de profesionales de todo el mundo, no solo de Asia (como se suele creer). Es por ello que Singapur mantiene una política migratoria sumamente liberal, la cual busca fomentar la inmigración de jóvenes deseosos por iniciar negocios de forma fácil y eficaz en Asia. Por supuesto dichas cuestiones tienen relevancia a la hora de analizar la forma de hacer negocios en Singapur. Posee cierta relación con el modelo hongkonés. Recordemos que en nuestros tiempos el comercio y las relaciones humanas se manejan a una velocidad diferente a la de otros momentos históricos, por ello la radicación de empresas, la inmigración calificada y las visas laborales fomentan la facilidad para instalarse en Singapur, algo que no sucede en otras naciones de la región. Podría mencionarse, por otro lado, el valor extra que le agregaría el manejo del idioma inglés (nuevamente similar a Hong Kong). Dicho idioma es fundamental en el comercio mundial y en otras naciones de la región el tailandés, viet o khmer no facilitan la presencia de firmas extranjeras y trabajadores dispuestos a radicarse de forma temporal o permanente.









Singapur posee un sistema legal fuertemente orientado hacia la protección de los derechos de propiedad intelectual. Dentro del ranking regional se posiciona tan solo por detrás de Japón en materia de protección de derechos intelectuales, lo cual la convierte en una nación pionera dentro del Sudeste Asiático. 





Los negocios representan un aspecto fundamental de la vida en Singapur. Dicha nación creció y se forjó bajo preceptos fuertemente arraigados a la ética empresarial. Algunas variables poseen influencia milenaria, provenientes de pueblos como el chino que han tenido injerencia directa, mientras que otras son más cercanas a nuestros tiempos y fueron adoptadas del capitalismo estadounidense de posguerra. También coexisten elementos propios de la cultura singapurense, una nación que cambió estrepitosamente desde la era poscolonial hasta las primeras décadas del corriente siglo. Nosotros hemos expuesto tan solo algunos de dichos aspectos, dejando en claro la cultura que predomina en Singapur respecto de los negocios. El modelo de nación no es mejor ni peor que otros, es tan solo el adoptado por un pueblo que ha cambiado radicalmente a lo largo del último siglo. Actualmente Singapur es una nación altamente desarrollada, sumida profundamente en el mundo globalizado y dispuesta a competir en diversas áreas contra otros estados que históricamente han controlado variables fundamentales como el comercio, las finanzas y la banca. Para ello deberá continuar desarrollando el modelo que viene llevando a cabo desde hace años, a la par de ir introduciendo ciertos cambios para adaptarse progresivamente a la fluctuante realidad global. De todas formas queda claro que a lo largo de dicho proceso será preciso conservar aquello que les ha otorgado tantos beneficios, lo cual no es otra cosa que la ética que posee Singapur a la hora de hacer negocios.





                                                                             Tomás Vera Ziccardi





* El presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del autor

El asesinato de Robert Francis Kennedy y los Estados Unidos de América que no fueron



El asesinato de Robert Francis Kennedy
y los Estados Unidos de América que no fueron









