martes, 28 de septiembre de 2010

Sudamérica: análisis de los trabajos elaborados por Holsti, Kacowicz, Paradiso y Luna Pont.








Holsti, Kacowicz, Paradiso y Luna Pont plantean un nuevo enfoque con respecto a Sudamérica que se contrapone con la visión generalizada que se posee a nivel internacional con respecto a las áreas constituidas por estados débiles. En esta visión se establece que las áreas conformadas por estados débiles o inestables son más proclives a desarrollar guerras, que a largo plazo se traducen como un fenómeno habitual. Este concepto que se cree aplicable a todas las regiones donde encontramos estados débiles, tales como determinados sectores de África, el Sudeste Asiático, los Balcanes, entre otros, se intenta aplicar también a Sudamérica. Generalmente estos estados, que se encuentran dentro de estas regiones mencionadas, poseen las siguientes características. La estructura estatal es escasa, las instituciones no logran llevar a cabo sus funciones de manera adecuada, hay polarización y crisis social, hay cuestiones étnicas, tribales y religiosas, hay varios sub grupos dentro de la sociedad que atentan contra el bienestar de la totalidad de la población y contra el Estado mismo, encontramos grupos armados que operan desde la clandestinidad y que se enfrentan a las fuerzas armas. Estas características, llevan a tensiones limítrofes, políticas y regionales entre los estados acaparados en un determinado sector. Los métodos coercitivos y el uso de la fuerza surgen como la primer y más eficaz vía para resolver estas disputas. Lo cual más allá de surgir victorioso uno u otro estado, a la larga se perjudican ambos debido a las consecuencias económicas y  las sanciones que le impone la comunidad internacional. Generalmente en estas áreas los conflictos son cíclicos, es decir la guerra entre dos o más estados puede terminar y dar como resultado un ganador, pro con el tiempo aquellos que se encuentran dentro del bando perdedor tienden a rearmar sus fuerzas para volver a atacar, por lo cual se ve alterada la situación de los individuos de cada Estado debido a que se invierte casi en su totalidad en armamento bélico en lugar de hacerlo en alimentación y desarrollo. Pero a su vez también afecta a toda la región, no solo porque la sumerge en una crisis regional, si no porque se produce un fenómeno muy común, principalmente en sectores de África, denominado la regionalización, es decir el conflicto ya no se localiza en un lugar determinado si no que se traslada al resto de los estados de la región, generando mayores perdidas aún para la totalidad de los actores a nivel regional. Ahora bien, lo que plantean Paradiso y Luna Pont, Kacowicz y Holsti es ¿cómo puede ser que Sudamérica o mejor dicho los estados de la región presenten ciertas características de los estados débiles y sin embargo no presente las crisis y conflictos regionales que se dan en otros sectores del mundo y que llevan a un estado de guerra generalizado? Para esto los autores se remontan a las características que surgen desde temprana edad, incluso algunas tradiciones provienen del legado colonial y fueron heredadas por las jóvenes naciones sudamericanas, y que permiten explicar porque a la inversa de lo ocurrido en varias regiones del mundo, Sudamérica se acerca cada vez más a una paz regional.
Por otro lado lo desarrollado por los autores intenta poner en contraposición la visión realista y su relación con el sistema regional sudamericano. Explicando conceptos como el balance de poder, el uso de la fuerza, los intereses definidos en términos de poder, el rol del hegemón regional y la situación de tensión entre las unidades, vamos a ver como en determinado momento de la historia sudamericana (ya que los autores van a dividir su análisis en dos etapas, una desde los momentos posteriores a la independencia y hasta fines del siglo XIX y la otra a partir de comienzos del siglo XX en adelante) estas características se dan, pero luego a partir de la segunda etapa, principalmente utilizamos las definidas por Holsti, Paradiso y Luna Pont, estas características que enuncia el realismo no tienen lugar. Por lo cual vamos a ver que el realismo no es del todo aplicable para poder caracterizar a la región.
