sábado, 15 de noviembre de 2014

Je suis François



Je suis François







Autor: Tomás Vera Ziccardi





La República Francesa ha experimentado cambios profundos en décadas recientes. Dichos cambios son de diversa índole y su complejidad varía enormemente. Podrían citarse los cambios geopolíticos desde el involucramiento en Medio Oriente de la mano del ex presidente Chirac hasta la participación en los bombardeos recientes tomados lugar en Irak contra el Estado Islámico. También han tomado lugar cambios económicos, la situación macroeconómica de 2006 dista bastante de la actual en un escenario post crisis europea. Desde el espectro social y demográfico en los últimos 15 años Francia ha cambiado. La inmigración tanto intra como extraeuropea ha modificado la estructura social, derivando, entre otras cosas, en modificaciones del escenario político. Allí también nos encontramos frente a un nuevo panorama, partidos políticos como el Front National de los Le Pen han cobrado relevancia nacional en una arena política pos-Sarkozy donde luego de tantos años confinados en la oposición los socialistas lograron retornar al Elíseo de la mano del niño mimado de la Ecole Nationale d’administration, François Hollande. Todos estos cambios dan cuenta de la velocidad a la cual ha transitado Francia los inicios del siglo XXI. Fiel a su historia y estilo los franceses continúan esforzándose por ocupar uno de los lugares más prestigiosos en la cúspide mundial. A pesar de esto, los mencionados “profundos cambios” han traído aparejados nuevas problemáticas que ya no afectan a la nación gala en lo que supieron ser sus vastos dominios coloniales, ahora el problema está en casa, en la misma Place de la Concorde. Cuando el 7 de Enero último se produjo una masacre en el semanario satírico “Charlie Hebdo” a muchos se nos presentó la conjuración de todos estos cambios. Un problema geopolítico, cultural, económico e ideológico, pero a la vez que trascendía todas y cada una de esas barreras. Puede ser que dicho resultado difícil de comprender haya emanado de la bestialidad de los mismos ataques, pero incluso en el escenario posterior continúa quedando poco esclarecida la índole del problema. Posiblemente como dijimos porque es una cuestión que engloba demasiadas variables detrás de un solo hecho. Al verse atacada de forma desprevenida en uno de sus pilares por excelencia, la República reaccionó como era de esperarse. Tanto la sociedad como el ejecutivo de turno repudiaron los actos y buscaron dar una respuesta inmediata frente a un sistema internacional que continuaba mirando hacia Paris de forma perpleja. A pesar de los oportunismos políticos, la labor de la administración Hollande fue apropiada y sumamente profesional, demostrando su capacidad  para dar respuestas frente a crisis de semejante envergadura como también sabiendo obtener rédito político de ellas.

En un extenso trabajo presentado hace unos meses y titulado ¡Vive, vive, vive Hollande! hemos analizado la vida y carrera política del actual presidente de la Quinta República, François Hollande. Allí se trataron temáticas remitidas a geopolítica, política exterior francesa, participación económica nacional en Medio Oriente y África, intereses económicos extraregionales y participación militar gala por fuera de Europa. La administración Hollande, a su vez, tuvo relación con los ataques al Estado Islámico, suscitados en años recientes. Se involucró a nivel internacional con la coalición que ha impulsado la encrucijada frente al terrorismo islámico. Esto no quiere decir que los ataques de Charlie Hebdo guarden relación con el manejo de la política exterior llevado a cabo por los socialistas, como se ha mencionado previamente el atentado se explica por la conjuración de diversas cuestiones que anteceden en el tiempo al actual gobierno. De todas formas ha sido al ejecutivo encabezado por François Hollande al cual le ha tocado hacer frente a la crisis. Si rememoramos lo expuesto en ¡Vive, vive, vive Hollande! puede observarse que la popularidad del presidente no solo era baja sino que también venía en caída pronunciada desde hacía meses. El gobierno no había logrado revertir la situación económica (algo que lo excede) y en el plano político estaba flanqueado por  ciertos movimientos secesionistas internos y la expansión de la derecha moderada y la extrema derecha. Los medios de comunicación también contribuyeron a acelerar la decadente imagen del gobierno socialista que en 2012 había llevado un mensaje de esperanza a toda la sociedad. Hasta el momento todo era cuestión de las históricas y cotidianas problemáticas por las cuales atraviesa cualquier ejecutivo nacional. Empero, con el atentado a Charlie Hebdo, Francia en su totalidad quedó en jaque y atónita frente a uno de los atentados terroristas más sangrientos que la nación recuerde en décadas recientes. Alejándonos de los sectores que proclaman teorías que van desde el autoatentado hasta el rédito que le generaría al gobierno, cabe mencionar que la situación inicial era una de fifty-fifty, donde el gobierno podría salir perjudicado, destruyendo por completo su imagen decadente, o salir revitalizado, logrando de esta forma reconstruir una imagen social crítica. Es por esto que la actuación de Monsieur Hollande sería clave, tanto por exceso como inacción, todo lo que hiciera tendría consecuencias directas para su gobierno.