Autor: Tomás Vera Ziccardi






Tomando en cuenta la convulsión política y social experimentada durante la década del 60 en los Estados Unidos observamos una vasta multiplicidad de actores que fueron sumamente relevantes para dicho momento histórico. Dentro de éstos encontramos líderes políticos y sociales que viraron tanto el enfoque como el rumbo de los aspectos más intrínsecos de la potencia hegemónica. La familia Kennedy fue en ascenso desde la década del 30 cuando Joe Kennedy, prominente empresario allegado al poder durante los años de la administración Roosevelt, adquirió relevancia política a través de su rol diplomático hasta fines de los 60s cuando Bobby Kennedy estuvo cerca de alcanzar el lugar que su hermano Jack Kennedy ocupó 8 años antes. Los Kennedy introdujeron profundos cambios a nivel nacional, algunos de los cuales mejoraron la vida de ciertos sectores sociales y perjudicaron los intereses de otros. En otros trabajos tales como John Fitzgerald Kennedy y JFK: los inicios de un gobierno llamado a cambiar el destino de la nación hemos hablado del enfoque liberal en clave social adoptado por los Kennedy y los cambios que "Leadership for the '60s" proponía introducir durante toda la década de los 60s. Parte del proyecto de nación encabezado por JFK pareció desvanecerse con el asesinato del trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos el 22 de noviembre de 1963. Los drásticos cambios a nivel estratégico impulsados por los intereses del establishment estadounidense demandaron un giro tanto en la conducción como en el sentido geopolítico. Previamente se ha hablado de los cambios impulsados con el inicio de la administración Johnson así como también de la profundización de temáticas sociales vinculadas a la protesta civil, el rol ciudadano y los derechos sociales. La segunda mitad de los 60s explayaría la coexistencia no pacífica de ambos polos, es decir de ambos enfoques. Dentro del mencionado clima nacional, Robert Francis Kennedy, hermano menor del expresidente, ex Procurador General de la Nación (1960-1964) y Senador Nacional por el Estado de Nueva York (a partir de 1965) comenzó a adquirir mayor presencia nacional en temas sociales (principalmente vinculados a derechos civiles y derechos de las minorías). Los años de confrontación y carácter rígido habían quedado atrás, el nuevo Bobby, ya no más Ruthless, brindaba un discurso pacifista y conciliador que llamaba a poner fin a la confrontación nacional e internacional para trabajar en conjunto por una mejor nación y un mejor mundo. Robert Kennedy sería una figura clave durante la segunda mitad de la década, acaparando el apoyo de las masas pero al mismo tiempo el rechazo de la élite. Sus convicciones, su llegada a la gente, su imagen, su oratoria y sus ideales lo convirtieron en el abanderado de quienes creían y luchaban por un legítimo cambio. Pronto, desde Arlington la llama de la esperanza volvió a hacerse presente en los corazones de todos los estadounidenses. El legado se abría paso en medio de una violencia social y política no vista previamente, por lo menos desde la posguerra. Dentro del mencionado contexto Bobby sería una figura central, algo que también delimitó los alcances de su propuesta y que terminó decantando en su asesinato el 6 de junio de 1968. De los acontecimientos que tomaron lugar en el Hotel Embajador a la era pos-1968 hubo un abismo ideológico y moral de proporciones estructurales. La historia cambiaría para siempre, signando un rumbo diferente para los Estados Unidos de América.









Robert Francis Kennedy es recordado como uno de los más prestigiosos cuadros políticos que tuvo Estados Unidos durante el siglo XX. Su desempeño en política y servicio al estado incluyeron funciones tales como asesor del Congreso, jefe de campaña presidencial, Procurador General de la Nación, Senador y precandidato presidencial. 



"Of course to adhere to standards, to idealism, to vision in the face of immediate dangers takes great courage and takes self-confidence. But we also know that only those who dare to fail greatly, can ever achieve greatly". 





 Luego del Incidente del Golfo de Tonkin (1964) Estados Unidos realiza su entrada formal en el conflicto bélico suscitado en Vietnam. Su involucramiento data de la década del 40 y progresivamente a lo largo de los años la nación americana amplió su compromiso en Indochina. La administración Kennedy tuvo una cuota de participación importante, sin embargo será bajo el gobierno de Johnson que los Estados Unidos desplegará en la región grandes contingentes de soldados. Con el paso de los años el conflicto escaló, conllevando a una agudización del mismo donde Estados Unidos se tornó parte integra e indispensable. Vietnam pasó a ser un tema de primera categoría para el pueblo estadounidense. Al mismo tiempo, los reclamos por derechos civiles se incrementaron llevando a que la delgada barrera que contenía el conflicto social y racial se tornara permeable. Recordemos que el rol del sindicalismo estadounidense durante dicha década también fue relevante, de igual forma que los movimientos estudiantiles se nutrieron de peso propio. Los enormes gastos del estado para sustentar la guerra en el Sudeste Asiático eran rechazados por sectores de la sociedad civil que abogaban por igualdad social y un mayor grado de compromiso con los problemas internos. La segunda mitad de la década evidenció un grado significativo de crisis social, con constantes protestas contra el poder consolidado, críticas al establishment y reclamos por reducir los notorios grados de desigualdad social. La adminstración Johnson buscó mantener un equilibrio que con el tiempo se tornaría insostenible, así fue como promovió legislación en materia social pero también incrementó el presupuesto destinado a Vietnam. Si bien es cierto que Estados Unidos contaba con serios temas a resolver en el orden interno, su rol como potencia hegemónica en los albores de la bipolaridad llevaban a que no pudiera descuidar la lucha por el dominio global. Esto explica, en parte, lo previamente estipulado. En pocas palabras, durante los cuatro años de la administración Johnson la situación social en Estados Unidos fue delicada, no solo por la complejidad de fuerzas y variables que ejercían presión sino también por los actores sociales, políticos y económicos que entraban en juego. 