Como mencioné al comienzo durante el siglo XIX encontramos un escenario en donde los supuestos del realismo son completamente aplicables. Un sistema en donde hay tensión entre las partes, en donde la cooperación no es vista como una solución directa de las controversias si no que el uso de la fuerza es la medida más efectiva. Hay varias tensiones territoriales y referidas a la delimitación de fronteras entre las nuevas naciones y Brasil se consolida como el hegemón de la región. Con guerras formalmente declaradas e intervenciones y alianzas de por medio para obtener beneficios de los estados más débiles, el sistema claramente demostraba que no estaba garantizada la seguridad para los estados sudamericanos. Mucho menos frente a la amenaza de una invasión dada por una potencia extra territorial. De todas formas, antes de comenzar a explicar los mecanismos que desde temprana edad se buscan e intentan alcanzar, voy a continuar con el cambio durante el siglo XX.
A diferencia del siglo XIX, en el XX los conflictos armados interestatales se habían reducido drásticamente. Por una parte desde la guerra de Malvinas, que supuso el enfrentamiento de una nación regional frente a una no regional, no se encontraban conflictos armados interestatales en Sudamérica desde 1941. Por lo cual el escenario era completamente diferente, algo había cambiado que les permitió a los Estados Sudamericanos dejar de lado el uso de la fuerza y comenzar a utilizar nuevos mecanismos de solución de controversias. Por otro lado, los acuerdos y pactos ya sean de carácter bilateral o multilateral aumentaron considerablemente, de esta forma la doctrina realista sufre un fuerte golpe ya que los estados no buscan como primera y única solución efectiva el uso de la fuerza, si no que comienzan a tener en cuenta, ya desde el siglo XIX y debido a la tradición mencionada anteriormente, una tendencia a utilizar mecanismos de carácter más liberales.  Por otro lado el rol del hegemón cambia sustancialmente. La política imperialista llevada a cabo por el Brasil durante gran parte del siglo XIX y una parte del XX, que generaba miedo e incertidumbre por parte del resto de los estados, se deja de lado, y comenzamos a ver mayor interacción con el resto de los actores regionales. En fin este gran cambio, tiene sus raíces en los ideales de unidad y de confederación que promulgaban los primeros libertadores del continente. Ideales heredados de una tradición cristiana occidental que presenta un origen relativamente similar, al ser España y Portugal los principales actores durante la época colonial en Sudamérica. Si bien y como explico más adelante, según Holsti hay otras características más referidas al Estado que explican el cambio entre el siglo XIX y el XX, sin dejar de lado los mecanismos de solución de controversias mediante medios pacíficos y legales.
Una tradición que comienza a proponer lo mecanismos de solución de conflictos mediante la mediación, el arbitraje, la diplomacia y haciendo referencia al respeto del derecho internacional. Lo que caracterizo puntualmente más adelante. De todas formas es evidente que comienza a haber una tendencia desde temprana edad a llevar a cabo una buena relación entre los estados y una cooperación fuerte a nivel regional. Si bien según Luna Pont y Paradiso posee un carácter utópico, debido a cuestiones que también aclaro y analizo a lo largo del trabajo.
Retomando los cambios que los autores introducen en el nuevo enfoque es claramente evidenciable que los países sudamericanos debido a su tradición, a su progresivo desarrollo y a su búsqueda de ejecución han intentado alcanzar la cooperación entre estados como un mecanismo de resolución pacifica de controversias. En donde la diplomacia y el derecho internacional juegan un rol fundamental, que necesita de mayor relevancia durante la década de los 90s y la actualidad, según Kacowicz, para alcanzar una comunidad pluralista de seguridad y poder establecer en la región la paz. La región ha ido evolucionando de una Paz Negativa o de una Zona de Guerra a una Paz Estable o Zona de Paz, pero claramente es evidenciable que los mecanismos que han intentado alcanzar y utilizado los estados mediante Congresos, Acuerdos, Pactos y conformación de Organismos Internacionales ha jugado un papel fundamental para alcanzar la Zona de Paz. Para los autores esta tradición y este gran número de pactos, acuerdos, cartas, tratados y acuerdos bilaterales y multilaterales ha fortalecido los lazos de la región y logró convertirla enana zona muy próxima a la paz absoluta. En donde no solo no se han evidenciado gran cantidad de conflictos armados en el último siglo, si no que los métodos utilizados para alcanzar esa paz han sido constituidos en un orden primordial para toda la región.