El presidente francés François Hollande (izquierda) y el Ministro del Interior Bernard Cazeneuve (derecha) envían un mensaje de tranquilidad frente a la sociedad luego de los atentados al semanario satírico "Charlie Hebdo". 





Acostumbrados a su elocuencia discursiva, Hollande no tardó en sostener  que el atentado fue “un acto de excepcional barbarie”. La crítica y el repudio, junto a su posición omnipresente desde el 7 de Enero hasta el 9, le valieron de la aprobación social, fruto del accionar que debe tener todo presidente. Su alocución continuó enviando un mensaje de tranquilidad que imploraba por la unidad, algo que se vio manifestado en “nada puede dividirnos, nada puede separarnos”. Frente al desentendimiento social el presidente expresó que como jefe de los franceses iba a seguir defendiendo la libertad como principio fundamental del estado y la sociedad a la cual representa. Como ya mencionamos, tanto su posición como las palabras de fondo que se pudieron recoger de sus centrados discursos brindaron seguridad ante la sociedad, el ejecutivo haría todo lo que tuviese a su alcance para esclarecer la situación. Justamente esto tomó lugar de forma inmediata con el rápido despliegue de los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad para dar con el paradero de los terroristas. Ante la inminente avanzada de los medios de comunicación con la información minuto a minuto, el gobierno debió responder constantemente a los cambios que se suscitaron a partir de la huida de los terroristas. No fue tarea fácil encontrar a los sospechosos del atentado, mantener la unidad social y preservar los pilares del estado y la sociedad francesa, pero podríamos decir que esas fueron las tres principales metas de Hollande para salir de la crisis. Respecto de la primera, dar con el paradero de los terroristas, el gobierno desplegó un extenso operativo de seguridad interna, con más de 10.000 miembros de las fuerzas armadas esparcidos por el territorio nacional, no solo en búsqueda de los sospechosos, también expectantes a disipar cualquier tipo de nuevo atentado, porque recordemos que una de las potenciales posibilidades que manejaban por aquel momento los servicios de inteligencia era la de futuros atentados simultáneos en diversos puntos del país. A su vez se debía vigilar los puntos sensibles donde pudiesen llegar a tomar lugar dichos ataques, principalmente establecimientos religiosos y estatales. Aquí se desprendieron tres nuevos objetivos secundarios: otorgar seguridad a la ciudadanía, prevenir nuevos ataques y cuidar el escenario postatentado. Para mantener la unidad social, principalmente una vez resuelta la primera meta general, Hollande apeló a hacer perdurar el “espíritu del 11 de enero”, que no se desvanezca el clamor social emanado de las manifestaciones. Esto fue importante no solo por la convulsión social interna, también por la imagen que enviaba Francia al mundo. Tomando en cuenta los serios problemas socioculturales, era preponderante mantener la unidad de la sociedad, en parte porque si analizamos en detalle las palabras del presidente respecto a la unidad, reconoce cierto grado de propensión a la división o mejor dicho la existencia de una grieta social. Finalmente, la tercera meta que buscó preservar los pilares de la sociedad francesa condujo a que el ejecutivo reforzara la idea de dilapidar cualquier acto unilateral contra la igualdad, la libertad (en todas sus formas) y la fraternidad. Si Hollande fallaba en esto, por más que el estado francés diera con los sospechosos, la sensación que quedaría sería la de nuestros valores y principios fundamentales como nación son permeables, y el presidente no podía pagar un precio tan elevado.