Robert Kennedy había respaldado el accionar de su hermano como presidente en Vietnam. Luego del asesinato de John Kennedy, Bobby incluso respaldó a Johnson en dicha cuestión. A pesar de esto, durante sus años como senador cambió el enfoque y ya a partir de 1967 comenzó a oponerse discursivamente a la guerra. Recordemos que evaluamos su posición oficial y no su pensamiento personal respecto a la guerra. Hacia fines del mencionado año y especialmente luego de la primera Ofensiva del Tet (comienzos de 1968) Robert adoptó una posición claramente opositora hacia la participación estadounidense en Vietnam. Otros líderes demócratas tales como McCarthy habían mantenido una línea durante el conflicto, oponiéndose al mismo desde un comienzo. Si bien hay quienes señalan que Bobby se opuso a la guerra a fin de realizar un acercamiento hacia los sectores más radicales, lo cierto es que su discurso distaba del de McCarthy en cuanto el senador por Nueva York creía que el objetivo de poner fin a la guerra en Vietnam era centrar los esfuerzos nacionales en cuestiones internas de necesidad inmediata. Respecto a la cuestión social, RFK fue quien mantuvo una línea desde sus años como asesor de JFK hasta 1968. Bobby consideraba necesario realizar cambios profundos para acabar con los problemas derivados del clivaje racial. Era respetado dentro de los grupos que fomentaban la igualdad racial, las uniones de trabajadores y los movimientos estudiantiles. Dicho apoyo social recibido por el candidato demócrata contrastaba con el rechazo por parte del poder político, menos proclive a expresarse de forma tan radical en cuanto a la variable racial. Posiblemente ello también repercutió en el distanciamiento de RFK una vez dado inicio el mandato de LBJ. Recordemos que Bobby no fue funcionario de la mencionada administración. Por otro lado, la postura de Robert en dicha cuestión lo distanciaba de los demás referentes de su partido, quienes veían en Bobby y los grupos que lo apoyaban una seria amenaza política. Por parte de los republicanos no había demasiado temor, principalmente porque Kennedy aún no era visto como un serio candidato para la interna demócrata y el partido del elefante estaba terminando de ajustar su política partidaria con vistas a ocupar la presidencia luego del 68. Donde RFK si despertaba temor era en los sectores vinculados a inteligencia y las grandes corporaciones. Sin lugar a dudas él era más radical que su hermano mayor y estaba no solo llamando a un fin en la participación nacional en Vietnam sino que además reavivaba el reclamo social en áreas donde ciertos grupos de poder aún no querían introducir modificaciones. Si bien el apoyo social es clave para ganar una elección, el respaldo de los grupos de poder concentrado es vital para convertirse en presidente. Sí, ganar la elección no es lo mismo que convertirse en presidente. Como se puede apreciar, Robert Kennedy mantuvo determinadas posiciones políticas respecto a los principales acontecimientos que remitían a la agenda nacional del momento. En determinados casos obtuvo el respaldo social y en otros el rechazo de la élite. Bobby se había hecho de poderosos enemigos ya desde sus años como asesor en el Despacho Oval. Sus modos molestaban a burócratas y empresarios. Desde la CIA y el Pentágono hasta los gobiernos locales, eran varios quienes creían que Bobby era una amenaza a su condición y posición. Los años de respaldo a los Freedom Riders y Martin Luther King Jr. todavía permanecían frescos en la memoria de varios. A pesar del cambio que el senador había adoptado recientemente, su apellido y herencia directa eran vistos con recelo en Washington D.C, después de todo Robert era un Kennedy lo cual no lo convertía en "uno más" ni mucho menos en "uno de". Finalmente, su rol como senador le permitió acaparar una mejor posición en el plano nacional, algo que en consonancia con su estilo político le arrojaron como saldo un notorio crecimiento desde fines de 1967 hasta el primer cuarto de 1968. 









Durante un momento histórico de demandas sociales y mayor participación ciudadana Kennedy fue una figura que logró reunir a jóvenes, estudiantes universitarios, trabajadores, miembros de movimientos sociales y gremios. Su visión acaparó la atención de toda una generación que abogaba por un cambio de rumbo a nivel nacional.