Los autores mencionan la tradición proveniente de Europa, la especialización de varios próceres en ramas como el derecho, lo cual promovió las relaciones enmarcadas en un contexto de legalidad y respeto al derecho internacional, el origen común de los estados sudamericanos y su relativa homogeneidad, el avance progresivo hacia mecanismos bilaterales y multilaterales para establecer acuerdos y buscar alcanzar intereses mutuos entre los estados de la región, la búsqueda de mayor interdependencia económica, volcar el mercado particular de cada estado hacia la región, para poder no solo mejorar las relaciones económicas de la región si no también obtener beneficios del comercio, consolidar organismos que permitan todas estas medidas y que a su vez pueda tener un carácter y un rol determinante dentro de la región. Todas estas características acercan a lo que la mayoría de los autores tienden a mirar como un futuro esperanzador para la región, es decir la posibilidad de continuar con todos estos mecanismos para mejorar cuestiones particulares pero principalmente para fundamentar el análisis comprendido por los autores, de intentar demostrar que no solo Sudamérica posee otra clasificación y otras características de las cuales se les tiende a atribuir si no que de poder alcanzar estos objetivos de la mano de una comunidad pluralista y de organismos regionales pueda convertir la región en una Zona de Paz absoluta, que es el rumbo hacia el cual se encamina.
Tanto Paradiso y Luna Pont, Holsti y Kacowicz coinciden que Sudamérica posee una característica que la hace una región completamente diferente a las demás. Principalmente a la hora de poner en debate las teorías que sugieren que en las áreas constituidas por estados débiles o inestables se da la guerra como un fenómeno habitual y recurrente. Esta mencionada característica por los autores es el bajo grado de conflictividad bélica entre los Estados de la región, lo cual nos habla de un alto grado de cooperación y resolución de conflictos mediante mecanismos tales como la diplomacia y el derecho internacional. Esta característica la diferencia del resto de las regiones, lo cual hablando en términos de un bajo nivel de conflictos bélicos a partir del siglo XX (más adelante vamos a ver que varios autores establecen una diferenciación entre el período que abarca desde las independencias hasta fines del siglo XIX y por otro lado el escenario en el cual se desenvuelven las naciones sudamericanas a partir del siglo XX y mediados de este mismo)  que para algunos autores tales como Kacowicz nos permite hablar de Sudamérica como una “Zona de Paz”, entendiendo la clasificación que el hace de una región geográfica cuyos estados han mantenido relaciones pacíficas entre ellos por un período no menor a treinta años, a pesar de conflictos entre ellos y momentos de crisis.
Hay una característica que la mencionan todos los autores, la cual nos habla que ninguna otra región del mundo posee tantos tratados, cartas, documentos, convenciones y resoluciones de carácter bilateral y multilateral que conllevan al arreglo pacífico de controversias en las disputas internacionales. Esto nos habla del desarrollo progresivo que han ido llevando a cabo las naciones latinas desde sus respectivas independencias hasta el día de hoy. A pesar de haber atravesado por conflictos regionales, las problemáticas la hora de insertarse en el mercado mundial (en lo cual respecta al orden económico) y regímenes autoritarios, los estados de Sudamérica  han continuado con este mencionado mecanismo de cooperación, resolución pacífica de controversias y de buscar la mediación y el arbitraje local a la hora de resolver disputas.
Los estados estuvieron siempre pendientes de buscar sus independencias y de garantizar o preservar a los estados independientes de la región. De esta forma para los autores hay un nexo con los ideales de nuestros padres fundadores y las políticas regionales que llevaron a cabo los estados de la región. Esta idea de establecer y garantizar un mecanismo de resolución pacífica de controversias y el Principio Interamericano de Defensa Mutua fueron ideales originalmente planteados por Bolívar, que a pesar de las diferencias y los diversos escenarios a lo cuales debieron enfrentarse los estados en sus primeros años de independencia de una u otra forma se intentaron de llevar a cabo. La paz regional y garantizar las independencias de todos los estados, ya sea frente a una amenaza externa o frente a la posibilidad de sabotaje a la independencia de un estado, siempre se buscó alcanzar mediante mecanismos de coordinación mutua.