El rol desempeñado por el presidente Hollande fue trascendental tanto durante la crisis como en el escenario posterior. Su manejo de la misma le permitió mejorar su imagen en cuanto a niveles de aprobación social.





Inexorablemente en cuestión de días Hollande logró cumplir con las tres metas: cerró la cuestión de los responsables del atentado, mantuvo la unidad social y reforzó los valores que su nación promulgó durante los últimos siglos. El presidente logró superar la crisis, en parte porque dio la imagen correcta frente a su sociedad, los medios de comunicación y la comunidad internacional. Supo manejar el serio desenlace suscitado de la fusión de variables sociales, políticas, internacionales y culturales. Estuvo presente a todo momento, no se escondió a esperar que la crisis terminara, salió de su despacho y se mantuvo al lado de una sociedad que necesitaba más respuestas frente a tantas dudas. Su accionar incluso se extendió a los escenarios ulteriores, el presidente mantuvo reforzado el operativo de seguridad nacional al tiempo que a la semana amplió las operaciones militares en Irak frente al Estado Islámico. Para muchos el envío del portaaviones Charles de Gaulle implicó la posición del ejecutivo francés frente a los extremismos de toda índole. Hollande no vaciló, se mantuvo firme en su respuesta. Forzó al manto diplomático nacional a trabajar desde Naciones Unidas para que se pudiera continuar con los bombardeos frente a ISIS. El mensaje final tuvo diversos destinatarios pero mismo asunto: Francia no toleraría este tipo de violaciones a sus principios más intrínsecos. Los momentos posteriores al atentado dieron un alza en la imagen positiva del presidente fruto del manejo de la crisis. Respecto al acontecimiento puntual, cerca del 88% de los franceses aprobó su accionar durante la trágica semana que abatió a su nación. Los medios de comunicación destacaron la forma en la cual el presidente resolvió el conflicto, algo que le permitió subir algunos puntos en la escala de imagen positiva. Las consignas de las manifestaciones sociales que pulularon a lo largo de toda Francia hicieron de “Je suis Charlie” un nuevo símbolo de la defensa de principios sociales y culturales para el pueblo francés. Lo que sucedió fue que todos se sintieron Charlie Hebdo, el atentado afectó a la población en su totalidad, pero también a cada persona, cada individuo manifestó su pertenencia. En dicho sentido, también lo hizo el presidente de la república, François Hollande. Su manejo de la crisis, la presencia social de su gobierno y el reconocimiento por parte de la ciudadanía, los medios, los demás partidos políticos y la comunidad internacional le permitieron al presidente reclamar Je suis François, yo soy el abanderado en la lucha contra las diversas formas de terrorismo que aquejan a nuestra nación. La aprobación social y la remontada en la lucha por mantener una imagen positiva también contribuyeron a este lema de Je suis François, porque la propia sociedad reconoció la labor presidencial. Los atentados no tuvieron ganadores ni perdedores, no se trató de una contienda bélica, se trató de un acontecimiento que unió a los franceses y reforzó su sentimiento de pertenencia, incluso en un momento donde el gobierno no estaba bien posicionado y la economía no se encontraba en una situación favorable. Los alcances finales todavía no pueden ser medidos, porque nuevamente se debe mencionar que coexisten una infinidad de variables detrás del complejo entramado nacional. Aun quedará por ver si durante los años que le restan al actual gobierno en el Elíseo surgirán nuevos acontecimientos derivados de los atentados contra Charlie Hebdo o si el “trágico Enero” será un capítulo final en dicho sentido para la actual administración. Todo puede suceder, incluso en un escenario donde el presidente sea reelecto o donde se forme un nuevo ejecutivo, lo cierto es que los atentados marcaron un hito sumamente relevante que acompañará a la administración Hollande a perpetuidad.





                                                                                               Tomás Vera Ziccardi





* La totalidad del presente trabajo es obra material e intelectual del Señor Tomás Vera Ziccardi. Los derechos del mismo quedan estrictamente reservados a TVZC por expreso pedido del autor. 



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