A comienzos a 1968 y con vistas a las elecciones presidenciales del mismo año, comenzaron a delimitarse las candidaturas presidenciales de ambos partidos políticos. Por parte de los demócratas existió un inicial pronunciamiento respecto del presidente en ejercicio Lyndon Johnson, candidatura que luego sería retirada. Por parte de Kennedy los medios de comunicación introdujeron la duda respecto a su lanzamiento, algo que finalmente quedaría disipado al pronunciarse el senador respecto a sus intereses por competir para la nominación partidaria. Los dos otros candidatos de peso dentro del partido eran Humphrey y el previamente mencionado McCarthy. Respecto del primero, vicepresidente en ejercicio y fuertemente respaldado por los congresistas demócratas en Washington, debemos mencionar que era el candidato por naturaleza a ser nominado por la convención, por lo cual la candidatura de Bobby le generaba relevantes problemas. El caso de McCarthy, senador en ejercicio, era diferente, si bien contaba con apoyo popular fruto de su oposición a la guerra de Vietnam, tenía menor apoyo partidario y Bobby amenazaba con quedarse con parte del electorado que lo respaldaba. De todas formas queda claro que la carrera recién comenzaba  y el panorama era alentador para cualquier candidato si tomamos en cuenta la negativa a presentarse por parte del presidente Johnson. 

La campaña de Kennedy acaparó la atención de los principales medios del país así como también de los sectores vinculados a los movimientos sociales, sindicales y estudiantiles. La propuesta del senador giró en torno a poner fin a la guerra, centrar el rumbo de la economía, mayores derechos sociales para las minorías, reforma íntegra de la administración pública y lucha contra la corrupción. El clamor social tuvo un notorio crecimiento en las primeras contiendas electorales, donde Kennedy se impuso en Indiana y Nebraska a pesar de salir derrotado en Oregon. Todos los caminos se dirigían a una confrontación directa con McCarthy que daría lugar al candidato natural que le disputaría la verdadera interna a Humphrey. Tomando en cuenta el calendario electoral, la próxima prueba sería el complejo Estado de California donde ambos candidatos eran fuertes. Armas políticas tales como la popularidad de Kennedy entre los jóvenes, el respaldo de los sindicatos, el apoyo en los barrios pobres y su carisma serían fundamentales para dar el gran paso que sepultaría a McCarthy y pondría en serios aprietos al propio Humphrey. La victoria fue ajustada pero a fin de cuentas Robert Kennedy ganó la interna de California, algo que fue un duro golpe para los sectores opositores en Washington D.C y para la línea mayoritaria del partido que añoraba a Humphrey como candidato partidario para enfrentar a quien sería el candidato republicano, Richard Milhous Nixon (¡algo que terminaría sucediendo!). En pocas palabras: Bobby pasó de ser una simple amenaza a la más clara y realista posibilidad de cambio, no solo nacional sino también en clave partidaria. Pocos creían que pudiese llegar demasiado lejos, sin embargo el triunfo en un estado clave disipó las dudas y lo colocaron entre los principales candidatos en la carrera hacia la Casa Blanca. Queda más que claro lo que representaban la llegada de los ideales de RFK a tan alto nivel en la escala de toma de decisiones. Parecía una pesadilla para quienes habían dejado pasar a JFK (también para los que habían perdido frente a él). Para ciertos sectores no era factible ver a otro Kennedy en el Despacho Oval, mucho menos a Bobby. La guerra en Vietnam debía seguir, así como también debían continuar creciendo las grandes corporaciones que se nutrían de los contratos armamentistas con el estado. La cuestión de los derechos civiles, para varios sectores, debía ser acallada, algo que quedó en evidencia cuando en abril del mismo año asesinaron a Martin Luther King Jr. De todas las pesadillas Bobby era la peor para varios sectores del poder hegemónico, por lo cual si lo dejaban pasar más allá de California llegaría un punto de no retorno. Luego de proclamar la victoria en la elección desde su bunker en el Hotel Embajador de Los Ángeles, Robert Francis Kennedy fue asesinado en condiciones que no han quedado del todo esclarecidas hasta la actualidad. 










"It is from numberless diverse acts of courage and belief that human history is shaped. Each time a man stands up for an ideal, or acts to improve the lot of others, or strikes out against injustice, he sends forth a ripple of hope".



Bobby Kennedy anuncia en el Hotel Embajador la victoria en las primarias del Estado de California momentos previos a recibir los disparos que acabarían con su vida al día siguiente. En la imagen se puede apreciar la felicidad, esperanza y alegría en los rostros de quienes acompañaron al senador hasta Los Ángeles.