Es importante mencionar lo que Holsti y Kacowicz denominan como la tradición derivada de los europeos, lo cual le permitió a la región alcanzar un alto grado de civilidad para poder llevar a cabo estos mecanismos mencionados. Parte de la cultura occidental, ya sea de acuerdo al desarrollo ideológico o a los sistemas políticos y diplomáticos, tuvo gran influencia en la herencia que obtuvo Sudamérica y que permitió alcanzar el estado pacífico frente al cual nos encontramos hoy en día. No solo en el marco de la legalidad, la democracia, y lo que Paradiso y Luna Pont mencionan como el ideal por parte del Viejo Continente de transferir a América una responsabilidad en donde los ideales creados por ellos pudieran ser puestos en práctica  y correctamente implementados, si no que también en lo que hace a la tradición y al legado común que comparten las naciones. Aquí Kacowicz señala un punto interesante. Es cierto que la América Española y la América Portuguesa no presentaban grandes diferencias y controversias referidas al ámbito social, religioso y político, lo cual nos permite hablar de determinadas similitudes entre ambos sectores. Una vez llegada las independencias, si bien Brasil optó por un rumbo diferente del que optaron la gran mayoría de estados pertenecientes a la antigua América Española, ambas conservaban una identidad común relacionada con la tradición cristiana europea y occidental. Lo cual permitió y favoreció al desarrollo de un ambiente aún más pacífico, debido a los conflictos étnicos, los tribalismos y los choques entre religiones y dogmas. Claramente lo podemos contraponer con otras regiones tales como África y el Sudeste Asiático. En donde los tribalismos, la influencia de diversas religiones y dogmas, sumado a la gran cantidad de étnias, perjudicó el desarrollo pacífico entre los estados y en cierta forma perjudicó al sentimiento de pertenencia regional que sí encontramos en Sudamérica. A lo mejor queda un poco confusa esta última caracterización que realizo, pero para aclarar, Latinoamérica posee un origen común y características derivadas de la tradición cristiana europea. Por consiguiente podemos hablar que a la hora de mencionar conflictos ideológicos, ya sea debido a varias religiones en la región o a la influencia de ordenes coloniales muy divergentes entre sí, esto no se da en América Latina, por lo cual la región no debió enfrentarse a esos conflictos, que sí otras regiones aún hoy en día disputan.
Por otra parte, y ahora haciendo más hincapié en el análisis que llevan a cabo Paradiso y Luna Pont, me interesa mencionar la temprana búsqueda de consagrar y llevar a cabo Congresos Regionales en donde los diferentes estados puedan ponerse de acuerdo para llevar a cabo las cuestiones más importantes de la agenda regional. Desde un principio como ya mencioné, los temas se abocaban más a la unidad y a la coordinación para impedir cualquier intento de nueva colonización por parte de una potencia extranjera que pudiera llegar a amenazar el equilibrio. Paradiso y Luna Pont van esquematizando como progresan estos Congresos y la periodicidad con la cual se van llevando a cabo. Además de por supuesto, hacer referencia a los nuevos temas que van surgiendo en la “Agenda Grande”. Mencionan los ideales de Monteagudo, la posibilidad de plasmar y llevar a cabo el proyecto de Bolívar, la conservación de la paz regional y el arreglo de controversias mediante vías pacíficas. A su vez como se mencionó anteriormente la agenda se amplia. Se comienza a hablar de normas aduaneras, de la trata de reos y acusados de crímenes políticos, la navegación y por supuesto un incremento de relaciones comerciales entre las naciones.
En el ámbito político, vemos como la democracia y la forma de gobierno republicana es la dirección hacia la cual tienden las naciones y de las cuales se hablan en los Congresos. Se busca mantener una unidad regional, acrecentar las relaciones bilaterales y multilaterales las cuales permiten reforzar los vínculos entre los estados. En fin vemos como las naciones buscan mediante los Congresos consagrar valores políticos y económicos que favorezcan a la región y que impidan las contiendas bélicas, las agresiones, las carreras armamentísticas y la guerra entre los estados.