Robert Kennedy representó el pensamiento y los sueños de toda una generación que creía en el cambio. Un pueblo que deseaba llevar a lo más alto el debate respecto a las prioridades que debía tener Estados Unidos como nación. En un escenario global sumamente complejo como lo fue la Guerra Fría pocos comprendieron que Vietnam era primordial para los intereses de los Estados Unidos, al mismo tiempo que la planteada propuesta del retiro progresivo no era tan fácil de ejecutar como se proponía discursivamente. En cuanto a la variable social si bien desde JFK hasta el fin de la administración Johnson se realizaron enormes esfuerzos para otorgarles mayores derechos a las minorías, varios cambios de índole estructural no lograron ser introducidos. Para ciertos procesos sociales esto llevaría décadas y los resultados comenzarían a verse recién terminada la bipolaridad. Si bien Kennedy esperanzó a toda una generación de jóvenes estadounidenses, también molestó a las generaciones previas que con mayor madurez política y comprensión de los temas internacionales advertían que los cambios radicales que Bobby buscaba introducir no podían tomar lugar de forma ligera. Respecto de su asesinato podrían exponerse una infinidad de cuestiones, lo cierto es que dicho acontecimiento significó un cambio rotundo de orden multidimensional. A nivel micro la interna del Partido Demócrata se modificaría drásticamente, conllevando a la derrota en las elecciones presidenciales que terminarían consagrando a Nixon. La administración Johnson no logró salir del pantano y la situación en Vietnam se agravó, dilatando aún más la agonía norteamericana en Asia. En cuanto al nivel macro se evidencia el fin de la esperanza y los sueños de una generación de estadounidense que creyeron poder tomar las riendas de su nación frente a los poderes históricos que han tenido injerencia en la vida nacional. Lo que los historiadores han señalado como la saga de asesinatos, JFK, MLK y finalmente RFK, repercutió en la moral de quienes creían poder cambiar las cosas trabajando por un futuro más próspero. Ello incluía a los movimientos pacifistas contra la guerra, las organizaciones de trabajadores, los jóvenes universitarios liberales y los sectores que pregonaban la igualdad racial. Fue un duro golpe para todo ellos y durante los próximos veinte años no volvería a verse en los albores de la Guerra Fría la esperanza de un cambio real. Pronto sería turno de los triunfos de la administración Nixon que lo llevaron a su reelección, el posterior Escándalo de Watergate, la crisis de Irán, la Crisis del Petróleo, las crisis productivas e inflacionarias, el regreso al poder de los neocons de la mano de Reagan, la escalada del gasto para la Guerra Fría y los inicios de la administración Bush. Hay quienes sostienen que la euforia y esperanza de un cambio real no volvería a tomar lugar hasta cuarenta años más tarde con la candidatura presidencial de Barack Hussein Obama, otros simplemente creen que jamás volvió a experimentarse una sensación a escala nacional como la vivida en 1968. Todo puede ser posible, principalmente porque los cambios históricos también representaron cambio generacionales, donde quienes no tuvieron su lugar se amoldaron y quienes llegaron vivieron de la epopeya del relato kennedista de los 60s. Sea como fuese, el asesinato de Robert Francis Kennedy implicó la imposibilidad de concretar un proyecto de nación iniciado y revitalizado a lo largo de la década del 60. Un proyecto que planteaba otra nación, otros Estados Unidos de América, los Estados Unidos de América que no fueron. Siendo imposible volver atrás en el tiempo y modificar la historia, sí es válido centrarse en el legado que cada proceso y líder nos han dejado. A pesar de haberse ido en la cúspide de la carrera por la presidencia y en un momento único de la historia nacional, Bobby Kennedy dejó entreabierta la puerta de la lucha social y política por un cambio real. Kennedy representa los mismos ideales que defendió durante toda su vida, la convicción y creencia que se puede cambiar el destino de una nación, que los intereses del pueblo se encuentran por sobre todo y todos, que es posible luchar por lo que uno cree y que debemos preguntaron por qué no en lugar de por qué. El legado de Kennedy ha sido ese balance histórico entre las dos corrientes que han pujado por comandar los designios de los Estados Unidos. La viva esperanza de paz, libertad, justicia e igualdad. Luchar contra los poderosos y contra el poder en sí mismo, en fin luchar por lo que uno cree. Puede que aquella nación no haya podido materializarse pero el legado aún perdura, estando presente en todos aquellos que creen y trabajan por el verdadero cambio.






                                                                                 Tomás Vera Ziccardi





* La totalidad del presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del autor