Pero según Paradiso y Luna Pont esta perspectiva sería utópica. En primer lugar debido a la debilidad de las comunicaciones entre los estados, no solo la geografía de la región dificultaba las comunicaciones si no que también los medios de transporte que poseían no eran tan avanzados ni estaban expandidos como en Europa, luego los vínculos económicos entre los estados latinos no era tan grandes, principalmente debido a que individualmente cada uno comerciaba con potencias extra regionales, por otra parte aún encontramos disputas territoriales principalmente relacionadas con la delimitación de las fronteras entre los estados, y finalmente muchos de los estados se encontraban con disputas internas que los remitían a tener que volcar gran parte de su tiempo y atención a las cuestiones locales. A pesar de todo esto, queda bien claro en el texto “Paz y guerra en la trayectoria latinoamericana” que la formación de Congresos y Encuentros entre los estados no se interrumpiría ni tampoco fracasaría, si no que en mi opinión, se intenta mencionar que presentaban ciertos contratiempos debido principalmente a la temprana edad de los estados Latinoamericanos.
Retomando lo que mencioné muy brevemente al comienzo, los autores coinciden en señalar una partición en el transcurso en el cual se desarrollan estos mecanismos en la región. Aquí me parece importante destacar la apreciación que realiza Holsti. Teniendo en cuenta que en su análisis, él mismo divide en dos partes ambos desarrollos para poder caracterizarlos y a su vez diferenciarlos de si mismos. Holsti habla de un siglo XIX que se presenta como una zona clásica de guerra, en donde encontramos 6 guerras formalmente declaras y 5 invasiones o intervenciones. De esta forma es evidente el uso de la fuerza y la amenaza mediante el uso de la fuerza que se da desde 1816 hasta 1900. Tanto las alianzas, el balance de poder, el rol del hegemón  regional, Brasil, y el uso de las armas para resolver los conflictos, nos permite caracterizar a la región como una traducción del escenario europeo. Principalmente las cuestiones entre estados, más allá de los intereses de cada estado que podemos caracterizar con la visión realista que nos ayudaría a comprender este período según Holsti, hacían referencia a las problemáticas en cuanto a los límites territoriales. Las contiendas bélicas se desarrollaron a mediana y gran escala, principalmente en Sudamérica, y en cuanto a las relaciones bilaterales y al comercio, los estados latinos miraban más hacia Europa que hacía la propia región. También me gustaría mencionar que Holsti hace una caracterización que la podemos relacionar con los impedimentos geográficos y de vías de comunicación que hacían el afán de unidad regional y de confederación que Luna Pont y Paradiso señalan como utópico. Aquí es cuando Holsti menciona las grandes barreras geográficas y la problemática para demarcar los limites, que llevan a las contiendas bélicas entre los estados. Creo que esta característica de la región remitida al territorio geográfico y a localización de los estados dieron lugar a conflictos o a impedimentos a la hora de intentar alcanzar una fuerte unidad regional dada por vínculos entre los estados. A pesar que encontramos barreras geográficas y sacando el nivel de desarrollo logístico y las redes de conexiones, Europa resultó más privilegiada que América Latina. Una América Latina que desde la época de la colonización podemos hablar de las fallas de comunicación entre los antiguos virreinatos y los centros comerciales. Pero es una apreciación propia que a lo mejor no sea del todo correcta, aun así me parecía importante señalarla.
Por otro lado Holsti caracteriza al siglo XX en América del Sur como una “Zona de no guerra”. Esta era fue de relativa paz, llevando a la región junto con Norteamérica a ser una de las zonas mundiales con mayor grado de paz.
Muchas de las características que encasillamos dentro del realismo, tales como el balance de poder, la supremacía bélica y el uso de la fuerza o el rol del hegemón regional, no se vieron caracterizadas en este periodo, ya que el arbitraje y la resolución pacifica de controversias fueron de índole primaria en toda la región. Por su parte los acuerdos multilaterales, los vínculos diplomáticos, las relaciones comerciales y la apertura de mercados se intensificaron en esta época. Por último Holsti menciona dos características más de este periodo a tener en cuenta. Una es el escaso cambio de fronteras y los cambios en cuanto a los territorios de los estados. Hay que tener en cuenta que desde las independencias no desapareció ningún estado de los originarios ni tampoco surgió uno nuevo, lo cual nos demuestra el respeto y el compromiso que mantuvieron los estados entre si. La otra característica que menciona Holsti es el rol del hegemón. Brasil, no continuó llevando a cabo una política imperialista, que pudiera perjudicar a la región o que pusiera en riesgo la soberanía de los estados sudamericanos, si no que durante el siglo XX demostró estar “satisfecho”, como detalla Holsti, con sus posesiones territoriales. Luego de la década de los 70s y los 80s, Brasil comenzó a llevar a cabo fuertes relaciones bilaterales  con miembros de la región, principalmente con la Argentina, que es con quien había mantenido varias disputas y tensiones a lo largo de las décadas anteriores.
Conjuntamente con la división que realiza Holsti entre el Siglo XIX y el XX, él señala ciertas visiones para poder explicar el porque de estos cambios abruptos entre un momento y otro. Se encarga de buscar explicaciones en el realismo, en la tradición cultural, en la visión liberal, entre otras. Pero el menciona que la clave para comprender su caracterización es visualizar a los estados fuertes como una explicación. Aquí vemos que los estados fuertes generan un ambiente de paz en su región, por lo cual cuesta entender que Sudamérica esté en camino de una zona de paz completa, debido a que no se toman en cuenta a los estados de la región como estados fuertes. Las políticas locales son débiles, a lo largo de la historia han habido cambios de gobiernos constantes, en el primer período los problemas debido a la falta de delimitación territorial llevó a conflictos bélicos y a la estabilidad de aquel período, los estados carecían de sociedades civiles fuertemente conformadas y de políticas de integración. Pero en el plano internacional los estados han intentado respetar la identidad territorial, principalmente a partir del siglo XX, en parte debido a que las disputas territoriales no acaparaban la totalidad o un gran sector de  territorio, si no que eran espacios, o mejor dicho, territorios reducidos. Por otro lado las controversias se buscarían solucionar mediante la cooperación y el arbitraje, recurriendo al derecho internacional y no a contiendas bélicas que terminarían desgastando a los estados en cuestión. A su vez, las problemáticas internas generalmente han sido más de carácter ideológico que bélico, lo cual si bien encontramos cuestiones internas a tener en cuenta, estas no alcanzaban el grado tal como para impedir una buena relación y un orden pacifico en la región. Por último a diferencia de Centroamérica, no se ha intentado utilizar al Estado para debilitar a sectores sociales o a subgrupos de la sociedad.
Para finalizar me parece interesante señalar lo que Kacowicz denomina como Comunidad Pluralista de Seguridad en Sudamérica. A lo largo de su desarrollo de la “Larga Paz Sudamericana”  Kacowicz menciona el transcurso que va sufriendo la región desde 1883 con la Paz Negativa hasta la Paz Estable en 1995 y en adelante y como los estados van buscando alcanzar la resolución de las controversias mediante mecanismos avalados por el  derecho internacional que no inciten a las partes al uso de la fuerza, lo cual nos permite visualizar lo que el autor claramente evidencia como el aumento de interdependencia económica y de integración política, ya sea mediante los acuerdos bilaterales (menciona principalmente la relación post década de los 80s entre la Argentina y el Brasil) o mediante la conformación de instituciones y organismos internacionales tales como el MERCOSUR.
El plantea que al máximo nivel al cual puede aspirar los estados sudamericanos es a la conformación de una comunidad pluralista de seguridad. La cual va a estar avalada por un alto grado de institucionalización, donde el peso de las instituciones sea fuerte y ejerza control entre los estados, una fuerte identidad comunitaria principalmente fortalecida mediante un régimen político común y una mayor interdependencia económica. Aunque menciona que la presencia de regimenes democráticos no es una condición necesaria para la constitución de la comunidad pluralista. Él señala que los estados sudamericanos deben buscar alcanzar una alta identidad regional para articular políticas en común y llevar a cabo planes económicos con beneficios para todos.





                                                                         Tomás Vera Ziccardi.